Martes, 11 Enero 2022 12:51

¿Políticamente incorrecto? - Por Carlos Berro Madero

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En momentos en que América Latina se tortura con intensos debates sobre las calificaciones y descalificaciones de nuevos líderes políticos que asoman su cabeza para dirigir los destinos de sus países, nos parece oportuno volver sobre algunos conceptos olvidados. 

El primero de ellos, está referido a la falta de popularidad de la obra intelectual de los pensadores, que son usados en forma antojadiza por dichos políticos para confundir a la gente. Quizá por eso, solía decir Ortega y Gasset, “cuando alguien cita a Pascal he aprendido a ponerme en guardia. Es una cautela de higiene elemental”. 

El siguiente, es tener en cuenta que la explosión de la pobreza extrema es de tal calibre, que amontona gente sin que nadie pueda muchas veces mover un brazo o una pierna, chocando con los intereses “corpóreos” de los demás, por decirlo de alguna manera.

La tercera, que casi un siglo de experiencias nacional- populistas nos obligan a reflexionar sobre los límites que las mismas han puesto en evidencia: la inoperancia de unas supuestas “razones superiores” que han sucumbido a manos de demagogos inescrupulosos.

Otra se relaciona con el concepto de que la vida pública no es solo política, sino, a la par y aún antes, intelectual, moral, económica y religiosa, como señalaba Ortega, y debe sus tropiezos actuales a los insatisfechas que deambulan de un lado a otro, sin posibilidades (¿ni ganas?) de someterse a los dictados de la cultura y el conocimiento.

Finalmente, -nos guste mucho, poco o nada-, que existe una división “natural” entre personas calificadas y no calificadas, cuya razón de ser debe buscarse quizá en la biología. Y no es cierto que las minorías selectas ESTÉN INTEGRADAS SOLAMENTE POR PETULANTES, como pretenden hacernos creer algunos políticos ignorantes y desprejuiciados. Por el contrario, ha quedado en evidencia que en muchos casos están constituidas POR PERSONAS QUE SE EXIGEN MÁS QUE LOS DEMÁS. Y que a ellos les debemos, en gran medida, el avance del conocimiento y la cultura.

Julien Benda decía que las sociedades han levantado estatuas a muchas abstracciones que simbolizan supuestas “excelencias sociales”, pero en ningún caso han conseguido CONSAGRAR UN MONUMENTO AL ORDEN, y la ausencia del mismo ha permitido que las masas menos educadas pujen salvajemente hasta obtener un lugar preponderante en la sociedad. Un lugar, que, aunque nos guste mucho poco o nada (nuevamente) debería estar ocupado por las aludidas minorías selectas.

Estamos viendo que las multitudes han explotado como un estallido, y la mayoría de las personas no consiguen salir de su situación extrema, arrollando a su paso a quienes les proponen soluciones de vida que exigen esfuerzos personales de “calidad”.

Porque como dice Ortega “el simple proceso de mantener la civilización actual es superlativamente complejo y requiere sutilezas incalculables… y mal puede gobernarlo quien se caracteriza por ignorar de raíz los principios mismos de dicha civilización”.

¿Políticamente incorrecto? Puede ser. Pero a nuestro modo de ver, una fotografía fiel de la difícil realidad que nos toca afrontar.

Sería interesante releer nuevamente la vida esforzada de integrantes históricos de la minoría selecta aludida, como San Martín, Simón Bolívar y José Martí (entre otros), que han sido reemplazados hoy por la brutalidad de los Castro, los Maduro y el refrito de los nuevos Pimpinella argentinos: los Fernández.

Detrás de ellos, se agolpan legiones de necios mediocres, que dan como buena su torpe visión de la realidad. Aquellos de los que Anatole France decía que son mucho más funestos que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces. El necio, jamás.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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