Martes, 27 Agosto 2024 13:12

“En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso”. ¡Estamos al horno!- Por Guillermo Javier Nogueira

Instalado en mi lugar de vagabundeo mental veo un amanecer soleado, escucho una paloma arrullar y festejo los brotes del ciruelo. Sonrío recordando a los Bernárdez, vecinos de mi infancia y juventud. Eran maestros en el arte del uso de  las palabras, comenzando con Aurora que en ese jugar  nos trajo a Julio.  Mariano contándome el origen  de las marchas militares a partir del supuesto diálogo entre un niño y su padre un día lluvioso: “parará papá, parará tachín”, lo hacía conteniendo la risa.

Teresa proponía embarcarnos en el canasto de mimbre y ser remeros en el Volga antes que lloviera. Don Francisco, el padre gallego, realista en doble sentido, pregonaba: “siempre que llovió paró”. Todo apropiado para mis circunstancias actuales luego de tres días de lluvia. Me salió el Ortega y su “socio” Gasset, burla de los cultos a los ignorantes que solo podían concebir un apellido compuesto como una razón comercial. Traigo mi taza de café y reconozco estar de buen humor a pesar de… El buen humor se debe al buen dormir junto a la aparición del sol que con su luz contrabalancean el a pesar de…la realidad nuestra de cada día en una sociedad plagada de verdaderas malas noticias y mentiras.

Un par de sorbos de café aceitan “la pensadora”, vaya manera de decir neuronas y sinapsis en un hombre de las neurociencias. De todos modos es así y eso arma mis redes que como autopistas me llevan a múltiples lugares a veces conocidos, otras inexplorados, supuestos o imaginados. El café fue como la nafta que alimenta el motor de las memorias y sus enlaces. Lo presumo infatigable y perfecto a sabiendas que es una ilusión consuelo, como la de mi padre palmeando al viejo auto de su gran amigo agradeciéndole por un buen viaje. Ante algún comentario despectivo por su antigüedad respondía, “por qué cambiarlo si anda fenómeno”.  En realidad, él quería a su amigo y al auto que como buen mecánico también quería y cuidaba. Así pretendo hacer yo con mi máquina favorita, la famosa pensadora.

Don Francisco expresaba una certeza, Mariano una mentira, Teresa otra mentira llamada juego, ilusión o fantasía y Aurora nos acercaba a las palabras y sus funciones variables según usos y costumbres. Pienso  entonces, lo importante son las personas que las crean, usan, cambian, gastan, les dan sentido,  en resumen  aquello que les confiere humanidad.

Las palabras lo vehiculizan y de esa manera se crean los vínculos que llevan a la congregación  en sociedades y civilizaciones según la cultura que van incorporando tanto como creando.  Es una construcción cuya solidez y posibilidades estará dada por el diseño tanto como por los ladrillos y su pegamento. Saberes y materiales, memorias y ejecuciones. La condición de posibilidad para que esto funcione apropiadamente son las certezas y los afectos, las emociones que las valoran. La duda es una cara de la ignorancia y las decisiones en ese contexto implican fatalmente riesgos que ya no podemos atribuir al azar sino a la estupidez de los ignorantes.

Dos tragos más y me rondan palabras como mentira, falacia, libertad, límite, elección, opción, realidad, verdad. Se  abalanzan como el remolino al revolver el café. Un minuto de reflexión y entonces la veteranía de investigador y docente me llevan a buscar puntos de partida, anclajes, como las definiciones del diccionario. Buscando mentira encuentro que es equivalente a falsedad y ambas se refiere a algo que se dice o  hace con intención de engañar. 

Se mencionan diferentes tipos que van  de Piadosa a Absoluta, pasando por Destructiva, Constructiva, Involuntaria, Calculada y Por Omisión. En honor a Mark Twain agrego Malditas y La Estadística.  En esencia todas se refieren a la falta de verdad. La variedad depende de las intenciones, el contexto y las superposiciones.  No caben dudas que son generadas por seres humanos, estimo en  exclusividad.  De allí parte su valor, los objetivos  y la manera de construirlas. Los animales se ocultan, acechan, se agazapan, disimulan su presencia como estrategia de supervivencia; es la sorpresa, no la falsedad, la manipulación o el falso acuerdo y en ello les va la vida.

El instinto los hace previsibles, no mentirosos. Los humanos razonan y planifican estrategias de supervivencia en un nivel más alto de abstracción sirviendo igualmente en el fondo a la necesidad de mantenerse vivos y procrear. Fingen, seducen adoctrinan; en el fondo ocultan sus intenciones, mienten. El instinto se transforma y sus designios suelen ser misteriosos por los falsos indicios que muestra..

