Miércoles, 16 Febrero 2022 12:30

¿El problema es de “los otros”? - Por Carlos Berro Madero

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Si hay algo que sorprende en la actitud de muchos kirchneristas -por inmadura y extemporánea-, es el conflicto que mantienen respecto de sus responsabilidades, tratando de justificar la gestión ambigua e insoportable de su gobierno e Intentando demostrar que su ineficiencia no es más que una mera conjetura de la oposición.

Esto nos está llevando a consumir sus continuos “errores irrefutables”, imposibles de ser considerados como soluciones prácticas si no se desea ser considerado un delirante. 

Algunas de las maneras para manifestar su sorpresa por lo que les ocurre en el mundo atravesado en el que viven, pueden sintetizarse, por ejemplo, en los festejos del Presidente “delegado” porque la inflación mensual haya bajado unas centésimas, ¡aunque la anual haya crecido de 39,3 a 50,9!

O las manifestaciones inoportunas y adolescentes del mismo Alberto en su viaje a Rusia y China, “mordiendo” en su charla con Putin y Xi Ping la mano del país que hoy, en alguna medida, nos permite respirar: Estados Unidos.

El gobierno sufre posiblemente lo que Fernando Savater denomina como un “egotismo ontológico”, mediante el cual suponen que con “los otros” (¿la oposición?), la retahíla de problemas que nos azotan serían peores, amparándose en las rendijas de cualquier sol benefactor que les traiga algo de luz por un cuarto de hora.

En el caso del viaje absurdo que aludimos ese sol brilló por su ausencia.

Mientras tanto, retumban los ecos de las “cartas” de Cristina (a las que se ha sumado ahora su hijo Máximo), quienes mezclan en ellas, sin pudor alguno, harina con pan rallado.

Hay quien ha dicho que hace falta un psiquiatra con urgencia y es posible que esté en lo cierto. Sobre todo, para atender los contagios de la “abogada exitosa”, que ha inundado el espíritu de sus seguidores e impide que el Frente que integran (“pegado” con goma de mascar), reconozca lo que ocurre fuera del mundo rústico en el que viven.

Mientras esto NO ocurre, parecen hacer suyos los dichos del poeta latino Horacio, cuando musitaba arrobado (a él se le podía permitir por su enorme talento): “creo que jamás moriré del todo”. O algo así como: “seguiré navegando, aunque me arrastre la corriente y termine ahogado por oponerme a la armonía del universo”.

¿Qué puede hacerse con un enfermo grave que no quiere consultar a un médico por el mal que lo aqueja? Muy poco, por cierto: solo esperar hasta que la fiebre suba y le haga pedir auxilio a grito pelado a quien sea.

Que no “sea” un Parrilli, un Cafiero, un Guzmán o un Máximo, por supuesto.

Mantengamos la ilusión acerca de que llegará el día en que la “titiritera mayor” (principal responsable de los actuales desvaríos) al ver que ya no puede causar más daño a nadie, vuele de regreso al planeta con el que sueña, donde moran los dioses del Olimpo.

Mientras llega ese momento, sería interesante que nos analizáramos nosotros mismos, para conocer la parte de

responsabilidad que también nos cabe –sobre todo por inacción-, al haber dejado que nuestro país caiga en una ciénaga tan oscura.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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