Martes, 10 Diciembre 2024 12:05

El cómo sí se mantiene en su reino - Por Guillermo Javier Nogueira

Sentado en mi observatorio lugar de meditaciones o vagabundeo mental miro el jardín. Está prolijo y detenta colores variados y vivos. Naturaleza y jardinero lo han logrado con esfuerzo y sapiencia. Hasta aquí el jarrito de café mantenía el buen humor y la ensoñación. Entrecierro los ojos, me relajo y abro esa misteriosa puerta al inconsciente de donde brota casi explosivamente un insulto dirigido al jardinero. 

Pasada la turbulencia, el cancerbero conciencia la cierra y pone en marcha el tren de palabras- idea, que culminan en el intento de explicación, justificación,  por el arrebato resumido en la expresión “es un como sí”. Sucede que mi observación de la realidad jardín capturó una apariencia. Causalidad mediante, consideré  la tarea exitosa mérito del jardinero. Verdadera la primera parte, falsa la segunda por atribuirle la primera a un agente inexistente. ¡Una falacia!  exclamarían algunos eruditos en lógica y lingüística.

El jardinero contratado no honró lo convenido y hace muchos días abandonó el trabajo. Premisa entonces falsa. La tarea la hice personalmente con esfuerzo y escaso bagaje de herramientas y profesionalismo. De allí el enojo, una respuesta emocional que emergió sin censura. Me había quedado en la apariencia del jardín. Premisa verdadera, que por sí sola puede inducir a errores al tomarla como determinante de veracidad y corrección de todo el razonamiento.

Siempre hay una cara oculta en nuestro mundo dual. Lo que podemos capturar sensorialmente es una de las dos caras de la moneda, dicho en otros términos. Lo que existe cubre la nada de la cual creemos surge. En realidad cubre lo que falta para su completitud, el objeto total. Merced a la exploración multisensorial, construimos un todo a partir de ensamblar formas y contenidos parciales para atribuirle funciones y sentido. Es lo creativo que constantemente se nos da, un simple reordenamiento molecular a lo Lavoisier o los alquimistas.

Ingenuamente también creemos que el camino inverso es igualmente posible; reduccionismo para fragmentar lo complejo. Rompíamos la tetera o el juguete para “ver” cómo “era por dentro”, luego tratábamos de rearmarlo con pegamento. Ni adquirimos el conocimiento absoluto ni tampoco la reconstrucción ad integrum. No obstante algo queda: la apariencia, un como sí de un objeto que de real pasa a ser un imaginario con el que nos vinculamos, actuamos, existimos.

Este proceso es útil, instrumental; posibilita la toma de decisiones y el accionar consecuente. El riesgo, es que precisamente, ya sea por fallas del mismo  debido a incapacidad o distorsión sensorial, fallas de procesamiento, o ambas, la realidad percibida difiera notablemente de la que yace impoluta antes de ser observada. Apresuro un trago de mi café mañanero porque lo que sigue es complejo. Mucho de lo que hasta acá queda dicho puede, ha sido y seguirá siendo puesto en tela de juicio. Pensamiento crítico, duda sistemática, análisis lógico-matemático, estadística, epistemología, son los medios para analizar, valorar y corregir todo aquello que decimos conocer y los medios utilizados para lograrlo. 

La ciencia, como método y práctica, es la que en la era actual guía nuestros pasos en ese sentido. Hete aquí que, a pesar de todo ello, la dualidad en la unidad condiciona y obliga a reconocer ignorancias, incertidumbres y desconfiar de las certezas absolutas. La rara condición de poder ser sujeto y objeto al mismo tiempo hace trabajosa la tarea neural de construir la realidad de forma coherente, veraz y certera, cuando ni siquiera puede poner esas categorías en sí mismo, el animal humano.

Un trago más, la cafeína hace efecto y entonces parece aceptable que vivimos en base a múltiples “como sí” que en tanto los reconozcamos podremos lidiar con cierto grado de incertidumbre o imprecisión. A esto lo llamare “el cómo sí natural”, inevitable y confiable por poder ser advertido, controlado y eventualmente corregido. Es en este punto que mi enojo se disipa porque el problema no era la imagen del jardín sino la inconducta del jardinero. Descubrí la falacia, rearmé coherente y verazmente el relato.

