Miércoles, 08 Noviembre 2023 14:04

¿Cómo regular la pobreza y la incultura? - Por Carlos Berro Madero

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El filósofo y matemático alemán Gottfried Leibniz en su obra “Nuevos Ensayos Sobre el Entendimiento Humano” (1700), sostenía que los males del presente suelen originarse en cuestiones matemáticas muchas veces inexploradas del pasado histórico.

Por tal motivo, el puro azar, que zarandea la existencia de muchos individuos, los convierte muchas veces en idiotas y otras en dementes. 

Sobre todo, porque no recapacitan sobre el esplendor y los límites de la prodigiosa “razón” cartesiana, que se apoya en las matemáticas, la física y lo biología, y nos aleja de la vanidad de falsas revoluciones que intentan transformar a la sociedad para comenzar una nueva historia.

Algo de todo eso está ocurriendo en el escenario de la política argentina, cuyos líderes principales (reducidos en estos días a Massa y Milei, por razones obvias), olvidan casi todo lo que han provocado “el día anterior” mediante discursos encendidos, confirmando que un individuo inferior se distingue por no poner en juego la memoria más larga en favor de sus conveniencias del presente.

En ese sentido, Milei corre con alguna ventaja, porque no tiene suficientes antecedentes que le permitan identificar al hombre del común qué pueden ocultar algunos símbolos impactantes que propone para salir del pantano en el que estamos chapoteando.

En efecto, POR EL MOMENTO NO HAY TODAVÍA NADA PARA RECLAMARLE, salvo una crudeza discursiva que hiere un poco la sensibilidad pajuerana que rodeó hasta hoy el espíritu de una sociedad que se ha acostumbrado a no plantearse alternativas de cambio, absteniéndose así de expresar la índole de sus verdaderas convicciones.

Massa, por el contrario, trata de sobrevivir apelando al barullo de ciertas promesas incumplibles, dirigiendo su discurso a quienes han sido la base del partido peronista tradicional en su versión “K”: una muchedumbre disociada de toda realidad que no coincida de manera excluyente con sus necesidades básicas elementales.

Masas que han dejado de valorarse a sí mismas desde hace rato y se sienten “como todo el mundo” respecto de algunas demandas bastante pedestres: comida y un lugar donde refugiarse para poder vivir sin exigirse a sí mismos nada especial.

El drama argentino es hoy la pobreza física y mental en que nos han sumergido las políticas de un kirchnerismo que ha inoculado al pueblo con la idea de que vivir es solo SER A CADA INSTANTE, sin hacer ningún esfuerzo para perfeccionarse y caminando por la vida como si tal cosa.

Un pueblo que no ha pretendido interferir en las políticas públicas de los gobiernos peronistas más allá de sus quejas permanentes, por su aversión a adquirir dotes “especiales” que lo hubiesen llevado a dejar de gozar de los privilegios que obtuvo por su calidad de “sumergido”, mientras toca a rebato una consigna abstracta inquietante: “a cada necesidad, corresponde un derecho”.

Todo esto vuelve muy difícil saber cuál será el peso de la historia, interpretada por una mayoría de la población que piensa con las vísceras al decidir preferencias que pueden

terminar en un nuevo y frustrante “dejà vue”; desconociendo una severa advertencia de John Maynard Keenes cuando sostiene que las apuestas voluntaristas a un futuro indescifrable suelen soslayar una realidad de a puño: “en el largo plazo, de una u otra manera, todos estaremos muertos” (sic).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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