El lado bueno proviene del encuentro con viejos amigos. Largas charlas, caminata y esta vez el sol metafóricamente, aquél que alumbra el alma. Estuvo presente en los abrazos, los recuerdos y especialmente en la imparable conversación, el diálogo, la reflexión juntos. Se complementa con el más frecuente sustituto del video por la red con aquellos otros, que por edad y distancia debemos resignarnos a ese como sí.
De alguna manera coincidimos en estar atentos, interesados en mirar y pensar la realidad tratando de interpretarla, en ese cotejo distópico, diacrónico, anacrónico, a veces ucrónico, de mirar el presente, cotejarlo con nuestro pasado, y sospechar predictivamente el futuro. La tarea es renovada constantemente porque aunque la sentimos como casi imposible, la mayoría somos humanos usuarios de las ciencias con las que caminamos, tropezamos, nos levantamos, atraídos por lo ignorado, e ilusionados con achicar la brecha.
Eso nos ha mantenido vivos, existiendo semejantes pero no idénticos, usando “anteojos” muy parecidos por nuestros orígenes, educación y circunstancias. Así Marito lee a los estoicos, nos lo recomienda y lo usa como recurso para lidiar con lo que va viniendo. Rabito desborda de afecto y preocupación por todos, nos cuida estando siempre presente, Tachuela pone todo en duda, conoce mucho, tal vez demasiado y por eso alienta el razonar desconfiado.
Finalmente yo, deambulo por el pensamiento complejo yendo y viniendo entre la filosofía y las neurociencias; a veces les hago creer que ando por terreno seguro, otras les lleno de dudas mías y ajenas, pero todas significativas. Lo interesante que nos une, además del afecto y tramos de existencia compartidos, es una creciente preocupación por eso tan elusivo como la realidad verdadera, esa que suponemos existe cuando no la observamos. Ideas de realidad, veracidad, confiabilidad, autoridad que nos interpelan por advertir sus contrarios o contradicciones, no obstante lo cual, no nos doblegamos y tratamos de saber para ayudar a cambiarla mejorándola, haciéndola transparente, creíble, tal vez previsible, aunque duela.
Nos sentimos y somos padres, abuelos y también maestros responsables de esos jóvenes que pretendemos nos superen y sean mejores. Para ello les contamos “cuentitos “como éste que voy hilvanando. Pueden ser fantasías, pero no ocultan ni mienten. ¿Por qué estar preocupados entonces? La preocupación, el lado triste, proviene de la peligrosa costumbre de tratar de estar informado. Si saber es poder debemos intentar estar informados para conocer y así construir saberes.
El imán pantalla, a veces la radio y siempre la prensa escrita, logran estresarme pues hacen lo contrario de mis deseos que ya me parecen de una ingenuidad rayana con la zonzera. Fake news, abruptos cambios de postura según medios, canales, frecuencias, al compás de los avatares de la política y el poder real, léase los pagadores de pautas, salarios y otros gastos “ocultos”, logran el mal humor; otras veces deprimen cuando insuperables.
No hay zapping que valga ni giro en el dial o recorrido por la red. Trato de entender por qué sucede esto. Inmediatamente me doy cuenta que lo malo ha preponderado. Lo bueno en muchos casos lo fue borrando el tiempo. Aparecen recurrentemente guerras, Primera y Segunda Mundial, Korea, Vietnam, Árabe –Israeli, Irak-Irán, Del Golfo, Afganistan, y ahora un movimiento cuasi ameboide que se inicia entre Palestina e Israel, pero en realidad es entre grupos considerados terroristas ubicados en Iran, Siria, Líbano, Palestima, Yemen del Norte y el estado de Israel. Se busca la “solución final” a un conflicto aniquilando al agresor según momento y lugar. ¿No debería alertar por sus consecuencias a la que allá por los 39 formulara quien pregonaba la supremacía racial?
Al mismo tiempo una invasión Rusa a Ucrania, reivindicando la posesión de territorios de la Rusia Zarista, encuentra respuesta en una coalición de naciones, la NATO junto a Ucrania. Se tejen y destejen alianzas y se formulan amenazas de todo tipo en un tablero, donde los gobernantes juegan con el destino de poblaciones enteras movidas irracionalmente por algún relato cargado de simbolismo y emocionalidad.
