Miércoles, 01 Junio 2022 13:25

La misma obscenidad de siempre - Por Carlos Berro Madero

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Vemos con asombro cómo los funcionarios del actual gobierno se pavonean por los medios de comunicación divulgando ciertas “verdades eternas” que pasan por el baremo de sus propias inquietudes personales, explicando cómo resolverán los problemas de una crisis que han provocado ellos mismos con sus desaciertos y se les ha salido finalmente de control, como ocurre con las cadenas de algunas bicicletas mal armadas.

La indignación de quienes oímos la precariedad de sus conceptos rudimentarios nos rebela contra una verdadera obscenidad, que se corresponde con las mentiras con que pretenden atajar los efectos de una ola gigantesca que se acerca y amenaza con ahogarnos ¿para siempre? 

Sus discursos llegan al punto de amordazar hasta las comprobaciones estadísticas más simples, usando para ello una elocuencia patológica; y la gran parodia teatral que ha significado el kirchnerismo de hoy es fomentada “sotto voce” por el peronismo mal llamado “racional”, aferrado al poder desde la época en que el “león herbívoro” (Perón dixit), hacía tronar sus proclamas autoritarias, mientras vigilaba las eventuales desviaciones de sus apotegmas fundacionales para evitar cualquier salpicadura proveniente de sus “hijos putativos”.

Sin embargo, extendidas franjas de nuestras distintas clases sociales han estado sufriendo un engaño doctrinario escandaloso, sin condenar rotundamente y de una buena vez sus métodos dictatoriales absurdos, mediante los cuales hemos retrocedido –pruebas al canto-, hasta un escenario donde luce una involución social alarmante.

Es bien sabido, como señala Balmes, “que sucede muy a menudo que el hombre se engaña primero a sí mismo, antes de engañar a los otros dominado por su opinión favorita, y ansioso de encontrar pruebas para sacar la verdadera, examina los objetos, no para saber, sino para vencer; y así acontece que halla en ellos solo que quiere” (sic).

En el caso del peronismo, minimizando las fechorías cometidas a través de su historia, presentándose como menos temible que sus opositores e intentando envolvernos en el vaho de sus disfraces “alternativos”, para lograr que los fracasos precedentes lleguen a ser tenidos como un error sin importancia.

Pero las confusiones con que inocularon el imaginero popular solo han servido para mantener una verdadera farsa surtida de mentiras aberrantes, que devino finalmente en una mayoría escandalosa de pobres que se arrastran penosamente para poder comer y sin un techo donde cobijarse.

No obstante ello, siguen cultivando impertérritos la aberración de su esencia tramposa, para consagrar la idea de que la incertidumbre a la que nos vemos arrastrados, se debe en realidad a nuestras dudas “imperdonables” sobre la eficacia de sus postulados de pacotilla.

Bien decía Nietzsche: “antes el recitado era seco; hoy vivimos en una época donde dicho recitado es húmedo; se ha caído al agua y las olas le llevan adonde quieren”. Una buena metáfora humorística del siglo XIX para ser inscripta en el monolito de la mentira que construyó el movimiento político más nefasto de nuestra historia.

Los datos –de los cuales reniegan-, son los datos; por lo que deberían ponerse un sayo que les calza a la perfección: el que se entrega a los condenados por la justicia cuando “encierra” a un individuo por sus crímenes.

Quienes duden eventualmente de la severidad de lo que expresamos, deberían leer las declaraciones de la fiscal Goyeneche de Entre Ríos, para conocer los detalles rocambolescos brindados por ella luego de ser destituida, al descubrir en sus investigaciones la corrupción kirchnerista en esa provincia, puntualizando la hondura y el desparpajo de la impunidad con que el “movimiento” sigue tapando sus fechorías.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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