Viernes, 07 Enero 2022 12:17

Más capítulos de la condena peronista - Por Carlos Mira

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El ministro de economía Martín Guzmán convocó ayer a una parodia para comunicar el no-acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Pocas veces un gobierno comunica un mensaje sin contenido. Pero en el peronismo todo se vuelve realidad. 

El ministro notificó que los motivos del no-acuerdo eran las diferentes percepciones respecto de lo que debía hacerse con la economía del país. Guzmán planteó que el FMI pretende una reducción del gasto real y que el gobierno, en cambio, cree que el gasto es virtuoso aun cuando genere déficit. 

Resulta paradójico -cuando no trágicamente maquiavélico- que el gobierno que, en la persona del presidente, presentó una demanda judicial contra un ex presidente por la “deuda” que tomó, considere virtuosa su causa, es decir el déficit. Son cosas propias de mal nacidos.

El déficit no es otra cosa que una diferencia, una brecha, entre lo que se gasta y lo que se recauda. Cuando lo que se gasta es más de lo que se recauda (los egresos más que los ingresos) hay que buscar una forma de financiar esa diferencia.

Los populismos como el peronista utilizan todas las formas disponibles de financiamiento: emiten, suben los impuestos (porque especulan con que su base electoral no paga impuestos y la del “enemigo” sí) y toman deuda. Los gobiernos racionales bajan el gasto hasta -al menos- empatarlo con los recursos razonablemente conseguibles. Los gobiernos que pretenden ser racionales pero que no tienen sustento político, o no se animan a hacer lo que deberían, o no disponen de las condiciones políticas para hacerlo, toman deuda. Fue el caso de Macri.

El gobierno de Mauricio Macri recibió una deuda de 250 mil millones de dólares de parte de Cristina Fernández de Kirchner (esto sin contar la deuda interna dolarizada entre organismos propios de la administración y el BCRA).

Debido a las condiciones políticas que comenzaron a formarse detrás del peronismo golpista en mayo de 2018, la cuestión económica se complicó y el acceso al mercado voluntario de deuda se contrajo fuertemente.

Como la deuda contraída por el peronismo kirchnerista había que pagarla, el gobierno del entonces Cambiemos recurrió al FMI. Tres de cada cuatro dólares recibidos fueron para pagar los vencimientos de la deuda kirchnerista. El dólar restante se imputó a financiar el déficit que aún existía (no en los guarangos 8 puntos del PIB que Kirchner había entregado, pero que aún persistía).

En total, con el período presidencial concluido, e incluyendo el crédito del Fondo, Macri tomó deuda a un promedio de 18 mil millones de dólares por año. Alberto Fernández (el actor de la demanda contra Macri por la deuda) tomó más de 20 mil millones de dólares por año de promedio en lo que lleva de mandato.

Lo que ocurre aquí es algo muy sencillo: la Argentina está enferma y no quiere tomar los remedios. Es más, si accediera a tomar los remedios, casi se podría decir que la enfermedad (la deuda) no sería un problema.

En suma, el problema que tiene el país NO ES la deuda como el gobierno que más endeudó al país en la historia, pretende hacernos creer: el problema es que en la Argentina el trabajo lícito, generador de riqueza, está literalmente prohibido.

El gobierno se llena la boca con el demagógico verso de “dejennos crecer para pagar después”. Mentira: se trata de los típicos cuentos del embaucador. “Dame una semana y te pago”. Bullshit.

El crecimiento que venera el gobierno solo se conseguiría aumentando de un modo más que proporcional la riqueza global del país, su PIB. El mundo civilizado no conoce otra manera de hacer eso que con el aumento de la productividad del trabajo lícito.

Sin embargo, el enjambre legal creado por el peronismo durante los últimos 75 años ha tornado materialmente imposible trabajar. Quien todavía tenga ganas de hacerlo está casi compelido a hacerlo informalmente, por fuera del alcance del orden jurídico formal. Es más, es esa economía negra la que mantiene al país de pie. Si la vida de los argentinos dependiera exclusivamente del producido de la economía formal, hace rato que se habría extinguido.

La telaraña de regulaciones inventadas por el peronismo para hacer pasar al país de una sociedad libre y abierta a una “comunidad organizada” destruyó el motor de la riqueza. Esas regulaciones, además, se fueron sumando -como si fueran capas geológicas- con el transcurso de los años de tal modo que hoy, los productores de riquezas lícitas están completamente encadenados, con sus brazos y sus piernas atadas, sin capacidad de moverse. Todo este monstruo levantado en el altar de la “Justicia Social” del peronismo.

Inválidos como están los productores no pueden crear riqueza. Mucho menos aumentarla. Por eso el cuento de “dejennos crecer y les pagamos” es eso: un cuento.

El ministro confesó ayer a boca de jarro que el déficit fiscal es “virtuoso”, lo cual torna completamente contradictoria la queja sobre la deuda (porque, en definitiva, la deuda es hija del déficit) y explica por qué el gobierno del cual él es ministro es el que más deuda tomó en la historia económica argentina.

La confesión de Guzmán concluye una discusión: el peronismo no quiere terminar con el problema que produjo sino, al contrario, quiere profundizarlo.

De seguir este camino, lamentablemente, la Argentina aumentará la velocidad de su deterioro. Ayer, como un ejemplo tragicómico de hasta dónde llega el pobrismo lamentable al que el peronismo condenó al país, la secretaría de comercio que conduce el jurásico Roberto Feletti, anunció que se incorporaban al plan de precios controlados las velas, como consecuencia de los cortes de luz. ¡Es increíble como avanza la modernidad peronista! Inmediatamente recordé aquel chiste que los memes del ingenio argentino están haciendo circular:

“- ¿Saben que usaban los socialistas antes de las velas? 

-No, no sé… 

-Electricidad”.

Carlos Mira
https://thepostarg.com/editoriales/mas-capitulos-de-la-condena-peronista/#.Ydhd8WjMI2x

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