Hemos tenido cortina de hierro, muro de Berlin, vallados y alambrados entre USA y México y otras fronteras donde en algunas es más fácil controlar e impedir el paso de personas emigrantes, que armas, drogas o personas negociadas como mercancía. Necesito más café pues el panorama es sombrío. Múltiples intentos para que la historia no se repita. UN, NATO, UNESCO, Comunidad Europea, Infinidad de tratados, que como diría mi abuela, se escriben con la mano y se borran con el codo. Memoria de Chamberlain negociando con Hitler y Churchill, que estima solo la destrucción total del enemigo traerá la paz al costo de sangre sudor y lágrimas.
Se pagó ese precio pero la paloma sigue volando con su olivo sin anidar definitivamente. Otros ejemplos fueron la Triple Alianza, el Tratado de Versailles, la rendición de Japón ante los aliados que no obstante se reparten Alemania y Berlin dando comienzo a la guerra fría Al mismo tiempo Einstein y Heisemberg reniegan de sus descubrimientos dejados en manos de políticos gobernantes. con el argumento del mal menor. ¿Y qué de los pilotos del Enola Gay, o de aquellos otros que inspiraron a Picasso en Guernica? Un siglo después los psicólogos analizan esta conducta de toma de decisiones como un dilema sin solución satisfactoria. La tragedia es disimulada presentándola en la academia como el dilema del tranvía o del tren, muere uno o cinco según se accione una palanca que desvíe o no al vehículo asesino.
Se reconoce la complejidad sumando variables, por ejemplo alguien afectivamente ligado al responsable de accionar la palanca, un puente con un sujeto que puede ser empujado para caer en las vías logrando el mismo efecto y considerar finalmente que alguien debe empujar a un semejante, que además puede ser conocido, amigo, enemigo o un don nadie.
Se intentará de este modo llegar al punto clave, la correlación entre las características psicológicas de cada individuo y su toma de decisiones para finalmente atribuirlas a algún mecanismo cerebral, a la cultura o ambos. Estamos frente a las incógnitas de los determinantes de las conductas humanas posibles, predecibles, coherentes, verdaderas, valoradas, responsables, morales, éticas, aparentes, transparentes, confiables, o como sonriendo o cantando Borges y Les Luthiers, dirían: “todo lo contrario”.
En eso estamos, vamos, venimos, jugamos con palabras que representan más o menos la realidad que nuestros sentidos nos traen y procesan, también más o menos. Para colmo tenemos ilusiones que exageran lo positivo, el más y ocultan lo negativo, el menos. ¿Hipócritas, mentirosos simples y llanos, macaneadores de entrecasa, cínicos?
Un traguito y engancho con la última palabra recordando Hiroshima y Nagasaki. Suena a cinismo decir que para lograr la paz hay que prepararse para la guerra. Sospecho los fabricantes de armamentos deben haber redactado al menos el borrador. Los vencedores escriben la historia, peor aún, se reparten el mundo, no solo las tierras en disputa. Crean un falso internacionalismo donde unos pocos poseen derecho de admisión y veto en el Consejo de Seguridad de la UN. A semejanza de cualquier casino, todos juegan, pero solo gana la banca.
¿Cómo puede suceder esto a lo largo de la historia? Partimos de mentiras, engaños, hipocresía y el ocultamiento deliberado llamado secreto. Este proceder adquiere diferentes ropajes: relato, adoctrinamiento, tergiversación, amenaza encubierta junto a una extensa gama de acciones concurrentes en deteriorar la educación y desinformar.
La plasticidad cerebral es usada como masilla para moldear “soldaditos”, “militantes” de algo que no entienden ni conocen bien Son guiados a la irracionalidad, las emociones y el rechazo en ese universo dividido entre ellos o nosotros, buenos o malos, réprobos o elegidos, iluminados desde el cielo o malignos provenientes del infierno. Otra manera de hacerlo es fragmentando la historia, de modo que los acontecimientos relevantes a favor sean recordados, pero no los opuestos. Igual truco se da con la historia que se nos enseña a partir de Europa occidental como cuna de la civilización y cultura, omitiendo el real origen del homo con sus culturas iniciales nada despreciables en África y Oriente. Para muestra basta un botón. Ibn Sina, conocido como Avicena, poseedor de un saber enciclopédico, publica como médico el Canon en el siglo X , utilizado como tratado en Europa hasta el siglo XVII.. La biblioteca de Alejandría es otro dato contado superficialmente por su destrucción y no por su contenido abierto a todas las culturas de su época.
