Miércoles, 03 Agosto 2022 09:30

Los cuatro interrogantes del superministro Sergio Massa - Por Sergio Berensztein

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El líder del Frente Renovador no llega como lo hicieron Cavallo o Sourrouille. Sus metas son más humildes: contener la crisis, desacelerar la inflación y prevenir la aparición de nuevos episodios traumáticos.

Sergio Massa anunció a través de Twitter que no sólo renunciará a la presidencia de la Cámara de Diputados, sino también a su banca. Y agregó con cierto tono romántico: “Quiero ser muy claro, decidí asumir la responsabilidad que me toca con alma y vida”. El “superministro” prestará juramento el miércoles y acto seguido dará una conferencia de prensa en la que dará a conocer sus primeras medidas. 

Al margen de la épica que intenta agregarle a su discurso, a la relativa efusividad con la que lo recibieron los mercados y al cambio de humor que logró contagiar en una parte del oficialismo, llega ahora el momento de la acción: la toma de decisiones ya no puede postergarse. En síntesis, son cuatro los interrogantes que se abren en esta nueva etapa.

¿Hasta dónde le permitirá hacer Cristina Kirchner a Sergio Massa?

El giro de la vicepresidenta hacia un mayor pragmatismo ya está dado, tal como se pone de manifiesto en la sola designación de Massa. Sin embargo, resta ver la magnitud de dicho giro. Por los antecedentes de Cristina Kirchner y la dinámica que ha mostrado esta coalición, puede suponerse que no habrá grandes cambios estructurales, sino un conjunto de medidas más circunscriptas con el solo fin de evitar un estallido mayor y llegar a las elecciones del próximo año.

Es decir, algo parecido a lo que Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega hicieron en 2014 (cuando devaluaron el peso un 23% aunque la situación era mucho más holgada que la de ahora). De hecho, esto no es nada nuevo para la Argentina: es el típico ajuste de los años pares, para llegar a los impares (electorales) con margen para gastar.

Massa no arriba como hizo Domingo Cavallo en 1991, para revolucionar todo el sistema económico y monetario, o en 2001, para intentar salvar a la convertibilidad. Ni siquiera llega como lo hizo Juan Vital Sourrouille en 1985, con la idea de aplicar un profundo plan de estabilización que durase, al menos, hasta diciembre de 1989 (aunque al final fracasó en su intento). Massa tiene metas más humildes: contener la crisis, desacelerar el ritmo inflacionario y prevenir la aparición de nuevos episodios traumáticos para lo que resta del gobierno del FDT. Viene para administrar la crisis, sin confrontar con Cristina. Aunque el objetivo no sea transformacional, su éxito no está garantizado considerando la complejidad del actual entorno. Esto nos lleva al siguiente interrogante.

¿La llegada de Sergio Massa será suficiente para detener la crisis?

La semana pasada, con el aval de Massa, el Banco Central subió las tasas para intentar retener a los ahorristas. Aunque se trata de una medida sensata, lo que genera como contrapartida es una nueva disparada del déficit cuasifiscal (porque la entidad deberá pagar más por las Leliq). Varios economistas están advirtiendo por los riesgos del enorme déficit cuasifical, una inflación contenida que puede estallar si no se maneja con pericia.

En definitiva, lo que esto pone de manifiesto es la complejidad de la crisis, que no hay soluciones sencillas y que el “botón” que corrige una cosa, puede estar dañando otra. Esta es la “botonera” que agarra Massa.

A su vez, aunque es posible que las limitaciones políticas que tuvieron Martín Guzmán y Silvina Batakis hayan sido mayores a las que tendrá Massa, estas no han desaparecido. Todo lo económicamente ideal es políticamente inviable, y lo políticamente viable es económicamente irrelevante: esta regla que acotó la capacidad de maniobra de sus antecesores ahora vale también para Massa.

¿Sobrará algo para repartir en 2023?

Tercera pregunta: supongamos que Massa tiene éxito y logra detener el descalabro, ¿serán compatibles las correcciones económicas que deben hacerse con la tradicional política redistributiva de la que suele valerse el peronismo en los años pares? Dicho de otra manera, ¿sobrará algo para repartir en 2023?

Y a su vez, ¿será suficiente para que el FDT pueda recuperar la competitividad perdida? En el mejor de los casos, en el que el oficialismo logra contener la crisis, y hacerlo de forma tal que el próximo año pueda apelar a una política económica más laxa, de todas maneras, nada asegura que podrá revertir el fuerte desgaste que viene sufriendo hasta ahora.

En las elecciones legislativas de 2021, el FDT obtuvo a nivel país ocho puntos porcentuales menos que el JxC, perdiendo en distritos clave como en las provincias de Buenos Aires, Santa Cruz, La Pampa y Chaco. Y ese revés sucedió antes de la fuerte aceleración inflacionaria de 2022, que está provocando una licuación de salarios, jubilaciones y planes sociales, y un fuerte aumento de la pobreza. Por eso, quizás ya sea demasiado tarde para el FDT.

¿Massa podrá aprovechar esta oportunidad para reinventar su liderazgo y convertirse en el eventual candidato presidencial?

El episodio actual no deja de ser paradójico, porque el FDT decide “otorgarle” el gobierno a un dirigente con alto nivel de rechazo e imagen negativa. Es una figura que seguramente muchos en el oficialismo reconocerán por su capacidad de gestión, por tener un equipo económico propio y su coraje por hacerle frente a la situación, pero en términos de popularidad su flaqueza es evidente.

Massa apuesta a que sean los éxitos de su gestión los que le permitan reinventarse. Los antecedentes no lo favorecen: en la Argentina ningún ministro de Economía (exitoso o no) logró ser victorioso al competir por la presidencia. Le sucedió a Ricardo López Murphy, a Domingo Cavallo y a Roberto Lavagna.

Podría sumarse Antonio Cafiero, que fue ministro del área durante el gobierno de Isabelita, y al que le tocó perder (sorpresivamente) la interna del PJ contra Carlos Menem en 1988. Ni siquiera pudo acceder a la candidatura que anhelaba. Muchos en el entorno de Massa aseguran que este era el mejor camino para eventualmente llegar a la presidencia, pero no contaban con que ahora recae sobre él también la maldición de los ministros de Economía.

Sergio Berensztein

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