Miércoles, 03 Agosto 2022 09:41

Acerca de Massa, locos e ilusionados - Por Carlos Berro Madero

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“Vivimos en un vientre de ilusión colectiva y nuestra libertad no pasa de ser un aborto, donde nuestra capacidad de alegría, de paz y de verdad nunca queda liberada. Estamos prisioneros de un proceso, de una dialéctica de falsas promesas y engaños que acaban en futilidad”
-Thomas Merton

No podemos estar más de acuerdo con estas palabras del teólogo, escritor y clérigo nacido en Francia (1915/1968) cuando analiza el devenir humano en general. Para nosotros, los argentinos, este sentimiento se ha acentuado con el advenimiento del kirchnerismo al poder. 

Y continúa Merton: “uno se compromete más con la ilusión colectiva en proporción a cuanto se deje hipotecar sin esperanza al poder colectivo y el final del ciclo es la desesperación”.

¿Qué indica la realidad política de estos últimos días? ¿El final de un ciclo o la continuidad que refleja la falta de arrepentimiento de quienes cometieron tropelías inconcebibles durante 12 o más años? ¿Qué significa en este escenario la llegada actual de Massa a la cúspide de la dirección de la economía del gobierno de “los Fernández” (NO al poder)?

Nuestra opinión es que nada de lo que pueda ocurrir puede predecirse con precisión absoluta, pero habiéndose comprobado la sucesión de oportunidades desperdiciadas por los K (especialmente Cristina) para mantener su impunidad, permite sospechar que terminará en un fracaso.

Las hipótesis del Frente para Todos, sobre todo la de aquellos que acatan sin chistar la voluntad de su tótem, la Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia, están vinculadas con la religiosidad de una política que ha excluido siempre cualquier compromiso con “lo posible y lo tolerable”, y sus creencias no han consistido jamás en una interpretación correcta de datos y teorías ofrecidos por las ciencias, sino en una perspectiva basada en fundamentos superficiales, que dieron nacimiento a sucesivos relatos totalmente alejados de la realidad.

Esta nueva apuesta deja en claro que su inspiradora, muy preocupada por su futuro personal, teme que en algún momento se ratifique su participación excluyente en la tragedia que vivimos, y ha aceptado, tragando saliva, la irrupción grandilocuente de su “enemigo” Massa, quizá con el objetivo secreto de poder sacárselo de encima si fracasa y matar de tal modo dos pájaros de un tiro: antes Alberto, ahora “ventajita”.

Esto le permitiría llegar a las próximas elecciones sin hacerse cargo de lo que relatará en algún momento como errores de “otros”, con lo cual la jugada es una variante más de su acostumbrada “necesidad causal”; es decir, el argumento de algunos locos que tiran una piedra, rompen los cristales de una vidriera y miran para otro lado diciendo con desparpajo “yo no fui”.

En el mundo de la medicina, se suele hablar del efecto de ciertos analgésicos que producen la mejora temporal de algunas enfermedades terminales como el cáncer. Éstos no logran sin embargo una curación efectiva, y se debe recurrir finalmente a medios enérgicos que muchas veces involucran cirugías radicales. Esta cirugía radical es la que tratan de evitar Cristina y sus secuaces. Sobre todo, frente a las evidencias demoledoras del alegato del fiscal Luciani en la causa Vialidad Nacional respecto de la Provincia de Santa Cruz.

Es sabido que algunos individuos ambiciosos, obtienen a veces un relativo suceso temporal, pero nunca saben reconocer la limitación que pone el tiempo a su falta de sustancia y persisten en tratar de engañar a los demás enarbolando recetas esotéricas, hasta que todo el mundo confirma sus temores: se trata de embaucadores que intentan operar sobre distraídos y desesperados.

Para finalizar este breve análisis, reproducimos otra alegoría de Merton, que resume nuestra sospecha de lo que puede ocurrir de aquí en más. Dice el autor: “los ciudadanos salieron con bandas de música a saludar al Hombre Gordo, puesto que había sido dispuesto así. Pero el Hombre Gordo estaba perdido en su propio humo. La fuerza se desbordaba de su invento, y sus manos cayeron inertes: los ojos le saltaron Y LA GRASA EMPEZÓ A DISIPÁRSELE CON TODO EL CALOR QUE HABÍA CAUSADO CON SU DISCURSO. Las bandas de música seguían sin embargo sudando y soplando; y sus trompetas titiritaron…hasta que los tambores se desplomaron y el Hombre Gordo resultó ser finalmente más pequeño que un niñito”.

Este nuevo episodio de la telenovela “Jaque de la realidad a la Reina” –de eso se trata el asunto en sustancia-, dependerá de la cantidad de “grasa” que irá destilando el “niñito” aludido por Merton y cuántos pañales descartables podrán, eventualmente, contenerla.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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