Viernes, 15 Julio 2022 11:30

Grabois: un delincuente detrás del nuevo Cristo - Por Carlos Mira

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¿Es importante para la sociedad o, en este caso, para un periodista, darle entidad a lo que diga un personaje completamente marginal como Juan Grabois?

Este guerrillero de confitería se paseó por algunos medios antes de ayer en un raid de terrorismo verbal cuyo contenido uno se pregunta, justamente, si merece ser analizado. 

Me parece que corresponde, no por la entidad de un personaje a todas luces secundario en el tablero político argentino, pero sí porque él representa la voz oculta de Cristina Fernández de Kirchner y del Instituto Patria.

También porque la Argentina tiene un historial largo de no prestarle atención a personajes como éstos cuyos extremismos luego se transforman en realidad y que uno nunca sabe si podrían haber sido evitados, justamente, por la vía de haberle prestado la debida atención a sus comentarios cuando fueron hechos.

Muchas veces la desestimación (o incluso la descalificación) de algunos personajes -porque su harto-evidente marginalidad nos lleva a desecharlos- se convierte en el mejor aliado de esos sediciosos.

Pasó durante muchos años con el barrabrava Luis D’Elía a quienes muchos le quitaban entidad por ser un energúmeno rayano en el crimen verbal. Pero detrás de D’Elía sonaban las voces de Néstor Kirchner, primero, y de su viuda, después, como quedó probado en el caso de la gestación del vergonzoso Memorándum de Entendimiento con Irán.

De modo que sí, vamos a dedicarle unos párrafos de Grabois.

Grabois es un típico cheto argentino, de buena cuna y de educación religiosa (como lo fueron en su momento Abal Medina, Firmenich, Vaca Narvaja y Ramus) que se ha transformado, no en un fanático del iluminismo católico por la persecución de su pureza teórica (como pudo haber sido el origen de aquellos terroristas [aunque luego se transformaron en meros traficantes de dinero y riquezas cuando empezaron a saborear el gustito de la guita de sus secuestros]) sino en un liso y llano “vivo” que encontró en el verso de la “economía popular” un filón para llenarse de oro y vivir sin trabajar.

De hecho, Grabois nunca trabajó: primero vivió de la buena posición de sus padres y ahora lo hace robando dineros públicos por la vía de los planes que le arranca al propio Estado.

Su organización pugna por la implantación del llamado “salario universal” para lo que este ladrón de guante blanco propuso llevar al 43% el monto de las retenciones agropecuarias y pagar de allí esa asignación.

Ya hemos comentado aquí mismo el sutil uso que tiene, en este contexto, la palabra “salario”: se quiere llevar a los pliegues más íntimos del cerebro humano la idea de que es posible que el “salario” sea repartido y no ganado. Sería, paradójicamente para un acérrimo católico de cartón como Grabois, lo contrario a lo predicado por Jesús: “Ganaras el pan con el sudor de tu frente”.

Los productores agropecuarios reciben por sus ventas al exterior hoy en día un dólar de $83 (debido a las retenciones, a la aplicación de una cotización del dólar completamente ficticia, y a la influencia de otras exacciones impositivas) es decir, tienen una brecha con el valor real de la divisa norteamericana (blue, dólar en la calle) de casi 250%.

Sobre esto Grabois propone uno nuevo esquilme bajo la suposición de que, pese a este nuevo robo, el comportamiento de los productores continuará siendo el mismo y seguirán trabajando como esclavos para él y el conjunto de vagos (y muchos vivos) que lo siguen. Se trata de lo que los economistas llamarían un análisis ceteris paribus, es decir, un análisis que asume que los cambios que se introducen en las normativas aplicables a una actividad NO modifican el comportamiento de quienes las realizan.

Sin embargo, claramente esto no es así y las modificaciones que se introducen al plexo jurídico aplicable a una actividad SI modifican las conductas y las decisiones de los actores reales de la economía.

Me atrevo a decir que los análisis ceteris paribus han sido una perdición argentina porque efectivamente son muchos los funcionarios (por no decir todos) que en las últimas 7 décadas han tomado decisiones bajo la creencia de que las conductas de los agentes económicos no se modificarán y seguirá ocurriendo como venía ocurriendo, más allá de las modificaciones que ellos introduzcan a las normativas que regulan su actividad. El aumento de impuestos junto con la caída en el pago de impuestos es una verificación de esa realidad.

En muchos casos, es también justo reconocerlo, ha habido actores de la economía real que, por distintos motivos, no han tenido más remedio que seguir trabajando como lo venían haciendo incluso a pesar de nuevas normas confiscatorias del fruto de su trabajo, porque de lo contrario se habrían muerto de hambre.

Es justamente esa -presumo yo- la premisa en la que se deben basar estos aprendices de brujo para continuar exprimiendo el trabajo argentino y a los trabajadores argentinos.

Pero si uno bien se fija, lo que ha acontecido en la realidad es que una inmensa mayoría de agentes económicos modificó lo que habrían sido sus decisiones si esos cambios confiscatorios en las normas que los regulan no se hubieran introducido.

Es más, muchos de los que incluso siguieron trabajando (porque si no lo hacían se morían de hambre), no lo hicieron al tope de potencial que lo hubieran hecho si las confiscaciones no hubiesen sido dispuestas, por lo que el nivel general de producción bajó, el producto de estancó, el crecimiento se detuvo y la pobreza creció.

Si a eso le agregamos la disparatada y extendida creencia entre los cráneos peronistas argentinos de que el Estado puede dinamizar la demanda mediante la inyección en el mercado de dinero impreso, ese exceso de dinero contra un estancamiento (o directamente una baja) del producto genera la inflación crónica que padece la Argentina y que arroja más y más gente a la pobreza.

Lo que hay detrás del truco de Grabois es que esa (arrojar más y más gente a la pobreza) es su verdadera meta, su verdadero propósito. Intenta hacerlo matando dos pájaros de un tiro, es decir, consiguiendo eso y, además, hacerse el cristiano demagogo que busca darle a la gente un ingreso mínimo básico por la vía de sacarle a los ricos los que “sobra” para dárselo a los pobres que no tienen nada.

Pero, como vimos, el funcionamiento dinámico del comportamiento humano en acción produce el resultado contrario, aun cuando Grabois, por su intermediación, se llene de oro.

Por eso este análisis concluye que detrás de Grabois, más que un devoto y puro católico que busca ser la reencarnación de Cristo en la Argentina, hay en realidad un vivo, un hijo de una buena madre que solo busca vivir como un millonario sin trabajar mientras quienes lo siguen se mueren de hambre, aunque lo hagan con la alegría del idiota.

Carlos Mira
https://thepostarg.com/editoriales/grabois-un-delincuente-detras-del-nuevo-cristo/#.YtGKYXbMI2w

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