Viernes, 05 Noviembre 2021 12:32

El incendio y las vísperas - Por Jorge Raventos

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A poco más de una semana de la elección de medio término, la mayoría de los encuestadores descuenta que las cifras de las primarias de septiembre serán básicamente ratificadas el 14 de este mes. Hay quien prevé que el oficialismo recuperará un poco de terreno en términos porcentuales, pero no lo suficiente como para primerear.

 

El incendio oficialista de septiembre está a punto de repetirse. 

Recordemos las PASO: en primer lugar, lo que más se destacó fue el ausentismo electoral. De casi 12 millones de empadronados, uno de cada tres se eximieron de la obligación, convirtiendo a los comicios del 12 de septiembre en los de menor participación desde 1983.

Esa toma de distancia golpeó principalmente al oficialismo, pero fue un gesto de protesta ante el conjunto de las fuerzas políticas. Y, como señalamos entonces, el desapego social se registró también en otros rubros: casi un millón y medio de votantes anularon su sufragio o votaron en blanco. Sumando esas tres categorías (ausentes, anuladores, votoblanquistas), casi 4 de 10 empadronados (13.224.340) tomaron distancia de todas las fuerzas y candidaturas que competían.

La fuerza que más sintió el golpe, como quedó dicho, fue el oficialismo. Se puede medir el impacto a través de la sangría de votos experimentada por el kirchnerismo en sus bastiones. Esa pérdida fue significativa. Derrota en la provincia de Buenos Aires, incluyendo distritos emblemáticos del conurbano como San Martín, Quilmes, Tigre o Ituzaingó. Considerado el Gran Buenos Aires en conjunto -teóricamente, la sede del voto K- la diferencia a favor del oficialismo no alcanzó los tres puntos.

En el mapa nacional, el Frente de Todos sólo triunfó en 6 provincias (13 menos que en 2019).

NO ALCANZA

El oficialismo se empeñará el 14 en activar a sus votantes más remisos para que no se repita el comportamiento ausentista de septiembre y se procurará (ese operativo ya está en marcha) que las fuerzas peronistas autónomas de algunas provincias retiren sus listas para que el voto de sus simpatizantes se congregue en las boletas oficialistas. Los encuestadores estiman que ese esfuerzo no alcanza para revertir el resultado.

Es probable que la señora de Kirchner sospeche lo mismo. La intervención quirúrgica a la que se sometió ayer no fue imprevista, pudo haberse programado para un tiempo antes o, inclusive, para un tiempo después del 14 de noviembre. Ahora su estado posoperatorio justificará ampliamente su ausencia la noche del comicio a la hora de informar los resultados. Se sabe bien que a ella no la hace feliz estar involucrada con las malas noticias. Se enojó mucho en septiembre, cuando, tras hacerla volar de Calafate a la sede electoral con la expectativa de una victoria, tuvo que ponerles el cuerpo y la cara a las cifras de la caída.

LA GOBERNABILIDAD

Lo cierto es que lo que las urnas decretarán el domingo 14 abre un escenario expectante. Aparentemente los equilibrios políticos apenas varían. Como señalamos en esta página inmediatamente después de las PASO, "si se confirman en noviembre las cifras de las primarias, el gobierno habrá perdido la mayoría que tiene en la Cámara de Diputados y la hegemonía que el quórum propio le otorga en el Senado, donde reina la señora de Kirchner. Con resultados análogos a los obtenidos, el oficialismo pasaría de un bloque de 41 senadores a otro de 35 (siendo 37 el número del quórum) pues se quedaría sin dos senadores de Chubut, uno de Corrientes, uno de Córdoba, uno de La Pampa y uno de Santa Fe''.

No parece mucho, pero lo es en un escenario en el que el oficialismo ha sufrido un golpe que afectó a los pilares del sistema de poder que funcionó hasta septiembre. En rigor, la autoridad de uno de esos pilares (el presidente Alberto Fernández) ya venía erosionada desde varios meses antes.

En esas condiciones, no solo el oficialismo, sino también la oposición tiene que asumir responsabilidades para transitar los dos años que restan del actual período constitucional sin que se resienta la gobernabilidad y sin que el país quede paralizado por incapacidad de hacer lo que hay que hacer.

Esto requiere no solo que las fuerzas del oficialismo ordenen sus divergencias y definan una conducción que les permita superar el marasmo que las primarias revelaron, sino también que en el conglomerado al que suele designarse taquigráficamente como la oposición prevalezcan los sectores más responsables.

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Es interesante comparar situaciones análogas. Un libro de aparición reciente (Diario de una temporada en el quinto piso) ofrece testimonios de primera mano sobre las vicisitudes del gobierno de Raúl Alfonsín y del equipo económico que conducía Juan Vital Sourrouille ante la necesidad -nada nuevo bajo el sol- de firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y llevar adelante un programa antiinflacionario resistido por la mayor parte del  oficialismo de entonces (la UCR que el propio Alfonsín inequívocamente conducía).

El autor del libro, el sociólogo progresista Juan Carlos Torre, formaba parte del núcleo central del equipo de Sourrouille y da cuenta de esa etapa, basándose en notas y registros grabados por él al calor de los acontecimientos. En un punto particularmente interesante, Torre menciona una reunión entre el ministro y uno de los líderes del peronismo parlamentario de entonces, Diego Guelar, quien le explicó a Sourrouille que su función en el Congreso, como vocero de la oposición, ``es dedicarme al ataque''.  Pero le pidió, simultáneamente, "que haya una línea de comunicación entre usted y yo con independencia del papel que debemos jugar para la vida pública".

Torre resume: "Nuestro interlocutor fue muy franco y dejó planteada una cuestión a mi juicio relevante: la necesidad de trabajar en común, aun en las sombras'', algo a lo que el mismo Torre adhiere y llama sotto governo, empleando un término italiano en el sentido de "pactar el disenso y hacerlo de manera informal'' (...) aunque "no nos quede otra que aceptar la regla de la mayoría y el espectáculo del oficialismo y la oposición enfrentados''.

LA RAZON O EL ESPANTO

En una Argentina de tonos frecuentemente alterados, donde la lógica de los medios y el arrebato virósico de las redes sociales parecen premiar las poses intolerantes e intransigentes o las declaraciones más inflamadas y mortificantes, donde la conversación y los acuerdos son reemplazados por la judicialización de las diferencias, el escenario que describe Torre parece exótico: lo que pinta es un aspecto central de la actividad política, la búsqueda de mutua comprensión y de soluciones prácticas, así esa convergencia contradiga en primera instancia los reflejos belicosos de algunos colectivos que determinan la opinión pública. Si bien se mira, esos compromisos requieren de la participación de fuerzas del trabajo y la producción, de la cultura y el espíritu, de los sistemas políticos subnacionales (provincias y municipios).

En muchas ocasiones esa búsqueda política sólo obtiene un premio tardío: es admitida después de que alguna gran crisis ya se ha desatado y cuando las medicinas que antes eran rechazadas a priori, pasan a considerarse ineludibles y, al fin de cuentas, menos agresivas que  las que la crisis proporciona sin receta alguna.

A partir del 15 de noviembre se verá si también esta vez hay que esperar la unión por el espanto.

Jorge Raventos

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