Miércoles, 10 Agosto 2022 11:16

El culto a la mentira lleva al fracaso colectivo de una sociedad - Por Carlos Berro Madero

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El escritor irlandés Jonathan Swift (siglo XVII) señaló alguna vez, de manera satírica y aguda, que quien miente algunas veces, no se da cuenta de la pesada carga que se echa encima, porque para mantener su mentira DEBE FINALMENTE INVENTAR OTRAS VEINTE.

La política de nuestro país ha caído en el pozo profundo en que lo han sumergido las mentiras (¿de todos para todos?), porque muchos creen, impúdicamente, que las mismas denotan cierta astucia y sagacidad para lograr objetivos supuestamente “trascendentes”. 

Mienten así muchos políticos y hombres de negocios, mienten muchos hombres de la calle…y también algunos periodistas adocenados por el poder de turno, intentando modelar la realidad de una manera específica, deliberada y “conveniente”.

Una gran mayoría de la opinión pública se ha acostumbrado a tolerar relatos falsos, sin analizar a fondo las consecuencias catastróficas que han ido acarreando para la república; sin advertir, además, que son un vehículo utilizado por algunos individuos desprejuiciados para resolver intríngulis provenientes de su incapacidad para hacer el bien, en razón de su apego a ciertas concepciones totalmente equivocadas del mundo y de la vida, insinuando, desvergonzadamente, que estas contribuyen a lograr objetivos supuestamente “benéficos” para la sociedad.

Néstor y Cristina Kirchner arribaron al poder utilizando estos argumentos y no tuvieron ningún empacho para favorecer de tal manera su enriquecimiento desmedido a través del tiempo, dando inicio a un ciclo nefasto de gobiernos cruzados por la corrupción, intentando someter la verdad mediante el envenenamiento sutil y progresivo de una opinión pública a la que se consiguió aletargar durante muchos años.

Por las buenas o por las malas. Ejemplos sobran.

La abundancia de pruebas en esta materia ha sido detallada públicamente, con pelos y señales, por los fiscales Luciani y Molas en la causa Vialidad Nacional, que se instruye en la justicia respecto de delitos cometidos en la obra pública de Santa Cruz. Delitos que respondieron claramente a una maquinaria ilegal montada “ad hoc” por el matrimonio Kirchner y sus secuaces.

En efecto, Néstor y Cristina sumaron a un séquito de serviles amanuenses que cumplieron distintas funciones en su entorno, haciéndolos partícipes de parte de los frutos de las exacciones perpetradas respecto del erario público, a fin de mantenerlos en un silencio casi sepulcral. Los De Vido, López, Muñoz, Báez, Esquenazi y cientos de otros individuos de la misma calaña, pudieron celebrar de tal modo un gran “progreso” para su economía personal.

A pesar de lo aquí expuesto, muchos kirchneristas, incluida la misma Cristina Fernández, no parecen sentirse mal en su fuero íntimo por ser unos perfectos mentirosos: solo explotan de indignación cuando los demás les atribuyen su calidad de tales, entorpeciendo por todos los medios a su alcance las investigaciones que han probado “en blanco y negro” los testimonios de sus tropelías.

Porque la pretendida “redistribución”, en cuyo nombre han delinquido hasta terminar enterrando a nuestro país en la

miseria, no es reducible a una u otra de las definiciones que figuran en la obra de los buenos autores sobre la materia: solo se ha limitado a yuxtaponer ciertas fantasías delirantes, para lograr su inserción “competente” en el imaginario popular.

De eso debemos desembarazarnos cuanto antes, si queremos ver resurgir a una sociedad que ha visto afectados, como diría Jean Revel, “el conocimiento, la cultura, los medios de difusión y lo que yo denominaría LA VIDA VEGETATIVA DEL PENSAMIENTO”.

La gran desgracia, añade Revel al respecto de cuestiones semejantes, es que el ideal de la libertad se pone muchas veces al servicio de la tiranía, el ideal de la igualdad al servicio de los privilegios, y las aspiraciones de las fuerzas sociales denominadas con el vocablo “de izquierda”, enroladas al servicio del empobrecimiento colectivo.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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