Domingo, 15 Mayo 2022 08:32

Un presidente por el mundo - Por Rogelio Alaniz

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Nunca quedaron en claro los motivos de la reciente gira internacional del presidente Alberto Fernández. Oficialmente se dijo que el objetivo era entusiasmar a los jefes de Estado de Europa para comprar gas argentino o, mejor dicho, el hipotético gas argentino, aprovechando las complicaciones con Rusia, el tradicional abastecedor.

La otra lectura es que se fue a Europa para eludir la ofensiva de Cristina y, entre otros menesteres, anunciar algunas de sus personales aspiraciones políticas sin privarse de deslizar breves sutilezas contra su jefa, como la de destacar que él nunca se enriqueció con la política, un dardo que, como hasta el más distraído advierte, tiene un exclusivo destinatario. 

Tres países visitó el presidente: España. Alemania y Francia. No fue una gira menor. Estamos hablando del corazón histórico de Europa. Se reunió con los respectivos jefes de Estado: Sánchez, Scholz y Macron, pero no sabemos a ciencia cierta si hubo o no logros comerciales o económicos. Se sabe que las gestiones de este tipo suelen ser reservadas, pero más allá de la discreción lo cierto es que la Argentina, con independencia de las reservas de gas que dispone, no está en condiciones por ahora de vender el producto que ofrece. En el plano político se habló de la invasión de Rusia a Ucrania. Imposible no hacerlo en Europa en estos días.

Respecto de estos temas, el presidente volvió a exhibir la ambigüedad que distingue a la actual diplomacia argentina, aunque en este caso en particular más que ambigüedad lo que se destacó fue una soberana toma de posición, como fue el reclamo de Fernández para que cesen las sanciones contra Rusia, una posición que planteada en Europa es en el más suave de los casos una imprudencia. De todos modos, no perdamos de vista que en estos temas Alberto Fernández es la cabeza de un gobierno que mantiene con las dictaduras y autocracias contemporáneas relaciones por lo menos cordiales, motivo por el cual a nadie le debería sorprender estos escrúpulos con el régimen de Putin.

En su condición de presidente de la nación, Arturo Frondizi sentó un principio considerado virtuoso respecto de la conducta de los mandatarios en el extranjero: no hablar de problemas internos. Estas consideraciones, Alberto Fernández en Europa las negó de hecho, al punto que bien podría decirse que sus declaraciones más importantes en los países que visitó estuvieron referidas a problemas internos. Y no solo lo hizo, sino que, además, recurrió a una de sus prácticas habituales: declarar una cosa en una conferencia de prensa y en la siguiente declarar todo lo contrario, o decir que la responsabilidad de esas palabras las tiene los periodistas siempre decididos, por vaya uno a saber qué ojeriza personal, a sacarlo de contexto.

¿Ejemplo? En España habló de su posible reelección y deslizó críticas a Cristina, luego en Francia lo desmintió. Y cuando le señalaron la contradicción (con las comunicaciones actuales se hace muy difícil jugar a decir una cosa en un lugar y en la otra decir lo contrario) no vaciló en asegurar que el periodista de España -uno de los más prestigiosos en su país y que, además, le hizo una excelente entrevista- solo se propuso enemistarlo con Cristina.

Para disimular sus palabras contra Cristina, el presidente recurrió a la más conocida y trillada estrategia del peronismo en estas lides: responsabilizar a Macri, o demonizarlo, o alguna otra belleza por el estilo. En este caso, enfatizó con particular entusiasmo que su enemiga no era Cristina sino Macri. Y no vaciló en calificarlo como el exponente de la más execrable derecha

¿Perdón? Si Macri es de derecha, y, además, esa imputación proferida con singular entusiasmo militante es infamante, hay razones para suponer, "contrario sensu", que Alberto Fernández sería de izquierda, conclusión que, admitámoslo, sería absolutamente disparatada para calificar a un político como Alberto, del que se pueden decir muchas cosas, menos izquierdista.

