Viernes, 21 Enero 2022 10:19

La era de la estupidez - Por Luis Tonelli

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Estamos en la Argentina atravesando la etapa más difícil que le puede pasar a un país; la que puede denominarse “la era de la estupidez”. Etapa que se caracteriza cuando todas las voces públicas demuestran que no solo la política, gobierno y oposición, sino la sociedad toda está “en cualquiera”, mientras que el país se desliza raudamente hacia el penúltimo episodio de una catástrofe en cámara lenta, que lo ha desfigurado cruelmente.

Esta etapa la han atravesado muchos países, y se caracteriza por el “tirar manteca al techo”, como lo hacía “Macoco” Martin Pablo de Alzaga Unzúe con sus amigotes en los cabarets porteños en las postrimerías de los 20, antes de la trágica crisis de Wall Street en el 30. Lo mismo pasaba en el Berlín de los Glückliche Zwanziger, los locos “dorados veinte”, amenizados por risotadas, cervezas y fox trot compartiendo mesa con las Camisas Pardas de Rohm. 

Es el Carpe Diem de no querer mirar más allá de nuestras narices para no ver el abismo y disfrutar lo que queda antes de que todo estalle, desertando de nuestras responsabilidades y terminando ser cómplices por omisión. El gran politólogo Juan Linz, un especialista en las crisis de la democracia, siempre alertó que los grandes responsables en los cataclismos democráticos no eran los antisistemas, era la apatía de los moderados, que en realidad llamaba dramáticamente la “abdicación de los moderados”.

El gobierno es una confusión desorganizada, que combina declamaciones altisonantes con deseos imaginarios donde finalmente, y como por arte de magia, las cosas se arreglen, ya sea porque Dios es peronista, o al menos tenemos al Papa, en realidad, el Vicario de Perón en la Tierra. La variopinta conformación del “Frente de Todos conducido por Nadie”, ha llevado a la procastinación, no tomar ninguna decisión esperando que la cronoterapia lo resuelva todo. Su integración por fuerzas antinómicas lleva a un sobrevivir sin gobernar, que a la postre amenaza a la propia supervivencia del mismo gobierno.

Hasta sus voceros y publicistas más grotescos se han llamado a silencio, cansados de que el mismo gobierno los desautorice con una enésima desmentida: los papeloneros de raza temen cometer nuevos papelones porqué ya es too much.

Pero la oposición política, social y periodística no se queda atrás. La debilidad del gobierno los lleva a festejar su regreso al poder, y ya se los ve comiendo el chancho antes de engordarlo. Y se manifiesta en una desembozada interna lucha por la Presidencia dos años antes, cuando todo candidato seguro presidencial argentino siempre fue el que finalmente no fue o perdió.

Nadie se ocupa de las cuestiones esenciales. By the way, se criticó más el look informal de “Santiaguito Cafiero”, como se lo llama despectivamente, al llegar al aeropuerto uniformado con la excelente campera macrista UNIQLO, que lo que está en juego en la negociación triangular entre el gobierno, el FMI y Washington. Dicho sea de paso, el canciller no fue recibido en su ingreso a los Estados Unidos por ninguna autoridad oficial de su país, y viajó en un avión de línea. El desubicado en realidad fue el eficiente y experimentado embajador Jorge Arguello que duerme con el traje puesto y así fue a buscar a su amigo de años al aeropuerto.

Mientras tanto el país se encamina a un default con el Fondo, cuyo resultado sea ominoso para un país que ya está en el fondo del pozo, pero que sigue cavando hacia profundidades insondables.

Y por supuesto, seguimos esperando que una cosecha nos salve (es así, literalmente, y el ánimo de los exportadores para que liquiden divisas).

Todo lo demás son ensoñaciones (des)fundamentadas: que resulta que nuestra posición en la CELAC le sirve a los Estados Unidos para tener un amigo entre los enemigos, cuando en realidad somos un infiltrado filtrado y que terminamos acompañando con nuestra firma las legitimaciones a las dictaduras latinoamericanas; que el Fondo finalmente va a aflojar, porque el Papá lo contuvo a Biden cuando su hijo murió de cáncer, y finalmente va a interceder para que Cristalina no nos deje caer. Que los Rusos y los Chinos nos van a prestar los Derechos Especiales de Giro que no han usado. Y otras del mismo tenor.

Mientras tanto el Titanic acelera su rumbo contra el iceberg, mientras la tripulación baila fox trot en cubierta, junto a todos los miembros conspicuos de su pasaje.

Luis Tonelli

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