Hoy la crisis de los migrantes de África hacia Europa a través del Mediterráneo debería hacernos reflexionar sobre la verdadera causa de ello. Invierten la corriente de conquistadores que traficaron con sus antepasados esclavos y sus riquezas. Afloran las argucias de españoles, italianos, ingleses, belgas, franceses y alemanes para “pasarse la pelota” y no reconocerse culpables.
Argentina es un triste ejemplo actual, no el único. Hambrunas y pobreza en países exportadores de alimentos, cobre, diamantes, plata, oro, petróleo, gas, ahora litio, uranio, e inclusive recursos humanos calificados, debería llamar a la reflexión pues es una brutal incongruencia. Otra vez la abuela diría “esto no encaja”. Latinoamérica no escapa a esta situación con la Alianza Para el Progreso, Cumbres de las Américas, ALCA, OEA, Grupo de Puebla, Comisiones Interamericanas de Derechos varios, Mercosur, Tratado Andino, más otros arreglos que no impiden dictaduras feroces, gobiernos inestables, cercos y vallas kilométricos y una barrera natural la selva del Darien, para impedir la migración forzada no ya a una tierra de promisión sino a un lugar digno donde poder comer, educarse, cuidar la salud y no ser perseguidos, encarcelados y torturados. Abundan los discurso, las denuncias en múltiples foros pero nada cambia.
Los llamados pueblos originarios son manipulados de las formas más diversas, que en el fondo nuevamente esconden un relato mentiroso. Se trata de hacer creer que solo pretenden tierras por su valor comercial. Nos dividimos hasta por el fútbol, no como deporte, sino por ser un gran negocio al amparo de intereses políticos que lo utilizan como muestra del “ser nacional”. Ganar o perder además de mejorar o arruinar la economía, significan atribuir a un jugador, un equipo o un entrenador, las virtudes o falencias del propio país. La propaganda, otro relato más, hace el resto. Una candidata a presidente decía “hay equipo”.
Cual en una ensalada existen componentes menores, no por su crueldad, sino por ser menos visibles como han sido algunas dictaduras aún persistentes en Latinoamérica y feroces guerras tribales en África. Los europeos parecen amnésicos del apartheid. Pueden darse fenómenos (guerras) de “baja intensidad”. Ante esta mirada negra, S. Pinker junto a otros pensadores suelen aducir que hay menos pobreza, que la ciencia y la tecnología han mejorado las condiciones de vida por lo que la gente vive muchos años más. No obstante no suele decirse con igual prensa que lo importante no es más vida sino mejor vida y que los beneficios están muy desigualmente distribuidos. Un porcentaje mínimo de la población mundial posee el mayor porcentaje de riqueza. La desproporción es brutal. Existe una clase poderosa y “el resto”. La situación es obscena y evidencia que algo ha cambiado en la cultura.
Ese cambio algunos lo vemos como preocupante, amenazante. Humanistas, científicos y tecnólogos, preocupados por el cambio climático, la creencia religiosa en los números aplicados a la economía y en el cerebro como determinante absolutos de nuestras conductas van agrupándose en la esforzada tarea de esclarecer, develar, señalar falacias, sesgos, ilusiones e ignorancias.
Las creencias parecen ser inmutables y ahora con la IA abruman, pues más cantidad, más rapidez, procesando mecánicamente a través de incansables, quizás imparables algoritmos, atraen y seducen. Lo hacen en especial a aquellos que por imposibilidad genuina o fomentada, no pueden pensar críticamente sopesando ventajas y desventajas.
Surgen conductas que vistos sus resultados y miradas en perspectiva histórica señalan un marcador, la estupidez. Reabastecido me voy acercando al título. En primer lugar estupidez no siempre significa carente de inteligencia o conocimientos. Si lo es de sabiduría. Si miramos al cerebro no vamos a encontrar respuestas interesantes o válidas excepto en el caso de graves lesiones. Entonces la cosa pasa por otro lado y allí debemos buscar el origen: lo sociocultural con la economía compartiendo el liderazgo y el poder.
El mismo se conquista y se trata de mantener como sea, lo que implica algún tipo de violencia, no siempre física. La violencia más peligrosa y notable es la de la mentira y el secreto, pues ambos llevan a la ignorancia y no son fáciles de advertir. El poder está alimentado de secretos y mentiras. La sorpresa, el que “no la vean venir”.
