Miércoles, 22 Junio 2022 12:11

Necesidades, derechos y obligaciones - Por Vicente Palermo

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“Donde hay una necesidad nace un derecho”, expresa una noción vertical, estatalista, sino paternalista.

Encaro esta cuestión desde el sentido común, desde la célebre doxa que tanto estimaba Sócrates; en este tema los saberes especializados son menos necesarios que hacer accesible un espacio de diálogo. 

Conocemos la afirmación asertiva, axiomática: “donde existe una necesidad, nace un derecho”. Siempre es pronunciada con un énfasis que parece capaz de horadar cualquier muralla. Y quien la enuncia le asigna el valor de axioma, algo evidente por sí mismo, que no hay que demostrar.

Quienes disienten con la máxima la tachan de demagógica, y parecen pensar también que no hay nada que discutir, alcanza con reputarla de falaz y punto.

La reciente discusión (ya olvidada, en Argentina todo pasa y nada queda) entre jueces de la Suprema Corte, el presidente Carlos Rosenkrantz y la ex Elena Highton de Nolasco se asemejó más bien a una payada por lo esquemática (sólo que sin guitarra y sin rima).

Rosenkrantz sostuvo que “no puede haber un derecho detrás de cada necesidad”. Highton replicó tópicamente que sí, donde hay una necesidad hay un derecho.

No llegó a configurarse diálogo alguno; el intercambio, mediático, llegó rápidamente al punto muerto de los recursos: “no hay recursos suficientes para satisfacer todas las necesidades”, explicó Rosenkrantz y Highton argumentó que “…hay un derecho. De ahí a que haya recursos para solucionarlo es otra cosa. La necesidad implica el derecho de resolverla y hay que tratar de llegar a que ese derecho exista y se cumpla”.

Me parece que ambos – que representan sendas posiciones establecidas –terminan la conversación donde debería empezar.

Primero, ¿quién, y cómo, define la existencia de una necesidad? Admitamos que el origen de una necesidad puede ser individual, algo perfectamente posible, y absolutamente indispensable, en nuestro marco constitucional. Básicamente, los individuos, que son quienes gozan de ciudadanía, son sujetos de derechos.

De no ser así, estaríamos en un grave problema frente al liberalismo democrático (lo digo sin temor a la ira de La Cámpora o de Harari). Aunque el concepto de derechos colectivos es también pertinente.

Pero permanezcamos en el plano de las necesidades. Resulta difícil negarle la pertinencia cultural, social y política a las necesidades. Pero también parece sorprendente la inmediatez, lo súbito, con que una necesidad, en concepto de ser declarada urgente, y en base a formas culturales muy arraigadas, deviene un derecho. No es nada obvio que una necesidad devenga un derecho; pero no por una cuestión de recursos. “Donde hay una necesidad nace un derecho” expresa una noción vertical, estatalista, sino paternalista, de la transformación de una necesidad en un derecho o, más, de la constitución desde arriba de una necesidad y en su configuración en derecho.

Hablan aquí los tiempos de la política de élites y del estado, los mismos actores que pueden, por su vez, negarse a admitir que las necesidades autónomamente constituidas, no solamente “populares”, sino también de virtualmente todos los actores sociales, tendrían derecho a configurarse en derechos. Digo, un gobierno puede responder a un electorado popular, pero nada indica que el concepto de que donde hay una necesidad nace un derecho le permita excluir ciertas necesidades de segmentos sociales – por ejemplo, la necesidad típica de clases medias altas de veraneos en el extranjero, para lo cual se precisan dólares.

En otros términos, esa conversión cultural y social – de necesidades a derechos reconocidos – precisa de prácticas sociales y políticas, no de un axioma. Además, esas prácticas por derechos afectan a su vez derechos. Hay como un patente derecho a afectar derechos – que va más allá del simple choque de derechos, porque el choque de derechos opera en confrontación directa con el ejercicio de derechos de otros, pero el derecho a afectar derechos actúa “contra” un derecho más básico, el derecho de otro colectivo a ejercer sus derechos.

Los así afectados tienen necesidades que se ven en dificultades para darse paso. Son problemas que no tienen solución sino política, pero, sobre todo, no la encontrarán en el simplismo de metáforas que se siguen unas a otras sin conversación. Ni la fórmula del nacimiento del derecho sin mediaciones, ni la de la objeción material, sirven entonces para mucho.

Las objeciones materiales, en una Argentina que no es capaz de producir siquiera en un nivel que alcance para la suma de sus propias necesidades tienen todo el sentido, menos el de anular de un plumazo el debate en torno a necesidades y derechos.

A mi juicio, no es cierto que, si existe una necesidad cultural, social y políticamente reconocida, no nazca un derecho simplemente porque no hay recursos, de hecho, en la Argentina de hoy, la brecha entre derechos adquiridos y capacidades productivas perdidas (en años de reversión económica) es enorme.

Cerrando, no hay un derecho aislado de los otros, y que no se haga cargo de la pluralidad humana. Los derechos son individuales; pero no existen independientemente de los otros derechos, independientemente de un acuerdo colectivo constitutivo (concepto a mi entender republicano).

No hay derechos naturales. Los derechos se crean por acción humana, pero que se conviertan en tales, depende de los demás. “Donde hay un derecho” no quiere decir nada, porque suponer su preexistencia no tiene sentido.

Hay un derecho porque hay una creación colectiva o una voluntad colectiva plural de preexistencia, inclusive de aquellos establecidos en la constitución; existen como tales porque están ahí, en unas normas que son producto de la interacción de los hombres. Porque los derechos son inconcebibles como exclusivos y también porque están las obligaciones que los sostienen. Si no tuviéramos obligaciones no sería sostenible derecho alguno.

Vicente Palermo

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