Domingo, 13 Marzo 2022 08:05

Acuerdo con el FMI: en Diputados se dio el triunfo de la “rosca” política - Por Sergio Berensztein

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Con la sanción de la Cámara baja quedó demostrado que el consenso puede y debe ser el vehículo para arribar a entendimientos básicos que permitan encauzar los problemas de la Argentina.

Lo que finalmente ocurrió en el Congreso, con la media sanción que la Cámara de Diputados le otorgó al proyecto de ley que autoriza al Ejecutivo a refinanciar la deuda con el FMI, fue el triunfo y la revalorización de la política. 

En 2018, el por entonces presidente de la Cámara, Emilio Monzó dejó una frase que tuvo fuerte repercusión: “Reivindico la rosca”. Con el resultado de ayer por la madrugada se entendió mejor aquello que Monzó quiso expresar. La media sanción de Diputados demuestra que efectivamente la negociación política (lo que algunos llaman “rosca”) puede y debe ser el vehículo para arribar a consensos básicos que permitan encauzar los problemas que enfrenta la Argentina.

Fue también la revalorización de la experiencia. No casualmente la primera que propuso una salida elegante para la encerrona en la que se encontraba el Frente de Todos fue Lilita Carrió. Sugirió que los representantes de Juntos por el Cambio voten afirmativamente por la autorización del financiamiento, mientras que las medidas concretas a partir de las cuales el gobierno del presidente Fernández buscará cumplir con las metas del FMI quedarían por fuera. Aunque al principio la propuesta de la Coalición Cívica fue rechazada, al final fue básicamente eso lo que terminó ocurriendo, con la exclusión de los anexos y del célebre Artículo 2.

Para comprender mejor este escenario político, el foco no debe estar puesto tanto en las personas sino en sus atributos. Carrió, con su larga experiencia en la arena legislativa, sabía que el default no era una opción, y tuvo la capacidad de identificar la manera para sacar a la Argentina de una disyuntiva crítica.

Dicha sagacidad nació a partir de haber vivido en el pasado situaciones de crisis de igual o mayor complejidad que la actual. Después de 1989 y del 2001 (donde se aplaudió el default), para toda la clase política la tercera fue la vencida. Esta vez al menos el episodio traumático se evitó.

Además, fue la reivindicación del arte de la negociación, que implica el acercamiento de las partes que no piensan iguales, la capacidad de escuchar y considerar alternativas, rescribir y reformular una y otra vez todo lo que sea necesario e incluso tomarse el tiempo suficiente para mantener reuniones maratónicas.

Estos elementos que parecen sencillos muchas veces en la política argentina son descartados por la falta de voluntad, los prejuicios y la soberbia de los actores involucrados.

Sergio Massa y las negociaciones clave con los bloques opositores

Por eso, en este proceso, los moderados de cada uno de los espacios cumplieron un rol fundamental. La cara más visible de las negociaciones fue Sergio Massa, que siempre mantuvo un buen vínculo con algunos dirigentes de Juntos por el Cambio, pero muchos otros, algunos no tan visibles, cooperaron.

Juan Manzur impulsó tanto el diálogo con la oposición como con los gobernadores y probablemente sea una carta fundamental en la negociación que se inicia a partir de ahora en el Senado. La Casa Rosada también se apoyó en el nuevo jefe de la bancada oficialista en Diputados, el santafesino Germán Martínez, que favoreció un mejor entorno de discusión con relación al que proponía Máximo Kirchner.

Desde la vereda de enfrente, toda la oposición jugó un rol para que las negociaciones llegaran a buen puerto. El aporte de los moderados (Gerardo Morales, Mario Negri, entre otros) fue, por supuesto, fundamental, pero curiosamente los más duros también abrieron la puerta para que haya acuerdo: sin que existiera una amenaza por parte de los “halcones” difícilmente este resultado hubiese sido posible.

Cada actor representó un papel particular, acorde al lugar que ocupan en el escenario político, sin embargo, ninguno se ocupó de colocar obstáculos para que entorpecieran este desenlace.

Kirchneristas, liberales y la izquierda, cuando los extremos se juntan

Aquellos que privilegiaron las posiciones ideológicas por sobre cualquier negociación posible son los que finalmente votaron en contra (la izquierda, los liberales y los diputados kirchneristas cercanos a Máximo Kirchner). Su intransigencia ideológica los aisló mientras la mayor parte del sistema político se inclinó hacia una actitud pragmática.

Incluso los hechos de violencia que se vivieron en la plaza son una reivindicación de la política. Esas escenas de violencia, que algunos compararon con lo sucedido en 2017, durante el debate por el cambio de la fórmula jubilatoria, son excepcionales.

En el retorno a la Democracia en 1983, Argentina venía de una dinámica de violencia política sistemática, estatal y no estatal. Hoy la violencia es un fenómeno de minorías marginales, sin apoyo alguno de la sociedad y condenada por todos (tal como quedó de manifiesto en 2017 y otra vez este jueves). Este es uno de los grandes logros de nuestra Democracia.

Y lo último para reivindicar es el voto de la gente, en especial el de elecciones legislativas, a veces denostado. En noviembre, el electorado se manifestó a favor de la oposición y fue esta quien terminó impulsando y facilitando una salida para este problema. Esto debe ayudar a disipar las dudas de los argentinos cuando se preguntan si votar hace la diferencia o si su voto sirve de algo. Ayer se demostró que sí.

Sergio Berensztein

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