Martes, 07 Diciembre 2021 17:40

Atrapados por falsos discursos de “máxima verdad” - Por Carlos Berro Madero

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El proceso de formación y clasificación de imágenes en la mente de un individuo está ligado siempre a su educación, porque es ésta la que le permite revisar y/o afirmar sus conclusiones personales frente a la realidad, impidiéndole chocar contra los límites que ésta impone.

 

El aumento veloz e incesante de estas imágenes, que se superponen unas a otras a veces en un mismo día, afecta siempre el nivel selectivo de prioridades y jerarquías en materia de juicios de valor entre la gente de menor cultura. 

Muchos políticos dotados de gran astucia arman poderosas máquinas informativas de distorsión de dicha realidad, describiendo sus propuestas en una suerte de “clave cifrada”, impidiendo que quienes adolecen de refinamiento cultural comprendan el tenor de sus trampas y atajos discursivos.

Como resultado de este estado de cosas, mantienen a la masa más desprotegida totalmente presa de falsedades servidas en una bandeja muy atractiva: la promesa de “pertenecer” a un movimiento que propugna principios de una igualdad irrestricta para todos, sin aclarar jamás, por supuesto, qué índole tendrá la misma.

El kirchnerismo ha sido sumamente eficaz en mantener con éxito esta estrategia comunicativa con mucho “sex appeal” (por decirlo de algún modo), comprendiendo a la perfección que desde el comienzo de la humanidad siempre ha sido más atractivo prometer que exigir.

El “think tank” de los K se basa en pocas ideas, muy elementales, pero que atraen “naturalmente” a la mayoría de los desamparados, al señalar, sin precisión alguna, que debería redistribuirse todo el dinero circulante por parte del Estado, creando con ese supuesto objetivo disposiciones obtusas que han terminado destrozando la acumulación del capital privado, auténtico generador de riqueza.

Mientras todo esto tiene lugar, una gran mayoría de la oposición actual –como si viviese en una nube-, ha ido convirtiendo sus proclamas en meros “happenings” reducidos y elitistas, donde, so pretexto de una “sana diversidad” (¿), ninguno de sus miembros termina de ponerse de acuerdo acerca de qué es lo primero: el huevo, la gallina…o ellos mismos.

En medio de este río revuelto, hemos quedado expuestos a ideas que resultan, más que nunca, “un lazo tendido, adrede, a la buena fe de los pocos avisados” (Jaime Balmes), que se suma, por desgracia, a una historia de reiterados fracasos que nos ha dejado presos de un maligno “rebote del tiempo”.

La receta para salir del estancamiento en el que nos debatimos hoy consiste en establecer una relación permanente con la realidad SIN DAR TODO POR SUPUESTO, reconociendo la diferencia que existe entre transitoriedad, novedad y diversidad, para abandonar de tal modo el férreo tutelaje ideológico de una casta de privilegiados que solo aspiran a mantenerse en el candelero “per secula seculorum”.

Parodiando un famoso dicho: “es el valor, estúpido”. A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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