Miércoles, 28 Septiembre 2022 10:56

El Estado prófugo - Por Sergio Crivelli

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Hasta la salida de Martín Guzmán había un presidente que corría detrás de los problemas. Después de la salida de Guzmán continúa corriéndolos desde atrás, pero si los alcanza, no los puede resolver porque carece de poder. La sensación de anarquía que se está instalando obedece a esa percepción generalizada.

Hoy el gobierno está compuesto por un presidente formal, una vice que usa el Senado para resolver sus problemas judiciales y un ministro de Economía que tiene una inflación del 100% y todavía no presentó el plan de estabilización. Sólo produjo humo, estrategia en la que debe ser incluido el presupuesto 2023, otro exponente de la colección de "dibujos" que el kirchnerismo mandó al Congreso a lo largo de los años. 

Este gobierno sin respuesta se ha mantenido impasible ante la paralización de la fabricación de neumáticos, una bomba de tiempo que empezó a hacer tic tac hace mucho. Fernández parece estar preguntándose ¿y a mí por qué me miran? Pero es el primer responsable de lo sucedido porque aportó el explosivo: la inflación. El segundo es el sindicalismo, que acortó la mecha con medidas salvajes.

El gremio involucrado, que se reivindica leninista-trotskista, hizo paros, bloqueó las fábricas y como no obtuvo la respuesta que esperaba la semana pasada tomó por la fuerza las dependencias oficiales en las que se realizaban las negociaciones. La representante del Estado debió salir del edificio con custodia policial. Ya no se trata del estado ausente, sino del estado prófugo. El Presidente y el ministro del área no dijeron nada.

Los sindicalistas alegaron que ejercían sus derechos, pero la cuestión ya había dejado de ser de derecho. Al menos laboral. Había pasado a ser una cuestión penal por la violenta ocupación de las instalaciones. El mundo del revés: en lugar de que la coacción fuera ejercida por el Estado, la ejerció una patota sindical. Como en el 73.

El episodio tiene aspectos oscuros. Desde que se aplicó el bloqueo el objetivo sindical pareció claramente el de paralizar la producción. En ese caso el negocio de la importación comenzaría a brillar.

Pero más allá de las hipótesis, hay unas cuantas certezas. La primera es la tolerancia del gobierno de conductas delictivas. La segunda, que esa impunidad alentará a otros sindicalistas a dinamitar cualquier plan antiinflacionario. La tercera, que la sensación de descontrol, parálisis y ausencia de rumbo en el puente de mando es cada vez es mayor. La cuarta, que las expectativas de normalización de la producción y de la actividad económica van a esperar a un próximo gobierno que garantice un mínimo de orden y legalidad. El problema es que cualquiera sea su signo político ese gobierno deberá mostrar la voluntad de enfrentar a los grupos violentos y además poder suficiente para doblegarlos, algo que hoy parece un insumo más escaso que los neumáticos.

Sergio Crivelli 
Twitter: @CrivelliSergio

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