Además  que mi tarea de jardinería pasara “como sí” la hubiera hecho el experto, obró como el bálsamo del halago. Si bien la limitación de saber qué es realmente lo real de la realidad y cómo operan el observador y la observación,  el mundo sigue andando. Paso del café y la naturaleza a las informaciones sobre el mundo en que vivimos. El cancerbero se descuidó y los sentimientos reaparecen en bruto.

La palabra es indignación cuando descubro, manera elegante de señalar estupideces propias, que no hay realmente descubrimiento. Vamos dando vueltas y tropezando con piedras visibles, a veces harto  conocidas. ¡Horror! Ya había escrito sobre este mismo tema :”El reino del cómo sí” No aprendiste nada me dirán.  Mi amigo Mario concluye  que ese es precisamente el camino, un conjunto de piedras dispersas.

Entonces agrego, damos vueltas en redondo porque el tropezón se repite a pesar de estar en un sendero conocido. Es un” gran como sí”  por el cual creemos erróneamente que es nuevo, y los escollos  son de aparición reciente. Aquí el problema es grave. La mirada ingenua de la abuela surge: “chicos, las apariencias engañan” o la más poética y menos ingenua de Campoamor “en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.  ¿Bastaban como alerta?

La ingenuidad de ellos residía en poner la dualidad en el observador inocente. En cambio ahora hay un “constructor de cómo sí”, un embaucador, hipócrita, cínico, que obscenamente (estas palabras últimamente me inundan) nos presenta escenas trucadas para de diversas maneras convencer a observadores ignorantes o tontos (estoy en línea sutil o moderada) en la que me incluyo, que esa apariencia es en verdad la realidad genuina. En el caso de la abuela y Campoamor todos podemos ser víctimas del designio de la naturaleza. Culparla es un exceso absurdo.

En el otro somos víctimas de sujetos concretos de carne y hueso. Semejantes nuestros  que no nos reconocen como un  otro, precisamente eso, semejante. Son líderes movidos por intereses propios, generalmente inconfesables. Venden los “cómo sí” al valor de lo real sin serlo; estafan, engañan. A veces les cabe el calificativo de corruptos, otras el de inmorales o antiéticos, condiciones entrelazadas que representan carencia de valores para la convivencia civilizada.

Ese” cómo sí” es pregonado como “derechos humanos” que se amplía, achica  o ignora, según conveniencia. Las guerras, los atentados, la violencia indiscriminada es ejercida por los mismos redactores, signatarios, líderes de asociaciones tan diversas, como las Naciones Unidas, gobiernos variopintos, desde democracias representativas republicanas, parlamentarias, federales hasta teocracias.

Dueños de redes informáticas o de recursos financieros ilimitados, configuran ensamblados  el poder real. Se disfraza para ocultarse con el recurso de “más cómo sí” : mercado, educación, comisiones, agrupaciones políticas, ministerios, recursos humanos, elecciones,  salud, etc.etc.etc. Por casa no somos la excepción. He aquí algunos “cómo sí domésticos”. Escort, influencer, TIKTOKER, Parlamento, Poder Judicial, Funcionarios de diversos rangos, partidos políticos, PASO, elecciones con boleta de papel, única, electrónica, reelección indefinidas o limitada, primera dama, jefe x jefa, fueros, condena y castigo, últimas circunstancias, memoria, memorándums, servicios de inteligencia, leyes, constitución, iluminación celestial, religiones, atribuciones anacrónicas a hechos históricos amañadas para generar adhesiones, creencias y fanatismos como actos de fe, metáforas imposibles e inapropiadas, la provocación en vez del diálogo, etc…etc…

Parece una exageración pero si se piensa un poco, podrá detectarse que cada una de estas palabras o expresiones señala una categoría o actividad que siempre tiene las dos caras del cómo sí. Una apariencia que por ser muchísimas veces hipócritamente generada, es un engaño intencional. Lo descubrimos accidentalmente más tarde. Las pocas investigaciones serias  provocan caídas como fichas de dominó. De esa manera  podemos ver la verdadera trama, no el relato, que suele ser también un “cómo sí” dependiente del lenguaje, que al simbolizar encarna infinidad de semejantes, pero ningún idéntico. Aparece la imagen de la tía diciendo “aparentemente están casados” refiriéndose a una pareja cuya conducta era discordante con la esperable en un matrimonio. Su lenguaje gestual reforzaba la duda frunciendo el entrecejo. El sobrino docente, les decía a los estudiantes desde su cátedra algo parecido. Todo esto es un “enorme cómo sí”. “Es ingenuo creer que estamos en una Universidad cuando no tenemos suficientes recursos materiales, humanos  y para el estado la educación no es prioridad, este profesor que les habla debe dividirse en varias tareas para tener un ingreso digno, lo que le resta tiempo para estudiar, crear y estar presente con los alumnos tanto como lo necesiten y demanden.