Calificaciones y adjetivaciones al margen, en principio lo que se pretende de un presidente en el extranjero es que no lave los trapitos sucios a la vista de todos.

También se pretende que el presidente se proponga ser el presidente de todos los argentinos, de los de derecha, de los de izquierda, de provincianos y porteños, de flacos y gordos, de rubios y morochos. Mauricio Macri, guste o no, representó en las últimas elecciones presidenciales el cuarenta por ciento de los argentinos. Que un presidente se despache en el extranjero contra uno de los dirigentes más visibles de esa representación, le hace poco favor a su investidura y a ese proyecto histórico de convivencia que se llama nación.

En otras de sus declaraciones, el presidente se ufanó de una militancia que quienes más o menos conocemos su vida pública sabemos que falta a la verdad. Se sabe que el imaginario populista alienta una épica de proscripciones, militancia clandestina y cárceles, con sus héroes y sus mártires. Como toda épica, esta se nutre de algunos elementos reales mezclados con leyendas y mitos.

Pues bien, en todas las circunstancias, verdad y mito, Alberto Fernández no tiene absolutamente nada que ver con eso. Y cuando digo "absolutamente", porque sencillamente es así. Ni militante, ni víctima, ni mártir, la trayectoria política de Alberto, continuando con su jerga, se inició en la trinchera opuesta a la que hoy se atribuye. Salvo que alguien crea que militar en el partido de un aventurero de la derecha más recalcitrante como Assef, o participar en listas de candidatos que responden a Cavallo con manifiestos simpatizantes del general Videla, sea el antecedente de una aguerrida militancia nacional y popular.

Retornando a la Argentina, la novedad de la semana la otorgó el índice inflacionario: seis puntos…un porcentaje reñido con la eufórica declaración de guerra a la inflación sostenida por el presidente. "Nuestro plan económico logrará vencer a la inflación", fueron otras de sus declaraciones. La pregunta inevitable en estos casos es: ¿de qué plan económico habla?

Recorriendo las opiniones de economistas oficialistas y no oficialistas, una de las raras coincidencias que se pueden registrar es la de admitir que lo que distingue al actual gobierno es la ausencia de un plan económico, ausencia de la que en algún momento se han jactado. Las otras novedades, si es que así pueden calificarse, son los anuncios de candidaturas. Miguel Ángel Pichetto se sumó a la ya abigarrada y abundante lista de presidenciables en nombre del denominado "peronismo republicano". Sigue pendiente la decisión de Macri. Por ahora no ha dicho que será candidato, pero está claro que hace todo lo posible, da todos los pasos para serlo. En estos días declaró con respecto a Juntos por el Cambio, que la unidad por la unidad misma no sirve.

¿Qué quiso decir? Misterio También insistió en que una oposición que merezca ese nombre debe enfrentar el statu quo y estar en contra del "sistema". Por supuesto, está en su derecho a decir lo que dice, del mismo modo que yo tengo derecho a preguntarle a qué statu quo quiere derrotar o a qué "sistema" quiere ponerle fin, porque términos como estos (sistema, statu quo) pueden estar en boca de Del Caño, Grabois, Biondini, Pérsico o algún líder mapuche, con la misma convicción y la misma oscuridad.

En su condición de presidente de la nación, Arturo Frondizi sentó un principio considerado virtuoso respecto de la conducta de los mandatarios en el extranjero: no hablar de problemas internos. Estas consideraciones, Alberto Fernández en Europa las negó de hecho, al punto que bien podría decirse que sus declaraciones más importantes en los países que visitó estuvieron referidas a problemas internos.

En España habló de su posible reelección y deslizó críticas a Cristina, luego en Francia lo desmintió. Y cuando le señalaron la contradicción (con las comunicaciones actuales se hace muy difícil jugar a decir una cosa en un lugar y en la otra decir lo contrario) no vaciló en asegurar que el periodista de España -uno de los más prestigiosos en su país y que, además, le hizo una excelente entrevista- solo se propuso enemistarlo con Cristina.

Rogelio Alaniz

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