El relato es el medio y método principal. Apela a lo emocional, lo inconsciente, lo irracional, a no dejar pensar, averiguar, cotejar y elegir. Es una hipocresía pues es un mentir a sabiendas y con un propósito indeseable. Se requiere una moral y éticas plásticas según conveniencias, o simplemente su inexistencia. El secreto de fondo es quien mueve la primera pieza sin que lo veamos, después el juego se desencadena implacable.
Éste es e implica en realidad la subsistencia, supervivencia de sociedades enteras ahora delimitadas en estados, naciones países. Si la información es muy fácil de adquirir y generalizar, cabe el riesgo que en manos indeseables ponga en riesgo esa existencia. Entonces, los reservorios de secretos justificables para nuestra civilización y cultura como protección ante potenciales enemigos, deben incrementarse y perfeccionarse en una espiral sin fin aparente.
La IA y su uso, nos convierte en involuntarios e ingenuos aportantes de datos que pueden ser acumulados, analizados y utilizados de las formas más variadas. Quienes financian y poseen esa posibilidad, detentan el verdadero poder para inducir, adoctrinar, controlar, impulsar. Por eso políticos, líderes, gobernantes, al igual que otros interesados en o poseedores del poder, siempre intentan controlar la información, circule cómo y por dónde sea. Los medios o las redes son ahora las autopistas.
La generalización da difusión y visibilidad, pero paradojalmente, por el exceso se añade ruido, lo que se traduce en dificultades para su recepción y comprensión convirtiéndola así en poco fiable en ocasiones. Por otra parte, al ser la información una mercancía más, el espionaje productor y atesorador de información secreta, se multiplica e independiza.
El mercado burocracia mediante, decide, financia, empuja a optar en vez de elegir. Ya llegando al fondo vemos que el misterioso poder real, ¿mercado?, delega todo o casi todo en otros, una forma de hacerse invisible, secreto, manera, en que el verdadero responsable siempre está en otro lugar. Yo argentino, palmas hacia adelante como freno a imputaciones, índice acusador desviando a un tercero.
Es interesante que en el mundo árabe cuando alguien quiere demostrar a su interlocutor que dice la verdad lleva su mano derecha al pecho, significando que habla desde el corazón, desde lo profundo y vital. ¿Suponen la cabeza y el cerebro artífices de las mentiras lenguaje mediante? Otros juntan las manos en señal de sumisión y plegaria. Los gestos parecen tener raíces más profundas y creíbles que las palabras.
De algún modo la verdad se escurre como arena entre los dedos y veces ni siquiera el secreto la contiene. Complejo ocultamiento de una mentira para hacerla pasar por una valiosa certeza, mecanismo de algunas estafas. Espionaje, contra espionaje, espías dobles o triples son jugadores en esta inacabable partida llevada a cabo con notable desparpajo.
Si todos mienten, ninguno miente y si todos mantienen secretos, entonces nada es un secreto único y absoluto. Estamos entonces frente a un serio problema ejemplificado por Epiménides y su famosa paradoja: Si un mentiroso dice que miente, está diciendo la verdad, cosa lógicamente incoherente. De allí nace la angustia, el miedo, la ira y la violencia como respuestas desesperadas. Ejemplos a la mano son los ejércitos mercenarios en el siglo XXI.
Los contratantes los hacen pasar como verdaderos patriotas comprometidos con alguna causa a pesar que ante diferencias en el pago pueden pasar de un bando a otro con singular presteza. Matan y mueren por dinero, cosa que se reprueba desde la ética “civilizada” aplicada a los “otros” en otros ámbitos. Los que pregonan la paz fabrican armas que venden al mejor postor y lo peor de todo, se mata indiscriminadamente, pues el que guía el dron, o lanza el misil, ni siquiera está en el frente de combate o ve in situ a quien mata o que destruye. Lo mismo el que convierte en explosivos a celulares, y otros artefactos de comunicación que se activan desde vaya a saberse donde. Así el odio al igual que el dolor también se tercerizan, negocian, banalizan y alejan en disputas académicas sobre derechos humanos, o ridículas leyes de guerra trasgredidas sistemáticamente. El ocultamiento de los responsables lleva a una falsa presunción de inocencia junto con una banalización del mal como señaló Hanna Arendt.
