Domingo, 23 Octubre 2022 01:25

Los grandes electores - Por Natalio Botana

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En el Frente de Todos, Cristina Kirchner podría repetirse como quien toma la decisión. En Juntos, mientras Mauricio Macri duda podrían quedarse sin PASO.

En la tradición política argentina, gran elector es aquel que tiene la capacidad suficiente para imponer a su sucesor. Si el régimen representativo es restringido y el gran elector ocupa una posición preeminente en el Gobierno, hay más probabilidad de que consagre a su candidato. Si, en cambio, el régimen representativo es democrático y de alta participación, ese candidato tendrá que afrontar la incertidumbre de una competencia electoral. 

Esta tradición persiste en nuestros días en un contexto transido por la desconfianza y el descreimiento social. Nadie, en efecto, parece contar con un generoso apoyo para trazar un rumbo que nos permita avizorar un futuro mejor. Siguen pues marcando el paso la polarización y el faccionalismo.

Aun así, la política no baja los brazos; sigue inundando los títulos, los portales de noticias y las tribus de las redes, aunque lo hace sin recuperar el apetito por el porvenir. La política está anclada en la vereda opuesta de un presente constantemente cruzado por consignas referidas al pasado inmediato.

Esta atmósfera impregna las dos coaliciones que ahora disputan anticipadamente el poder y abren curso, todavía sin candidatos a la vista, a la próxima campaña electoral. En este trance, los grandes electores tienen mucho que decir y conservan un potencial de influencia no desdeñable.

No obstante, ese potencial remite más al plano interno de ambas coaliciones que a su proyección externa. Si atendemos a las imágenes de popularidad, que tanto la Vicepresidenta como Mauricio Macri obtienen respectivamente en cada una de las coaliciones, observamos un fenómeno simétrico: ambos arrastran a los suyos pero no logran concitar el favor de una opinión arisca (se la llama independiente) que se manifiesta al paso que se intensifica el azote de la crisis económica.

El sistema del gran elector ha funcionado en el Frente de Todos con resultados opuestos. En 2015, la sucesión de la presidenta Fernández de Kirchner quedó en manos de la fórmula derrotada Scioli-Zannini; por su parte, en 2019 la fórmula ganadora la integró ella misma en la vicepresidencia con la asistencia de Alberto Fernández en la presidencia.

En las dos ocasiones se fraguó el mismo método: no hubo competencia abierta y las PASO ratificaron la decisión de CFK, la gran electora. Derrota en un caso, victoria en otro, el método fue el mismo. ¿Lo será con vistas al próximo año?

Antes de responder a esta pregunta, conviene especular acerca de lo que acontece en el espacio rival. La figura de Mauricio Macri despierta, al respecto, atención y crecientes dudas pues aún ignoramos si optará por desempeñar el papel de gran elector patrocinando una fórmula, permanecerá neutral, o bien en última instancia participará directamente en los comicios asumiendo, como cuatro años atrás, la candidatura a presidente.

Estas incógnitas no tardarán en despejarse mientras en nuestro país y en el mundo de las democracias los liderazgos padecen una sostenida erosión. Empantanados en ásperas polarizaciones, como nos muestra el cierre de la campaña presidencial en Brasil, o en derivas hacia el extremo de la derecha, según podemos observar en Italia y en el Reino Unido, los liderazgos se transforman, aunque al precio de la endeblez y de la inestabilidad.

Los rasgos salientes de este momento no expresan tanto esos cambios, inconcebibles en el orden práctico hace pocos años (quién hubiera imaginado, por ejemplo, la resurrección de Mussolini), si no la declinación de los partidos y, en consecuencia, del régimen representativo.

Duele constatarlo: siguiendo una tendencia profunda que no se ha cancelado, los liderazgos fuertes ascienden en el seno de las autocracias, en Rusia, China y, en menor escala dada su irrelevancia, Venezuela o Nicaragua.

Desde luego, este clima impacta y se hace más agudo entre nosotros. Es curioso: la obsesión que trasuntan discursos, relatos y consignas se condensa en la palabra unidad, un recurso retórico que no hace más que encubrir un descenso sostenido hacia la dispersión y el antagonismo.

¿Podrán estos agentes que denominamos grandes electores contener esa pasión divisoria? Parece difícil. En el Frente de Todos, los antecedentes no ayudan. CFK fue la gran electora de dos fórmulas que no satisficieron tal propósito, en particular en estas semanas cuando las tendencias intestinas se enfrentan a cielo abierto, cruje la unidad y la economía no da respiro.

Por su parte, en Juntos por el Cambio la apuesta por una competencia encuadrada por las PASO sigue siendo el marco más adecuado para que, con o sin grandes electores, surja un liderazgo unificante. Tal proyecto quedaría trunco si, al cabo, prospera un voto mayoritario en el Congreso para eliminarlas.

No faltarán observadores que adviertan que, tras estas maniobras y expectativas, se oculta una feria de vanidades en la cual los pretendientes, como es ley de la política, buscan conquistar el poder. No habrá que negar, sopena de inocencia, este componente duro, pero si a ello no se añade un esfuerzo colectivo para reconstruir el tejido dañado de nuestra sociedad, tales esfuerzos sembraran con nuevos fracasos el campo de la decadencia.

Con esto queda en evidencia que el tema de este tiempo es, en nuestro país, el de la reconstrucción. Y sería absurdo concebir que tal empeño sea patrimonio de la improvisación y las miradas cortas. El oficialismo por cierto no lo hace y la oposición de Juntos por el Cambio aún no ha formulado ninguna oferta sugestiva de reconstrucción.

Entre tanto, el silencio programático persiste y los liderazgos disruptivos, satisfechos con esta falencia, siguen avanzando. Si la virtud individual rara vez alcanza plenamente su cometido, más difícil es enhebrar virtudes colectivas que conviertan una coalición electoral en una maquinaria de reconstrucción. Por ahora, en medio de este tumulto de voces, no se destaca una voz unificante. Quizás a ello también obedezca el crepúsculo de los grandes electores.

Natalio Botana  
Politólogo e historiador  
Profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella

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