Por lo tanto la imprevisibilidad es cercana a una regla para cada individuo y sus circunstancias. Así es como surgen sorprendentemente conductas altruistas y perversas. . Algún poeta o sacerdote diría que albergamos en la insondable profundidad  ángeles y demonios. Los sacamos a relucir cual actores en ese escenario de la conciencia portando máscaras, maquillajes, libretos y telones de fondo. Hay tempo, actos, un devenir y también un telón que los hace desaparecer, marcando un cisma con la otra escena la de la realidad del universo espectador.

No casualmente a ese telón le llamamos vulgarmente cortina de humo o futbolísticamente hacer jueguito para la tribuna. Me quedo preguntando como muchos otros prestigiosos pensadores cuán real es la realidad. Nudo del problema, pues puede reformularse la pregunta como cuál es la verdad y por ende  cuáles son las mentiras. Las certezas se van a pique y la toma de decisiones es un cálculo de probabilidades. Siempre aparecen los griegos, sus anfiteatros, la comedia y la tragedia. Me siento como ellos en este momento de puro divagar; pensar por el placer de hacerlo dando rienda suelta a la curiosidad arrastrando el carro de la experiencia.

No sin sorpresa, buscando en el diccionario de las etimologías descubro que la palabra mentira proviene de mente, lo que corrobora la génesis humana tergiversando  el procesamiento de las entradas sensoriales; la información. La importancia radica en que la información sensorial transporta  la “realidad  real”; esa que se supone existe  más allá que sea observada o no, en tanto no sea distorsionada de alguna manera. 

Realidad y verdad se conjugan y cuajan en certezas. Las variantes individuales genuinas no las afectan, pues se concretan en detalles importantes para identificarlas como tales, pero sin cambiar su esencia. Ese proceso requiere de una transducción y traducción simbólica que la convierte las sensopercepciones en abstracciones mentales con el lenguaje como su concreción más relevante.

Si hay correspondencia entre la entrada sensorial, el lenguaje y las ejecuciones, decimos que hay veracidad y sus derivadas certeza, confiabilidad, honestidad e inclusive valores éticos como bondad, corrección, justicia. Como nadie es perfecto, las variantes requieren límites, por lo cual al menos en el proceso de investigación hablamos de grados de variabilidad para atribuir  certeza.

Aparece la subjetividad y sonríe Mark Twain al ver que se la atribuimos a valores que superan el azar es decir 50%. Un poco mejor que arrojar una moneda al aire a partir de hacer y estudiar precisamente eso. Jugando con el lenguaje decimos entonces que algo es posible, probable, muy probable y cierto o lo contrario. Nos conformamos de esa manera porque aprendimos (no todos) que las certezas absolutas y permanentes no existen en tanto que ignoremos la totalidad y podamos poner límites y medirla. Problema de los sentidos, la mente y la docta ignorancia: sabemos que no sabemos, mejor dicho lo que no sabemos pero que nos atrae y desafía.

El camino es la ciencia porque pone a prueba la realidad estableciendo relaciones que llamamos de causalidad que permiten predecir y reproducir más allá de toda duda. Un gigante un tanto endeble si solo se basa en ser más de la mitad de un todo que no abarcamos. La religión calma las aguas y consuela cambiando razón por fe que no requiere demostraciones, o las demostraciones son delirios místicos atrapantes para algunos. Si hay mucho sentimiento, en general hay poco razonamiento.

Las importantes son las mentiras absolutas y deliberadas, semejantes a las falacias lógicas porque implican la posesión de objetivos egoístas, en beneficio propio, causando perjuicios, dolor, sufrimiento al “otro” no reconocido como tal, con iguales derechos, necesidades y obligaciones. Quienes las emplean pueden llegar al límite de negar la existencia del ”otro” y la subjetividad con que los interpela. Puro instinto de supervivencia, identificable con una abstracción llamada codicia. La abuela trajinando en la cocina  y con ese poder de síntesis me diría “tratan de hacerte pasar gato por liebre”. 

La tía Adelina agregaría son hipócritas, término que resume esta situación: hacer daño  o inducir deliberadamente al error, el perjuicio, y luego alegar inocencia.

Podemos también pensar la mentira y la hipocresía   como aquella intensión perversa que otro corra los riesgos, cometa los errores por ignorancia ingenua o inducida, para quedarse con los beneficios en algún caso, evitar las consecuencias negativas en otros, poniendo la culpa en el ejecutor y no en el mentor. Un buen ejemplo ha sido la última elección presidencial en que por un malicioso juego político se perdió la posibilidad de elegir libremente entre una variedad de candidatos obligando a optar entre dos a los cuales no se habría considerado ideales previamente.

Elegir en contra o para impedir por una opción forzada, es en esencia una falacia amañada cuyos autores alegan inocencia y se hacen los sorprendidos por los resultados. Con desparpajo aparecen los asesores de imagen, vulgares “marketineros” que “couchean”, arreglan entrevistas, maquillan, peinan y  transportan muchedumbres como los “ejércitos de pacotilla” puestos en escena en alguna ópera. Nunca falta algún niño para alzar y besar o un viejecito para expresar agradecimiento por beneficios existentes solo para él. Damas de variado porte completan el decorado de ese candidato que en realidad es más creado que genuino.