Los cambios tecnológicos en informática y su uso en comunicación fomentan este alejamiento de responsables y ejecutores de sus consecuencias. Si el misil cae en una escuela se aduce que allí había un reducto militar secreto que otro servicio secreto detectó y otro servicio secreto instaló y otro servicio secreto orientó el misil que un soldado disparó. Las noticias cuentan con igual grado de veracidad lo opuesto según el bando que les paga y representan.
Es posible y probable que de la escuela partieran misiles en dirección opuesta con la misma cadena de justificaciones. La admiración boba por la IA solo ve la rapidez y la abundancia pero ignora, no casualmente quién paga su desarrollo y uso. Nadie se hace cargo de eso que eufemísticamente llaman efectos colaterales o indeseados según el caso.
Son tan peligrosos Musk como los fanáticos de cualquier credo religioso, pues se desentienden del Golem o del Frankestein creado, Ver las imágenes de poblaciones destruidas, familias desterradas, muertos, heridos, niños desnutridos, ancianos y mujeres maltratados por el simple hecho de estar a un lado u otro de una línea perversamente trazada según intereses propios, por alguien que luego se desentiende, oculta, o tergiversa la historia logrando impunidad.
Otro ser supuestamente humano pero sesgado a la animalidad de la especie, estando lejos puede ver sin mirar, pensar ni sentir y de ese modo pulsa el botón o mueve el comando en una consola desencadenando el horror de un acontecimiento que falsamente sus provocadores dicen tratar de evitar. La famosa obediencia debida marca otra paradoja donde el experimento del tranvía pasa a ser un hecho de la vida real. El fanatismo y la estupidez lo hacen posible. Todos pierden en esa perinola.
Duele, pero por suerte hay soles, jardines, amigos y jarrito de café.
¿Por casa cómo andamos? Igual, porque la globalización es real. Copiamos, imitamos, somos participantes de un encadenamiento global que comenzamos a considerar a tropezones con la física cuántica y la digitalización.
Relatos tendenciosos, es decir mentirosos, surgimiento de trolls, publicistas, asesores de campaña, tik tokers, carpetazos, servicios secretos fragmentados de mil maneras hasta su independización. Oferta y venta de secretos a pedido. “Si no los tenemos, los conseguimos y si no, los creamos”. Podría ser un buen anuncio publicitario. Lo dramático es que la incertidumbre finalmente se adueña del escenario y entonces todo vale, sin límites. Magnicidios, atentados, desapariciones que no se esclarecen, son ejemplos recientes. Pregonar ajustes con mirada cerradamente economicista al mismo tiempo que obscenamente se negocian beneficios para los poderosos es otra gran falacia.
Comparar los ingresos y calidad de vida de funcionarios, legisladores, jubilados de privilegio, sindicalistas, empresarios, dirigentes variopintos, con los del común de los ciudadanos, incluidos los de mayor nivel educacional, responsabilidad y esfuerzo en sus tareas duele e irrita, especialmente cuando los responsables de la diferencia abismal son los privilegiados que descaradamente dicen luchar por la igualdad y la protección de los necesitados.
Regalan heladeras a los que no pueden llenarlas y computadoras a los que no van a la escuela y las venden para comer, comprar zapatillas o droga. De eso no se habla. El sexo por dinero pretende sindicalizarse y de ese modo una trabajadora VIP puede blanquear una fortuna a la que contribuyó un poderoso funcionario ciertamente no con su sueldo oficial.
Un ex presidente llega a utilizar el despacho y la residencia como lugar de sus travesuras, algunas violentas. Miramos ya con hastío la motosierra que se esgrime más como amenaza simbólica que como instrumento útil. Una mentira más. En la era de la microcirugía y la robótica ningún cirujano sensato usaría tijeras de sastre o cuchillos de carnicero para realizar una delicada intervención en un ser humano. Motosierra para un país y más allá, con miles de seres humanos, ponen en duda la sensatez de quién lo propone e intenta hacerlo. Los que lo rodean y /o asesoran caen en el mismo error. Los que deberían controlarlo y ayudarlo miran sus respectivos ombligos.
Finalmente la cosa se agrava ya que el secreto obliga a ser mantenido al igual que la mentira. Está en su génesis y en su propia dinámica. Develarlo o decir la verdad destruye a quienes los crearon y/o poseen. Literalmente les va la vida. Así quedan presos, esclavos de sus creaciones y de las circunstancias que los llevaron a ellas. Al perder veracidad, pierden credibilidad y autoridad, entonces el poder se desvanece. La rueca gira en sentido contrario. Militancia, fanatismos varios, son conductas asociadas, falsamente creídas como libres.
