Miércoles, 26 Octubre 2022 09:27

Breaking Point para Larreta - Por Ignacio Fidanza

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El desafío de Jorge Macri indica a Larreta que el tiempo de jugar al distraído se terminó. Macri, el radicalismo y la Ciudad, el triángulo de Bermudas que deberá sortear si quiere seguir en carrera.

El método es claro. Pone cara de distraído, rehúye la confrontación pública, pero no abre diálogos reales y desafía desde el armado político. Hasta acá ese sistema de acumulación política le funcionó. Pero la pelea por la Presidencia no sigue la lógica de conquista de la Ciudad. Es otro deporte. Como gobernar el país es muy distinto a gobernar una provincia. Ahí están los testimonios de De la Rúa, Rodríguez Saá y Macri para confirmar que se puede ser exitoso a nivel local y fracasar en lo nacional. 

Larreta llegó hasta acá con su estilo de horadación silenciosa. No es poco. Una apuesta al aparato, las encuestas, el libreto. Un culto a la acumulación eficiente, que empieza a palpar sus límites en la pelea por la Presidencia. Casi como pretender navegar un ciclón con una muralla china.

El desafío de Jorge Macri elogiando el coraje de Patricia Bullrich, apenas un día después de mostrar el mismo entusiasmo por su primo, encierran una discusión política muy seria que atraviesa a la cúpula del PRO y que Larreta, aparentemente sin respuesta -o sin ganas de blanquear su respuesta- viene esquivando. Pero se le acabó el tiempo.

El dilema es sencillo. Macri cree que el PRO no puede entregar la Ciudad al radicalismo -Martín Lousteau- y Larreta sabe que es la prueba de amor que le pide la UCR para apoyar su candidatura presidencial. Larreta piensa en aparatos y acaso imagina que sumar la estructura nacional de la UCR a la suya, lo vuelve invencible. 

Radicales como Lousteau, encantados con la situación, dejan en claro a quien quiera escucharlos que "si vamos a un esquema de fórmulas cruzadas, es con Horacio, no con Macri o Patricia". Bullrich es muy consciente de esto, porque antes de la foto con Jorge Macri buscó de manera infructuosa cerrar un acuerdo con Lousteau. "No puedo, tengo mis convicciones", le contestó el economista.

Pero el problema de confiarse en los aparatos es que no siempre garantizar el resultado. Si no, Menem nunca le hubiera ganado la interna a Cafiero, que tenía el apoyo de la CGT, los gobernadores peronistas, los dirigentes más destacados, la provincia de Buenos Aires y casi todo lo "sólido" que había en el PJ.

¿Larreta es Cafiero y Bullrich es Menem?, parece exagerada la comparación, pero la sola pregunta que circula en el PRO advierte a Larreta el desafío de fondo y de forma que enfrenta. No sólo tiene que empezar a definir los temas importantes -como la Ciudad y su relación con Macri-, sino acaso también tomar nota que hay algo en la manera híper controlada con la que lleva las riendas, que le quita sorpresa y frescura. Un nicho que Bullrich aprovechó para crecer.

El grupo más serio que rodea a Larreta entiende que ya está, que no puede seguir postergando una conversación seria con Macri, que pasó de enviar mensajes a ponerse en jefe de campaña de Patricia. Hay gente trabajando en producir ese encuentro. "¿Alguien exploró con Macri como sería su idea que el PRO no puede entregar la Ciudad?", se preguntan cerca de Larreta. Sería como preguntarle: "¿Cómo crees que se puede ganar sin los radicales?". El radicalismo no quiere repetir la experiencia del gobierno de Macri y cree que quedarse con la Ciudad equilibra de manera instantánea la coalición nacional.

Si la idea de Larreta era postergar esta discusión, para seguir volando bajo mientras acumulaba poder hasta volverse inevitable, le prendieron la luz. Macri le prendió la luz. Lo que viene es muy interesante porque en los dos lados tienen argumentos importantes.

Larreta tiene la oportunidad de asumir públicamente la defensa de sus ideas con la misma energía que Bullrich expresa las suyas. Si cree en la necesidad de acordar con el radicalismo para llegar, en no enojar a un peronismo que está convencido que va a necesitar para gobernar, no son ideas menores ni es necesario disimularlas.

Macri y Patricia piensan distinto. Ponen el acento en lo ideológico y apelan al voluntarismo para esta vez sí, sin los radicales y contra los peronistas, hacer lo que no hicieron cuando fueron Gobierno. Porque lo contrario es alargar la decadencia. Hacen falta remedios extremos.

Es interesante lo que reflejan estos enfoques. Larreta se concentra en el cómo, Macri y Patricia en el para qué. No parece una diferencia inabordable, incluso sugiere un encastre posible. En el medio, sólo la política.

Ignacio Fidanza

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