Miércoles, 14 Septiembre 2022 09:41

Ante el griterío multitudinario, solo resta apostar al valor de la razón - Por Carlos Berro Madero

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“Muchas verdades no son difíciles en sí, y sin embargo a nadie ocurren sino a los hombres de talento. Cuando ellos las presentan o las hacen advertir, todo el mundo las ve tan claras, tan sencillas, tan obvias, que parece extraño no se las haya visto antes”
- Jaime Balmes

No parecería que esta regla, magistralmente descripta por Balmes, pueda ser aplicada al kirchnerismo, cuyos prosélitos - sin ningún talento visible-, ignoran el valor de las progresiones matemáticas y la influencia que éstas tienen en la resolución final de cualquier fórmula que resulte a la postre irrefutable. 

Vivimos así un trágico escenario donde la política está gobernada por la ineficiencia, el autoritarismo y los apotegmas estentóreos de una auténtica turbamulta.

La dilatada historia del peronismo –hoy kirchnerismo-, permite advertir una “doctrina” mística que ha revuelto el cerebro de sus simpatizantes, al punto de llevarlos a derramar sobre los demás una serie de apelaciones sentenciosas, que hoy versan primordialmente sobre el supuesto odio que les profesamos los disidentes en respuesta al amor que ellos nos prodigan diariamente (¿), lo que impediría, en su concepto, un despegue transformador para una sociedad que flota a la deriva.

¿Por qué ocurre todo esto en realidad?

Porque no es posible andar por la vida mandando a los demás con violencia mal contenida, pretendiendo que el resultado final permita obtener una paz invocada como un “mantra sagrado”.

Porque no se debe incluir o excluir de la acción política a los ciudadanos según sus preferencias personales dentro del marco de la ley, provocando enfrentamientos estériles.

Porque el curso ordinario de las cosas de este mundo está teñido siempre por la diversidad y no hay forma de aplicar alguna regla que permita anular su naturaleza esencial.

Porque el abuso de exageraciones ideológicas, a las que el kirchnerismo es tan afecto, no conseguirá jamás destruir las preferencias aludidas, que provienen de la diversidad aludida.

Porque la experiencia indica que el gobierno actual no ha sido capaz hasta hoy de “fijar” el sentido de las voces que usa - vagas e inconexas-, que evidencian haber sido tomadas “de improviso”, para salir del atolladero al que han arribado en su intento de disimular una realidad adversa.

La Basílica de Luján ha expuesto, en ese aspecto, el salvajismo cultural de una fuerza política que se encuentra transitando la pendiente más abrupta de toda su historia.

¿Qué más puede decirse del bochinche conceptual que desataron allí a raíz del presunto magnicidio contra su “reina bastarda”, en momentos en que el resto del mundo admira y recuerda a Isabel II de Gran Bretaña, una Reina de verdad?

Su elocuencia ruidosa y primitiva, permite advertir el daño causado a través de la historia por algunas “asambleas deliberantes”, celebradas por quienes trataron de aplacar las voces claras y austeras de la democracia republicana, ignorando que “la realidad de las cosas no se muda porque se haya excitado el entusiasmo de la asamblea de los espectadores y se haya decidido una supuesta votación, con los acentos de un orador fogoso” (nuevamente Balmes).

Y respecto de la reciente consigna voceada por el kirchnerismo en el Parque Lezama, proclamando que “el pueblo cuida a Cristina y Cristina cuida al pueblo”, respondemos: “la democracia resguarda a Cristina, mientras Cristina insiste en ignorar la realidad”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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