Viernes, 07 Octubre 2022 11:26

Macri, la UCR y la digresión mental argentina - Por Carlos Mira

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La presentación del libro “Para Qué” que Mauricio Macri escribió en colaboración con Pablo Avelutto, ha dado lugar a una serie de especulaciones sobre la candidatura del ex presidente, más aún cuando su figura fue severamente atacada desde las propias filas de JXC por el médico Facundo Manes que acusó a Macri de haber hecho “populismo institucional” cuando, según él, utilizó los servicios de inteligencia para espiar personas y una “mesa judicial” (usando una terminología muy parecida a la del kirchnerismo) para influir sobre los jueces.

Macri acaba de regresar al país de una gira que lo llevó por EEUU y Europa y ahora, antes de fin de mes, presentará su libro en Buenos Aires, en lo que muchos interpretan como el inicio de su “campaña”. 

En los últimos años no ha sido raro que los políticos en la Argentina utilicen la presentación de libros como excusa para recorrer el país y con ello respaldar una candidatura o, al menos, una campaña. Fue lo que hizo Cristina Fernández en 2019 con “Sinceramente”, una puesta en escena previa a las elecciones de ese año.

El gobierno podría complicar la manera en que la oposición tenga que resolver sus discusiones internas de candidaturas por la vía de anular las PASO, que, claramente, serían el instrumento más cómodo para dirimir esas disputas. De lograr el FDT ese cometido, JXC estaría obligado a encontrar una método creíble y confiable para designar candidatos que, una vez utilizado, deje a todo el mundo conforme y sin quejas públicas que resquebrajen la unidad más de lo que ya está.

Resulta obvio que JXC nació con una galladura de origen que resulta muy difícil de eludir cada vez que las papas queman. En estos últimos días, Manes -que no parece tener el equilibrio que uno supondría en un “neuro-científico”- extremó esas diferencias valiéndose, justamente, de cuestiones institucionales que es en donde mayor consenso parecerían tener todos los partidos que conforman la coalición. De allí el estrépito que causaron sus declaraciones.

Pero fuera de eso, aun antes de que Manes llegara a JXC, había en esa sociedad política cortocircuitos que solo se disimulaban por la buena educación que todos trataban de mantener pero que eran insoslayables a poco que uno se internara en el análisis.

Es más, antes de que el médico llegara a la política, el “Manes” de JXC era Gerardo Morales, habitual protagonista de desplantes y palabras altisonantes para con Macri y otros protagonistas del PRO.

Y esto tiene que ver con la “galladura” de origen a la que nos referíamos antes y con la cual nació, en su momento, Cambiemos. Ese “vicio” tiene que ver con las diferentes miradas que los dos socios mayoritarios de la coalición tienen respecto del rol del Estado en la economía. Sí, vuelta la burra al trigo: el bendito rol del Estado en la economía.

Con el correr de los años (y con la experiencia de su propio gobierno) es notorio como la porción del PRO que responde al ex presidente se ha ido acercando más a posturas económicas liberales que pretenden reducir drásticamente la participación estatal en el desenvolvimiento económico del país. Es más, muchas de esas personas especularon con una unión con el grupo libertario de Javier Milei que se reunió varias veces con el ex presidente y en donde ambos intercambiaron elogios, reconocimientos personales y coincidencias ideológicas.

Esta postura es completamente refractaria al núcleo duro de la UCR. Puede ser que haya protagonistas más laterales del partido (Losteau, Tetaz) o incluso históricos como (Alfredo Cornejo) que hayan evolucionado en los últimos años a aceptar que el nivel de intervencionismo estatal, presión tributaria y regulación de la economía es completamente contradictorio con la finalidad de crecer, atraer inversiones y modernizar la Argentina. Pero en el fondo, los caciques tradicionales de ese partido -representados, como nadie por su mismísimo presidente, Gerardo Morales- siguen creyendo que el Estado debe desempeñar un rol central en el funcionamiento económico del país. Creen que el problema con el Estado es que está en manos de inescrupulosos kirchneristas, pero no que el problema sea el Estado en sí mismo.

Esta discrepancia supone un desacuerdo severo sobre el fondo de lo que habría que hacer. Es lo que Macri intenta presentar en su segundo libro.

Mientras ese intríngulis no sea resuelto en el seno profundo de JXC no se podrá ordenar un programa de gobierno serio, coherente y cohesivo para enfrentar los tremendos problemas que tiene el país.

Hace no mucho tiempo, por ejemplo, Gerardo Morales dijo que en la Argentina no había espacio para bajar los impuestos. Entonces, Morales, ¿en qué consistiría su cambio? Si se propone llegar al gobierno para “dar vuelta” lo que está ocurriendo, ¿cómo va a hacerlo si piensa continuar haciendo lo mismo? Nunca se habría encontrado un ejemplo más perfecto de una rebelión contra lo que Albert Einstein definió como locura.

Por eso, lo de Manes pudo haber hecho un ruido un poco más estruendoso de lo que había ocurrido hasta ahora porque eligió una temática no-económica para atacar a Macri. La prueba está que hasta sus propios correligionarios radicales lo dejaron solo. Pero, en el fondo, mientras aquella disrupción de base con la que nació esta sociedad política no sea resuelta, no se podrá avanzar, por ejemplo, en la toma de experiencia con el nefasto “gradualismo” que hundió desde el primer día al gobierno de Cambiemos. ¿Acaso los radicales, por ejemplo, estarían proponiendo presentar un “gradualismo 2.0” que, según ellos, esta vez sí funcionará?

La otra opción para el fenómeno Manes, es que el médico sea directamente un “topo” kirchnerista infiltrado en JXC. Algunos podrían considerar esta opción como una locura, pero hoy en día nada es demasiado loco en la política argentina.

Ese mismo drama existencial que tienen los radicales respecto del rol del Estado en la economía, también lo tiene el PRO, aunque en menor medida.

En el partido fundado por Macri también hay un ala que ellos llaman de “moderación” (y que otros llaman “palomas”) que también tiene posturas difusas respecto del rol del Estado en la economía. Claramente, Horacio Rodríguez Larreta no ha evolucionado tanto como el ex presidente en el convencimiento de que la participación estatal en la economía debe ser reducida drásticamente. El jefe de gobierno sigue creyendo que el Estado en manos suyas sería bien diferente del Estado en manos kirchneristas.

A esa posición se le opone la de Patricia Bullrich (que también coqueteó con Javier Milei y que siempre es defendida por éste) que entiende que el “gradualismo” fue un error supremo y que, esta vez, desde el primer día, los recortes de la fofa grasa estatal deben ser el motor que impulse al nuevo gobierno.

Como se ve, la discusión política argentina sigue anclada en patrones que el mundo moderno resolvió hace mucho. Si la sociedad no fuera lo hipócrita que es, quizás ella podría hacer una contribución notoria para dejar atrás toda esta antigüedad: si los argentinos fueran conscientes de que no se pueden votar ideas que no producen los bienes y servicios que a ellos les gusta disfrutar las ofertas políticas solo podrían consistir en variaciones sutiles de lo que se conoce como capitalismo liberal o capitalismo democrático, porque está empíricamente demostrado que solo las variaciones de esa idea producen el estilo de vida, los enseres y los dispositivos que a los argentinos les encantan. Partir del supuesto de que todas esas maravillas seguirán existiendo aun cuando se voten ideas que no las producen supone una digresión mental que es urgente resolver. 

Carlos Mira
https://thepostarg.com/editoriales/macri-la-ucr-y-la-digresion-mental-argentina/#.Y0BUmXbMI2w

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