Miércoles, 04 Mayo 2022 13:03

Guzmán versus Cristina - Por Carlos Berro Madero

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“La perseverancia ayuda a muchos estúpidos a ser más insistentes”
- Lucio Séneca, intelectual, político y orador romano

Corren distintas versiones sobre quién aconsejó al tándem presidencial para que eligiese a Martín Guzmán como eventual Ministro de Economía. 

La más verosímil, señala que fue el argentino “no residente” Joseph Stieglitz (ex FMI, del que hoy es detractor), quien le cantó loas a Cristina sobre este supuesto discípulo suyo.

El hoy ministro, un absoluto desconocido - “no residente” como su patrocinador-, dejó bien clara su personalidad el día que se inclinó sobre el hombro de Sergio Massa en el Congreso, animándolo a que siguiera con una sesión parlamentaria de interpelación mientras él haría “saraza” verbal, usando una de sus manos como un giróscopo. Como suele hacer Cristina.

Con aire sabihondo, parece decir todo el tiempo “no es a mí que me hablan”, lo que permite colegir que actúa así porque no domina los asuntos que analiza en público con total desparpajo. Como suele hacer Cristina.

Su figura nos recuerda unos dichos de Frederick Nietzsche cuando aludía a los que suponen que con el curso del tiempo la gente dirá de ellos de manera benevolente: “ha tenido que obrar como lo ha hecho, por lo que castigarle supondría CASTIGAR A LA ETERNA FATALIDAD”. Como cree Cristina.

El filósofo austríaco solía decir también que existe lo que se llama “envidia de los dioses”, que surge “cuando alguien al que se considera inferior, se pone en situación de igualdad respecto a otro que es superior a él”. Como cree Cristina.

Lo más sorprendente, es el notable instinto de conservación que adorna al actual ministro respecto de su carrera académica, que sabe puede tambalear si fracasa en su tarea. Quizá sea eso lo que lo lleva a ejecutar acciones que solo alcanzan para dejarlo “a salvo” del juicio de la posteridad, aunque en el camino nos hiera de muerte, llevándonos a un callejón sin salida con sus ensayos técnicos heterodoxos. Como piensa Cristina.

Mientras tanto, la Vicepresidente parece desentenderse de su responsabilidad en el nombramiento (¡cuántos padrenuestros debería rezar por sus errores del mismo tipo!) y sutilmente manda a decir a sus alfiles que “a Guzmán no lo votó nadie”, con lo cual hace recaer el peso de sus desaciertos sobre la cabeza de Alberto.

Estamos convencidos que el actual ministro nos dejará -a la corta o a la larga-, en una situación peor de la que estábamos cuando asumió, por más “saraza” verbal que ponga en juego en defensa de su gestión. Y habrá que afrontar las dolorosas correcciones de sus políticas atrabiliarias. Como pasará también con Cristina.

No hay nada que hacer: ser optimista en nuestro país es estar lo suficientemente loco como para pensar que lo mejor está siempre por venir, intentando forzar al resto del mundo para que “interprete” (como pueda) el extraño idioma con el que describimos nuestros problemas y nos tire un salvavidas benevolente de tanto en tanto.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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