Viernes, 01 Abril 2022 11:18

Qué hay que hacer con el negocio de los planes sociales - Por Roberto Cachanosky

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Obviamente que los desalmados son los que señalan el problema y los buenos son los políticos que, reparten miles de millones de pesos de los que pagamos impuestos para mantener cautivo el voto su los planeros.

Mientras los piqueteros, mal llamados movimientos sociales porque ya se han transformado en movimientos políticos y de presión, cortan la 9 de Julio y otros puntos del país, las personas que pagan impuestos y sostienen a toda esos piqueteros, tienen que soportar mil y un problemas para poder trabajar. Es decir, no solo los grupos piqueteros exigen vivir a costa del trabajo ajeno, sino que, además, a los que les exigen que los mantengan no los dejan trabajar en paz. 

Argentina se ha transformado en un país en el que la cultura de la dádiva reemplazó a la cultura del trabajo. Pero a esta altura del partido, la cultura de la dádiva se transformó en la cultura de la extorsión: o me mantenés o te corto la ciudad.

En Argentina hay cientos de llamados planes sociales, gran negocio de los políticos populistas, que se superponen y terminan siendo grandes fuentes de corrupción. Ejemplo, en 2003 había 81.500 beneficiarios por pensiones por invalidez laboral. Invalidez laboral, dice la ley, es cuando el 76% del cuerpo está dañado y no permite trabajar y, además, la persona es indigente. En 2022 figuran en el presupuesto 1.117.171 beneficiarios de pensiones por invalidez laboral. El costo anual de este programa es de $311.489 millones. Tenemos 1 millón de inválidos laborales más sin que haya habido una guerra, un tsunami o un terremoto. Gran negocio de la corrupción disfrazado de beneficios sociales.

Obviamente que hay planes para todos los gustos. Hacemos Futuro, Plan Argentina Hace, Programa Hogar, Programa Jóvenes Más y Mejor Trabajo, Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, Potenciar Trabajo, Programa SUMAR, Seguro de Capacitación y Empleo, Madres con más de 7 Hijos y sigue el listado. Miles de burócratas haciendo nada útil, para mantener a millones de personas que deberían estar trabajando y miles de millones de dólares que son un bolsón de corrupción inmanejable.

Obviamente que los desalmados somos los que decimos estas cosas y los buenos son los políticos que, poniendo cara de buenos, reparten miles de millones de pesos de los que pagamos impuestos para mantener cautivo el voto su los planeros.

¿Qué hacer con todo ese antro de corrupción e indignidad a la que llevan a las personas?

En primer lugar, hay que unificar todos estos planes sociales en dos o tres. Algún plan para los menores de edad, otro para los mayores y un tercero para los que quedan desocupados.

¿Por qué unificarlos? Porque la multiplicidad de planes le permite a una sola persona cobrar varios planes sociales y juntar una masa de dinero que hace que no quiera trabajar en blanco. Está científicamente comprobado que muchas personas no quieren figurar en blanco porque pierden parte de los planes. Optan por seguir cobrando varios planes y hacer changas o bien trabajar para no perder el beneficio de los planes. Primer punto, entonces, quitar este estímulo a no trabajar porque prefieren cobrar los planes del hijo, del nieto, de la abuela y de Ellas Hacen o lo que sea.

Segundo punto, todas aquellas personas que están en edad laboral no recibirán más el único plan en forma eterna. Solo será por unos meses.

El tercer paso es tomar un préstamo de un organismo internacional y recrear lo que antiguamente eran las escuelas de artes y oficios que solían tener los padres Salesianos. El crédito es para pagarle a los profesores y los materiales. Los lugares pueden ser parroquias, escuelas públicas, etc.

Cada persona en edad laboral que recibe un plan va a seguir cobrando ese plan pero con la obligación de hacer algún curso de plomero, electricista, carpintero, pintor, tornero o lo que sea. Depende del lugar, en zonas rurales se pueden dar cursos ligados a la actividad agropecuaria para mantenimiento o para laboreo en el campo.

Una vez finalizado el curso y matriculado, se le empieza a reducir el subsidio en un 15% mensual mientras va consiguiendo clientes, es decir, trabajar. Algo tan elemental como lo que hacemos muchos argentinos todos los días que nos levantamos a producir y ver cómo hacemos para ganarnos la vida sin pedir que otro me mantenga.

De manera que, lo que hay que hacer en Argentina es volver a establecer la cultura del trabajo en vez de la cultura de la dádiva, que ya se ha transformado en la cultura de la extorsión y del tengo derecho a vivir del trabajo ajeno.

Ningún país se construyó con planes sociales. Todos los países se construyeron con trabajo. Eso que vinieron a hacer nuestros abuelos a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Tan elemental como eso: trabajar para que cada uno tenga la dignidad de alimentar a su familia con el fruto de su trabajo.

Y, finalmente, es una manera de educar a los chicos que desde hace décadas vienen creciendo viendo como sus padres viven sin trabajar porque cobran un plan trabajar. Van aprendiendo que aparentemente se puede vivir sin trabajar porque “alguien” tiene la “obligación” de mantenerlos.

Obviamente que este plan tiene que estar incluido dentro de un plan económico de largo plazo que capte inversiones y vaya generando el crecimiento necesario para que se creen nuevos puestos de trabajo que mejoren el ingreso real de la población. Pero el primer paso, hasta que logremos un crecimiento sostenido, es terminar con la multiplicidad de planes, ponerles un límite de tiempo y solo pagar el plan si el beneficiario cumple con ir a aprender un oficio que le dé una salida inmediata para mantenerse por su propio esfuerzo.

Roberto Cachanosky

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