Domingo, 04 Septiembre 2022 07:04

Un grave atentado del que nadie debe sacar provecho - Por Jorge Enríquez

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El que, según las imágenes elocuentes que desde el inicio se difundieron, sería un intento de homicidio a Cristina Fernández de Kirchner es un hecho grave, que merece una rápida y profunda investigación.

Además de indagar acerca de la conducta del autor del atentado, es necesario dilucidar el motivo por el que la vicepresidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, fue tan mal custodiada, justo en un lugar, la puerta de su casa en Uruguay y Juncal, donde desde hace varios días se reúnen cientos de personas y existe un clima muy tenso. Ahora se advierte que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tenía razón al vallar la zona, tanto en protección de la señora de Kirchner como de los demás vecinos, cuya seguridad y tranquilidad estaban siendo amenazadas. 

Desde todo el arco político se ha repudiado, sin medias tintas, este hecho. Es lo que corresponde. La defensa de la vida está más allá de las disputas políticas. Quienes somos muy críticos de la vicepresidente lo seguiremos siendo, pero jamás admitiremos el menor acto de violencia en su perjuicio. Ahora le toca a la justicia determinar de la manera más precisa posible qué sucedió, si se trató de una persona con las facultades mentales alteradas, si hubo otros partícipes, etc. Frente a eso, mucho más no podemos decir en estas primeras horas.

Hay que evitar los comentarios superficiales, las teorías conspirativas y las investigaciones de café. Ahora bien, sí podemos y debemos estar muy alertas ante la reacción del kirchnerismo. Lamentablemente, sus dirigentes y los principales funcionarios del gobierno nacional, incluido el presidente, no estuvieron a la altura del tono de mesura y respeto de los dirigentes opositores. Desde el inicio, no vacilaron en adjudicar el atentado a la oposición, a los medios de comunicación y a la Justicia. No llegaron a decir todavía que la oposición contrató a un sicario, pero todos repiten el mismo libreto: que el autor material fue de alguna forma instigado por los discursos de odio de la oposición.

Esa atribución de responsabilidad es gravísima. La democracia no está en riesgo por un intento de homicidio a la vicepresidente, pero se ve seriamente afectada si el oficialismo transmite la idea de que fue la oposición la autora mediata del hecho. Las consecuencias de fomentar esa creencia son funestas e imprevisibles, porque podrían justificar medidas excepcionales que restrinjan el normal funcionamiento de las instituciones.

Abundan los ejemplos históricos. No menos disparatada y perversa, aunque bien reveladora de los verdaderos móviles de la movilización convocada, fue la analogía hecha por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, entre la tentativa de homicidio y el alegato del fiscal federal Diego Luciani. Es inexplicable el decreto de necesidad y urgencia del presidente por el que, hacia la medianoche del jueves, dispuso un feriado nacional para que “la sociedad toda pueda expresarse” en defensa de la democracia y en repudio del atentado. La sociedad no necesita feriados para expresarse. Lo hace cotidianamente por los más diversos medios.

Lo que el presidente pretende es organizar un acto partidario en el que sin dudas se acusará a la oposición de crear el clima que propició la tentativa de homicidio. Como bien lo señaló Patricia Bullrich, quiso convertir un acto de violencia individual en una jugada política. Raúl Alfonsín sufrió tres atentados en su vida, dos de ellos siendo Presidente de la Nación. Uno fue muy similar al que vimos en Uruguay y Juncal. Ocurrió en 1991, durante un acto en San Nicolás. Pocos lo recordábamos, porque Alfonsín le restó importancia, entendiendo que son riesgos a los que están expuestos los líderes políticos. Una vez que el autor del hecho fue reducido, continuó con su discurso y les pidió a los asistentes que no lo atribuyeran a ningún político.

No hubo feriados, paros ni movilizaciones. Alfonsín creía sinceramente en la democracia, en la República, en el diálogo civilizado entre quienes piensan distinto. No se le hubiera ocurrido explotar ese triste acontecimiento en su beneficio personal. Las primeras reacciones -y, sobre todo, la ya muy conocida trayectoria- del kirchnerismo nos sugiere que en este caso las consecuencias son diametralmente opuestas.

Dr. Jorge R. Enríquez
Presidente Asociación Civil JUSTA CAUSA
Twitter: @enriquezjorge
http://jorgerenriquez.wordpress.com

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