El problema es que realidad y verdad, si bien tienen un grado de incertidumbre, esta no justifica la endeblez de la ética que suele aplicarse con doble vara. La mendacidad no es aceptada como excusa en las ciencias en general, incluyendo las humanidades; no obstante, parece moneda corriente en la política, la prensa y el foro. Aparecen los nuevos términos como fake, relato, verso, trucho, o algunos más groseros como boludearte, empaquetarte, fornicarte y cambiaría el fake por el fuk tan a la moda.

Se puede ser académico en la Facultad de Derecho y trasgresor de las leyes en el foro o en las funciones de gobierno.  “Hecha la ley hecha la trampa”, otra vez la tía Adelina y mi viejo; yo agrego “¡cómo que dos bibliotecas opuestas!” mirando la mía donde hay tomos en diferentes estantes pero que debaten y acuerdan en mis lecturas porque verdad hay una sola, solo difieren las miradas. Me tiento a decir como en las manifestaciones y en la cancha: “hay una sola, las demás se quedan piola”

Otro punto a destacar es que como en toda relación entran en juego la comunicación y el vínculo. Por lo tanto hay una interacción entre poder mensaje y medio en el que uno de los miembros termina como víctima no siempre inocente y muchas veces inducida. Es fácil abusar de la ignorancia y la debilidad esencial que la acompaña.

El fanatismo, la paranoia, las ideas sobrevaloradas, el poder y su hubris establecen una comunicación enfermiza, compleja y no siempre fácil de detectar. Suele utilizar  el ocultamiento abusivo de la verdad/realidad  disimulado bajo apelaciones a la sabiduría del líder. En nuestro caso la obtiene como una luz proveniente del más allá frente a la supuesta ignorancia del resto de los ciudadanos incluidos los del resto del orbe. Como la realidad finalmente se impone, aparecen la desmentida, el caos, la violencia y una nueva serie de falacias y mentiras. Parecemos condenados a ese eterno flujo y reflujo en tanto no aparezcan la inocencia y la ingenuidad que permitan decir como he reiterado en otras notas “el rey está desnudo”  Por ahora estamos en la ceguera del no la ven, no la vimos venir…

Otra taza de café muy necesaria porque el ánimo se caldea por el solcito pero más por reconocer que estamos inmersos en un océano de mentiras que nos ahogan. Basta con abrir los ojos y tratar de manteneros vivos para darnos cuenta que todo lo hacemos “a pesar de” y “no gracias a”  Hay poder y abuso del mismo en vez de autoridad. Las máximas figuras públicas del gobierno, la política y los medios han caído tan bajo que sus desnudeces afloran por todos lados.

Escuchamos hablar de negociaciones, componendas, negociados, obscenidades, carpetazos, espionaje vendido como inteligencia, seres humanos vulnerables y sufrientes calculados y cuantificados en curvas y estadísticas que ocultan hambre, infancia, vejez, pobreza e ignorancia; sin siquiera respetar las matemáticas. Tráfico de personas, armas, drogas, influencias, tarifados en valores de moneda de referencia internacional

De la misma forma se abusa de supuestas ideologías implantadas en cabezas carentes de ideas. Es por eso que  la expresión “estamos en el horno” me parece apropiada. El horno es donde las cosas se cocinan, se funden en un devenir inevitable cuando lo arrojado allí son animales únicos e irrepetibles: personas. El problema es que el horno lo manejan quienes merecen estar dentro de él. Ni por asomo es el horno o crisol donde se funde para mejorar, crear, hacer aleaciones con nuevas y mejores características. El horno donde estamos es destructivo sin más.

Pensando por qué estamos en esta situación, regreso a los principios, no al entendido como comienzo, sino aquél de los valores, recordando a mis padres, maestros, algunos viejos líderes ya en la historia, todos buenos docentes cuya autoridad les reconocíamos  por ser veraces, condición  comprobable al ser ejemplo de lo que predicaban. Lo que pensaban lo decían y ejecutaban sin fisuras o dobleces.  Eso ya no se da, al menos en las personas en que debería ser así. Por eso sorprende cuando alguien es reconocido como excepcional por su honestidad, cuando la excepción debería ser lo opuesto.

Mucho palabrerío con la educación expresando preocupación por los días de clase, los dirigentes gremiales, las aulas, las computadoras y los “planes de estudio” y poco acerca de los maestros, el acto ejemplar como base de la autoridad y  la salud de los estudiantes materia prima insustituible. La falacia es culpar a la economía del pasado y pensar que su cambio es la solución. Educar no es adoctrinar; los hipócritas hacen lo opuesto, militan y creen que usar un color o cambiar una letra cambia la realidad.

Médico Neurocirujano

Psicólogo

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