Mientras la crisis económica se acerca a un nuevo cuello de botella en marzo, el Gobierno resolvió desandar sus módicos avances en los tres requisitos imprescindibles para acordar con el FMI. Las dudas sobre el programa de estabilización continúan. El consenso interno para aplicarlo parece más viable afuera que adentro del oficialismo. Y la torpeza diplomática complicó el consenso externo.
El telón de fondo es una aceleración de las complicaciones económicas, con impacto social inmediato y consecuencias en la gobernabilidad. La prensa española sintetizó ese escenario: “La situación económica de Argentina registra niveles de emergencia: la inflación anual supera el 50%, el peso pierde valor cada día y la deuda externa se ha vuelto impagable. Las reservas internacionales que tiene el Banco Central no alcanzan para cubrir en marzo un vencimiento de u$s 2.900 millones con el FMI, una pequeña parte de los 19.000 millones que debe pagar durante todo 2022. Argentina está urgida de dinero fresco y corre peligro de buscarlo a cualquier precio”.
El resumen es del editorial de El País, que advierte: el multilateralismo a la usanza argentina es hablar con todos sin comprometerse con nadie. Pedirle un favor a Estados Unidos un día para destratarlo al siguiente. Ofrecerle brazos abiertos a Rusia en el mismo momento en que Putin encabeza una escalada bélica, nostálgica de la Guerra Fría.
Fernández superó en China esa descripción. Su embajador, Sabino Vaca Narvaja, intentó seducir a Xi Jinping con una antigua canción maoísta. Hijo de un ministro de propaganda de Mao, Xi se educó en un colegio reservado a la élite del Partido Comunista. Cuando Mao persiguió a sus padres por desavenencias políticas, el propio Xi fue encarcelado y destinado a juntar estiércol en una granja. En esa desgracia, Xi acuñó un lema: “Los cuchillos se afilan en las piedras”.
Regresó por la revancha. Cuando llegó a la jefatura del Partido Comunista, encarceló a más de 100 mil funcionarios de distinto rango en nombre de la lucha contra la corrupción. Xi comparte con Putin una misma mirada sobre la caída de la antigua Unión Soviética: ocurrió cuando el comunismo comenzó a ser permeable a las demandas democráticas y los derechos humanos.
La Ruta de la Seda que Xi le propuso a Alberto Fernández es un megaproyecto de inversión global con presencia en más de 130 países que representan el 48% de la población mundial. Xi sostiene que China no exporta revolución. El suyo es un proyecto de expansión y generación tecnológica de dependencia.
La reunión del canciller Cafiero y el secretario de Estado norteamericano Anthony Blinken no sólo incluyó la urgencia por el acuerdo con el Fondo. EE.UU. preguntó sobre la mirada diplomática de Argentina, que preside el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Poco después, Fernández, parado frente al comandante de los tanques rusos que amenazan a Ucrania no tuvo mejor idea que confesar ante la mirada del mundo su anhelo empecinado por romper las cadenas de dependencia de Argentina con EE.UU.
Para el presidente la política exterior se restringe al ejercicio del guiño. Adulación de ultramar. Esa mezcla de mendicidad y canchereo que exige los mismos compromisos que elude fue aprovechada por el milenarismo chino. Le hizo firmar la adhesión a su mayor proyecto expansivo sin que en Argentina se sepa nada de sus implicaciones prácticas.
Pese a que impulsa esa orientación externa, Cristina Kirchner observa en silencio cómo se degrada su liderazgo. El estilo diplomático de Alberto no escapa a su responsabilidad. Y ambos se refugian en un discurso de gobernabilidad extorsiva: la salida sólo depende de la oposición.
Mientras, hay cuchillos que se afilan en las piedras: las tarifas que no iban a subir comienzan a sufrir el ajuste. El Banco Central aceleró el ritmo de la devaluación. El Gobierno anunció una jubilación mínima de 32.630 pesos.
Edgardo Moreno