La esencia de nuestras vidas depende de las señales que nos llegan y elaboramos en información, conocimiento y saberes dadores de certezas. Van del nivel nano en las células a las sociedades humanas, la naturaleza, el universo. La mentira genera desorden, caos, con consecuencias funestas ya que pone en tela de juicio nuestra propia esencia de constructores de certezas. ¿Es posible vivir si no estoy seguro por ejemplo que existe la ley de la gravedad? Más aún, si al nacer alguien no me reconoce, nombra, sostiene en sus brazos, alimenta para luego introducirme en los saberes de la cultura con que conviviré en una sociedad y época determinada, será imposible poseer un yo, una identidad con la que existir.
La personalidad que normalmente se va configurando en ese devenir, en ese caso estará dominada por la inseguridad, la incertidumbre, la frustración, el miedo y finalmente la violencia reactiva. Los miembros del mundo psi la llaman paranoia. Una normal, transitoria desconfianza protectora convertida por exageración en una eterna desconfianza vigilante presta a responder al ataque de un enemigo real o imaginario, a veces construido y necesario.
Esfuerzo desgastante generador de conductas funestas. En el fondo todos estamos atrapados en el determinismo y la causalidad que conocemos a medias. No somos esclavos del todo en tanto que exploramos y construimos certezas que reconocemos precarias. Eso nos da grados de libertad, nunca La Libertad absoluta.
Dejo a los lectores que revisen las historias personales de los líderes que llevaron y aún llevan a consecuencias catastróficas a poblaciones enteras y amenazan al planeta. Verán su incertidumbre de fondo que elaboran como pueden con un relato necesariamente mentiroso y con secretos del que quedan presos, arrastrando multitudes que terminan en igual situación por carencias y necesidades parecidas. Cuando lo inevitable sucede y el velo se corre, es la oportunidad de liberación que debemos estar preparados para aprovechar sin caer nuevamente por ignorantes en otro ciclo de embustes, secretos y perdida de la precaria libertad que poseemos.
Solo la educación y el pensamiento rico, riguroso, nos hará libres. Creo que alguien lo dijo antes. Resulta insoportable ver la biodiversidad destrozada por el lucro o la ignorancia. Ver hambre, desnutrición, heridas, epidemias, migraciones dolorosas y forzadas, aumento de patologías psiquiátricas secuelas o producto de situaciones o de cambios culturales impuestos sin consenso ni diálogo suman al dolor. Indigna también darse cuenta que las mentiras/secretos conque estas circunstancias son provocadas dependen de otros que no las comparten ni sufren. Pueden ser tan hábiles que abusen ya que lo importante puede estar a la vista, pero ser invisible ante nuestros ojos. Otras veces nos los tapan u orientan nuestra mirada en la dirección incorrecta cual truco de magia.
Podremos salir de la esclavitud/estupidez/ignorancia cuando nos demos cuenta entre otras cosas quiénes son los mentirosos y podamos razonar comparando el costo de un misil con el alimento de cientos o miles de niños que poblarán quizás este planeta que como decía Mafalda ahora está bastante abolladito. Ni qué hablar si se desmantelan las industrias bélicas y se convierten los arsenales en granjas y escuelas. ¿Wishful thinking? Lo pongo en inglés porque aún recuerdo cuando en la década del sesenta visité el edificio de la UN en Nueva York.
En el hall había una estatua llamada hombre convirtiendo la espada en arado. ¿Entonces qué pasó? Sigo esperanzado pero ahora cautelosamente porque si bien cincuenta años no son nada para mi han sido muchos y los años “se morfan cualquier pintura” Una brocha por ahí……
Mar del Plata 6 de octubre 2024
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema, La era del neuroTodo y próximo a salir La era del neuroTodo II. Ed. Miño& Dávila


Primavera que no termina de cuajar. Las nubes sujetas al capricho de los vientos debilitan los esfuerzos del sol. Abrigado, y con la proverbial taza de café, miro el jardín arrullado por el sonido del móvil de cañas. Suena según las veleidades de algún misterioso dios que sopla, quizás el mismo que juega con las nubes. Recuerdo la dulce pero triste historia de la quena. 