Viernes, 28 Junio 2024 10:04

La Tolerancia es la Base intelectual de la Civilización - Por Roberto Azaretto

La tolerancia es según el diccionario de la lengua española “respeto a las ideas, creencias, o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

La tolerancia es un deber y un derecho, no se puede exigir tolerancia hacia las ideas y cultura propias sino se hace los mismo con las de los otros, es recíproca y esencial para asegurar la convivencia civilizada.

“Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” En esta frase de Voltaire está definida con claridad el derecho a la libertad de expresión y el significado del respeto y la tolerancia hacia las discrepancia que es esencial en una democracia.

Otra palabra relacionada con la tolerancia (del latín tolerare) es moderado de raíz indoeuropea que viene del verbo moderari, raíz también de meditar, Moderado es estar en la justa medida, es adoptar posiciones alejadas de los extremos. Una palabra muy usada para definir sus posiciones políticas por ese político notable de Mendoza que fue Carlos Aguinaga. Moderación como meditar son actitudes poco usuales en estos tiempos no solo en esta parte del mundo en el que reaparecen fantasmas como los que asolaron y nos llevaron a períodos nefastos para la condición humana en los treinta del siglo pasado.

Las insatisfacciones sociales, las expectativas de mejoramiento social no cumplidas, la emergencia de oligarquías saqueadoras, los cambios en las estructuras productivas con su secuela de beneficiarios y perdedores provocan el surgimiento de supuestos redentores que promueven el conflicto, la búsqueda de culpables innominados y la división social. Pareciera que una sociedad resentida busca profetas que se le parecen en sus complejos, resentimientos y búsqueda de chivos expiatorios para sus frustraciones.

Es una manera, al señalar culpables externos, de evadir las responsabilidades.

Lo vemos en los sátrapas que gobiernan varias provincias argentinas, siempre la culpa es del centralismo porteño, que en realidad es de un estado nacional que las provincias impusieron por las fuerzas de las armas a los porteños en 1880. Pero así como en las provincias dirigencias de tercera trasladan las culpas de sus fracasos a lo que se decide en Buenos Aires, en este ámbito las tienen los ingleses, los Estados Unidos, el FMI, la sinarquía. Nunca se asume la responsabilidad.

Muy grave es cuando las presuntas culpas son de un sector de la sociedad en que vivimos. Pueblo y anti pueblo, pueblo y oligarquía, patriotas y anti patria o cipayos, gente de bien o planeros, pueblo y casta. Grietas que parecían superadas en los primeros años del restablecimiento de las instituciones democráticas y con los gestos de reconciliación que más allá de enormes falencias tuvieron lugar en el gobierno de Menem reaparecieron con el gobierno de la diarquía santacruceña y que salvo el interregno del gobierno de Macri retornaron y se acentuaron desde el retorno kirchnerista al poder.

Top