Miércoles, 31 Agosto 2022 08:29

Egocéntrica, perversa y desorbitada - Por Carlos Berro Madero

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Estamos convencidos que Cristina Fernández pretende apuntalar su “trascendencia” personal, sin importarle un rábano los problemas que pueda causarle a la mayoría de la sociedad.

Con esa idea in mente, no comprende que sus “bombas mediáticas” y las concentraciones callejeras promovidas por un kirchnerismo en cuarto menguante, solo pueden contribuir a acercarla al ostracismo, ante el hartazgo de mucha gente que percibe con claridad que en la vida real –sin “relatos”-, existen disposiciones normativas que son iguales para todos y están tuteladas, afortunadamente, por el sistema democrático de los gobiernos republicanos. 

En efecto, la igualdad de los derechos de cada quien, no exime a nadie de ser juzgado por un delito eventualmente cometido, como sucede con la señora Fernández. Más aún, si ello está sostenido por la sustanciación de un proceso judicial donde desfilan libremente testigos de toda índole, se acumulan pruebas y se realizan pericias que las partes involucradas tienen tiempo para analizar y/o rebatir en tiempo y forma.

La desfachatez de blandir provocativamente el dedo índice hacia el tribunal que analiza una causa que la incrimina por corrupción y debe fallar en la misma, argumentando que ya ha sido “absuelta por la historia”, forma parte de una soberbia que siempre acompañó a la supuesta abogada exitosa a través de los años.

¿Podría indicarnos de qué texto sacó ese argumento inverosímil, dictatorial, imperativo y carente de toda juridicidad? Seguramente no.

En la historia de la humanidad a la que se remite elípticamente (salvo en las dictaduras), no existe ningún agravio ni humillación insoportable que pueda anular un proceso de investigación sobre la culpabilidad de alguien respecto de la comisión de un delito. Solo los depredadores alimentan un falso debate sobre fechorías cometidas por encima o por debajo de la ley, sintiéndose perseguidos porque les correspondería recibir el “nihil obstat” concedido a quienes moran en el olimpo de los dioses.

Se nos ocurre agregar, que los considerandos de la acusación que le han hecho los fiscales Luciani y Mola al pedir su condena como jefa de una asociación ilícita, han consistido en resaltar la “identidad” de un grupo formado en hábitos y técnicas con cuño propio, respecto de los intereses de toda la sociedad a la que ella, su marido y sus amanuenses perjudicaron gravemente con sus acciones.

Una sociedad de individuos del común de la que también forma parte la actual Vice, por lo que se le deben aplicar los mismos criterios de juzgamiento que a los demás, sumados al agravante de haberlos cometido durante su desempeño en la función pública.

Solo vemos entonces que como idólatra de una falsa identidad, se está comportando de manera elitista y muy perversa para singularizarse de sus prójimos y sacar ventajas sobre ellos.

¡Tan solo ella, que dice ser la promotora de medidas “nacionales y populares”!

¿Por qué deberíamos seguir bailando pues al ritmo de la danza frenética de quien pretende imponernos una supuesta

superioridad -¿étnica, cultural, heredada?-, que debería ponerla siempre fuera de los juicios de una realidad a la que intenta deformar como le plazca?

Su monocorde, nervioso y desordenado alegato reciente ¡por You Tube!, pretendió dar por sentado que la corrupción es un mal común en el que todos los actores de una sociedad participamos, asimilándonos así a la “cultura de lo idéntico” inherente a la esencia del ser humano, incluyendo, como frutilla del postre, ¡a su propio esposo Néstor! indicando con ello claramente el calibre de sus desvaríos psicológicos.

Pero no, señora. No somos todos iguales. Y muchos de nosotros hemos aceptado y aceptaremos siempre estar alcanzados por reglas de una justicia que sostiene una democracia republicana que Ud. intenta demoler con argucias primitivas y bailecitos públicos vergonzosos.

Compórtese como la estadista que intenta ser (sin mucho éxito es cierto), en medio de su desesperación por considerarse como una personalidad augusta, y dedíquese a ver qué hará con el gobierno “pastiche” que armó, con el que nos está llevando a la ruina.

Además, respecto de acontecimientos que han exhibido la impudicia y violencia de sus militantes (azuzados por Ud. y otros miembros de su gobierno), el gobernador Rodríguez Larreta no la ha “sitiado” en su domicilio al tratar de contener las peligrosas manifestaciones populares que permanecen día y noche frente a su domicilio, orinando y defecando en las alcantarillas de la calzada.

Solo pretendió restablecer el orden que siempre privó en un barrio donde una gran mayoría de vecinos no está de acuerdo con los medios que Ud. utilizó para llegar a Recoleta desde Tolosa, casi sin escalas, amasando una fortuna escandalosa de

la que no ha conseguido dar explicaciones claras hasta hoy, luego de haber sido funcionaria pública durante toda su vida.

Para concluir: a Ud. señora, no le preocupa tanto ir presa –sabe que quizá no vaya nunca por la demora de la justicia en “ajusticiar” a los culpables de cualquier delito-, sino que se haya inaugurado su “prontuario” personal con un pedido de condena por corrupción, que le impedirá pasar a la historia como la redentora de los pobres.

Y lo que parece haber quedado implícito, es de qué manera los usó de señuelo para enriquecerse impúdicamente. Más pruebas que las exhibidas “en negro sobre blanco” en el expediente de obras públicas de Santa Cruz (¿su lugar en el mundo?), jamás se habían acumulado con tanta espesura y abundancia respecto de Ud. hasta hoy.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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