Jueves, 08 Septiembre 2022 10:53

Entre versiones y obviedades - Por Carlos Berro Madero

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Al gobierno solo parece interesarle sobornarnos para que terminemos confundidos y resignados ante lo inevitable.

Quienes lo componen -en todos sus estamentos-, abogan para que les reconozcamos sus “brillantes descubrimientos” -como el reciente “dólar soja” de Massa-, a fin de que mordisquemos pequeños trozos de una zanahoria que aparece o desaparece del escenario, para mantenernos entretenidos frente a los engranajes tramposos de su maquinaria aceitada y llevarnos – según ellos-, a la “salvación colectiva de la sociedad”. 

El confuso atentado a Cristina llegó como frutilla de un postre que no nos habían servido aún, calzando como anillo al dedo para poner en evidencia las estrategias oscilantes de un gobierno cuyos miembros más conspicuos cultivan una insólita sofisticación eufemística, para tapar su ineficiencia, su corruptela moral y su locura ideológica.

No sabemos qué resultados arrojarán las investigaciones sobre el mismo, pero nuestro “vacío” es lo que ellos necesitan para justificar su propio “vacío”, mientras nos administran somníferos para que no agitemos una superficie turbulenta que van vigorizando una y otra vez, mediante renovados episodios de lo que parece ser una novela negra.

Algo sórdido, que parece apuntar a la aniquilación de las disidencias y poder celebrar la “trascendencia olímpica” del kirchnerismo, hundiéndonos cada día un poco más en el barro de sus conjeturas falsas de toda falsedad.

Poco es lo que puede agregarse.

Quizás, recordar al rey a quienes sus cortesanos concedieron el supuesto poder de vestir un “manto” invisible para salir a la calle y predicar sobre la verdad, hasta que un niño se atrevió a señalar que el rey iba desnudo.

Nos hace falta con urgencia un niño semejante al de la leyenda. ¿Cuándo aparecerá?

Como señala Thomas Merton, “cuando todo anuncio nuevo es el mayor anuncio, cuando el desastre de cada día no tiene comparación, cuando el peligro de cada día requiere el sacrificio supremo, todas las noticias y todo juicio quedan reducidos a cero.”

“Solo vemos”, agrega, “multitudes agolpadas de una sociedad escatológica: la sociedad del fin, que se acumula junto a todos aquellos para quienes no hay sitio (nosotros, los disidentes), lanzados y tirados en peso a un remolino de formas varias, como espectros humanos revolviéndose sin meta alguna y deseando no haber nacido”.

Vivimos tiempos de políticos patéticos, gobiernos patéticos e intereses patéticos y solo un milagro podrá redimirnos.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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