Viernes, 30 Septiembre 2022 10:24

Figuritas, neumáticos y dólares – Por Vicente Massot

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Un gobierno que, a través de su secretario de Comercio Interior, debe prestarle atención al faltante de figuritas relacionadas con el campeonato mundial de fútbol a punto de comenzar en Qatar, o bien no tiene idea de cuáles son las prioridades del país que habita o bien está mirando otro canal.

A Matías Tombolini el cargo que hoy ocupa le queda grande, como a tantos otros en distintas administraciones políticas que padecimos los argentinos en las últimas décadas. Un comentarista televisivo con buena llegada al público y conocimientos normales de economía está en una de las trincheras más expuestas del gobierno. Es como mandarlo al cabo Giménez a hacerse cargo de un cuerpo de ejército en plena batalla, contra fuerzas enemigas superiores en número y capacidad combativa. Que el citado funcionario haya convocado a una reunión de alto nivel para determinar qué se podía hacer con los interesados en completar los álbumes correspondientes antes del comienzo de la Copa del Mundo, demuestra sus llamativas limitaciones. Entre otros motivos porque la culpa del fenómeno le corresponde al oficialismo del que forma parte. Las figuritas de la discordia podrían importarse si no fuese por las restricciones -impuestas por el equipo económico- que pesan sobre los productos que vienen del exterior. Así de sencillo. 

Contra lo que podría creerse, no es el único caso que revela la endeblez del híbrido sistema económico en el cual debemos movernos. A propósito de los 43.000 argentinos que, según estimaciones oficiales, viajarán al referido emirato árabe para ver a la selección de Messi, las autoridades gubernamentales -que sufren sofocones a diario- no saben qué hacer y, a instancias de un pedido de la Unión Industrial Argentina, imaginan que cabría implementar un dólar Qatar. Si de acuerdo a esos mismos cálculos los hinchas nativos llegados al Golfo Pérsico gastaran, por todo concepto, unos U$ 700 MM entre noviembre y diciembre próximos, es lógico que Massa y sus muchachos no duerman tranquilos. Los dos ejemplos traídos a comento, vinculados con el deporte del balompié, ponen al descubierto que la frazada que cobija las decisiones del ministro es corta por donde se la mire. Si trata de taparse la cabeza, inevitablemente tendrá frío en las piernas y si, en cambio, privilegiase a éstas, se le congelarían la nariz, los oídos y la boca. Lo que se dice un lío de aquellos sin ninguna solución definitiva posible.

Cuando se hizo cargo del Palacio de Hacienda Silvina Batakis, en un off the record que -de más está decirlo- rápidamente se hizo público, les confesó a los gobernadores que la escuchaban atentos que la situación de las reservas era desesperante. Dos meses después -poco más o menos- José Ignacio de Mendiguren, ante algunos de los principales representantes de la UIA, acaba de repetir lo mismo. Sabido era que el Fondo Monetario Internacional iba a considerar cumplidas las condiciones impuestas a la Argentina para seguir adelantándole los dólares que nuestro país requiere para pagarle a ese organismo de crédito. Pero que los burócratas que dirige Kristalina Georgieva hagan la vista gorda no significa que el panorama luzca entre nosotros mucho mejor que al momento de producirse la precipitada salida de Martín Guzmán. Algo ha mejorado, es cierto. Sin embargo, las causas del problema de fondo no han sido atacadas y no lo serán. Lo cual preanuncia que de aquí y hasta el fin del mandato populista se gobernará aplicando parches aquí y recortes allá.

El presidido por Alberto Fernández es un gobierno desflecado que actúa a veces con notoria falta de autoridad, a veces improvisando sobre la marcha, a veces de manera inútil- mente provocativa, y a veces en forma peligrosa. Cuatro ejemplos de distinto tipo -de los muchos que podrían traerse a comento- lo explican. El conflicto del sindicato único de trabajadores del neumático (Sutna) con las tres empresas del rubro radicadas en el país, y la toma de las fábricas de por medio, ha puesto al Estado nacional en un lugar incómodo. El copamiento de parte del Ministerio de Trabajo por parte de los sindicalistas, cuya conducción es de origen trotskista, y la inacción del titular de la cartera, revelaron la incapacidad de las autoridades para ponerle coto a una acción claramente ilegal.

El segundo ejemplo es la decisión de Cristina Fernández de aprobar el proyecto de ley sobre la conformación de la Corte Suprema, llevándola a quince miembros. El bloque que le responde en cuerpo y alma votó de manera disciplinada y, con el apoyo inestimable de tres “independientes”, logró lo que quería. El tercero se corresponde con la idea -que en estos días circula en el Ministerio de Economía- de autorizar un blanqueo de capitales para el sector industrial. En cuanto al cuarto, tiene relación directa con el ataque mapuche a un destacamento de la Gendarmería Nacional en la zona de Mascardi.

El titular de la cartera de Trabajo, Claudio Moroni, trasparentó su falta de temple para enfrentar situaciones críticas y la crisis -que lleva abierta más de cuatro meses- obró el cierre temporario de las fábricas con el consiguiente efecto sobre la producción de automóviles. El avance de la vicepresidente a expensas del superior tribunal de Justicia puso al descubierto la falacia del llamado al diálogo con el arco opositor -imposible en un contexto semejante- y lo gratuito de su movida. Sirvió sólo para agigantar la grieta, porque no tiene la más mínima posibilidad de prosperar en la cámara baja del Congreso Nacional.

Pensar siquiera en un blanqueo sectorial en estos momentos revela un cierto atolondramiento. Es como si la obligación de mantener viva la esperanza que generó el desembarco de Sergio Massa en el gabinete lo obligase a sacar todos los días un nuevo conejo de la galera. Por fin, el incidente protagonizado a instancias de un grupo terrorista, alzado en armas contra el Estado argentino, a treinta kilómetros de la ciudad de Bariloche, evidencia la falta de respuesta de Aníbal Fernández y deja traslucir la orden dada a los efectivos de esa fuerza de seguridad de no repeler el ataque. No deja de ser riesgoso que, ante la violencia artera y recurrente de una indiada extranjera, los responsables de enfrentarla en tiempo y forma se hallen atados de pies y manos para defenderse y defender a la población cuando sea menester por una decisión gubernamental. La amenaza mapuche crece en intensidad a medida que la inacción resulta la única política del Estado.

Da la impresión de que el navío oficialista marcha a la deriva. Cada uno de sus integrantes se encarga de tomar decisiones -unas veces importantes y otras intrascendentes- sin consultar a nadie y sin razonar como correspondería, acerca de sus inevitables consecuencias.

¿Quién manda? Según cual sea la materia de que se trate, puede mandar Cristina -ley para ampliar la Corte-, Alberto Fernández -confirmación de Miguel Pesce al frente del Banco Central- o Sergio Massa. Pero las malas relaciones que existen entre el presidente de la Nación y su compañera de fórmula, la independencia que en el manejo diario de la economía ha ganado Massa y la obsesión de la viuda de Kirchner con su situación judicial, hacen que no haya ni conversaciones ni acuerdos previos ni, mucho menos, un plan de acción consensuado. ‘E la nave va’, para copiar el título de la famosa película de Federico Fellini.

Vicente Massot

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