Finalmente los estudiantes eligen carreras según posibilidades laborales, más que por conocimiento de lo que requiere cada una. Deben trabajar, lo que limita el tiempo dedicado al estudio y  al uso del ámbito académico (bibliotecas, espacios de esparcimiento y encuentro interdisciplinario). Las exigencias se reducen y la carrera termina siendo una carrera de obstáculos: los exámenes y la concurrencia a clases, necesaria pero no obligatoria ni suficiente, ni controlable. Un pacto de honor “cómo sí”.      

Todo se negocia en el gobierno tripartito, hasta los planes de estudio y las reglas de convivencia. Los apuntes reemplazan los textos y la computadora la biblioteca con sus textos fundamentales, clásicos, incunables testimonio de éxitos y fracasos. Camino pedregoso sorteado con esfuerzo por los grandes maestros; fuente imperecedera de sabiduría a la que recurrir. Google y chat gpt no son sustitutos a pesar de su rapidez y la magnitud de la información. 

La IA en el fondo es un “como sí” tratando de reemplazar imitando a su creador, el viejo y noble cerebro. Picardías del lenguaje que hace sobrevalorar lo que en realidad debería ser valorado ajustadamente: es artificial. Un esquimal  dudaría en su elección entre  un abrigo de piel de oso y una camiseta térmica. Temo adoptaría los dos, por si acaso.

Conducta inteligente, aprovechar lo bueno sin dicotomías precisamente artificiales Lo mismo estimo sucede o debería suceder entre dos amantes relacionándose a través de anteojos productores de “realidad virtual”, ese “cómo sí” que nos hacen creer es igual (“se gual” diría Minguito, despreocupadamente tratando de disimular lo que se desea y no se posee).

Un estímulo sensorial a pesar de poder ser multicanal nunca es el todo provisto por la recursividad de ese infinito que es el universo. Al fin de la clase vale la pena decir que viajando a las fuentes de nuestra cultura, independientemente del lugar de origen,  encontraremos enormes campus universitarios en los que la convivencia es permanente. Un punto de referencia es la biblioteca central, imponente, a veces el edificio más grande. La viga maestra. Allí está el reservorio, los peldaños de la escalera del saber inalcanzable e inagotable, pero posible de a poco y con perseverancia.

Un futbolista, un seleccionado y ahora un corredor de fórmula uno se convierten en  el orgulloso liderazgo, supuestamente representativo, de las virtudes y capacidades que tenemos como nación. “Gigantesco cómo sí”. Son casos excepcionales de dotes, esfuerzo y tesón capturados por un gran negocio que nos venden como si fuera un deporte o una competencia.

Muy lejos de lo que hace grande y sólido a un país en su totalidad. Minoría exitosa vendida como estándar de la mayoría. Por su condición humana con la fragilidad constitutiva de la naturaleza terminan como todos en polvo. Alguien muy crítico diría son gigantes con pie de barro. Así es pues de barro estamos hechos.

Otro gato por liebre que intentan vendernos mediante los medios y la publicidad. Un gran escritor, Isidoro Blainsten, se pone otros anteojos que señalan algo parecido al hablar de “lo obvio”. Es aquello que por encontrarse delante de los ojos  no se ve;  la realidad que molesta y perturba.

En el fondo aparentar con el cómo sí y dejarse llevar por lo obvio, hace en algunos casos tolerable la incertidumbre esencial  y de ese modo existir plenamente  en sociedad;  no sé si ser felices, pero al menos estar contentos, en paz. En otros casos, me temo la mayoría, somos instrumentados para la obediencia debida, el pensamiento unidimensional y el fanatismo, antítesis de la buena educación. Surge un relativismo moral por el que no pueden usarse categorías valorativas absolutas.  

Ultimo sorbo, miro el jardín y todo se ordena. Está lindo y lo arreglé yo. El jardinero perdió su trabajo víctima de vaya uno a saber cuál de los “cómo sí” o de “la obviedad” que lo necesitaba. No pudo ver ni el jardín ni el hecho que  era muy posible lo despidiera teniendo en cuenta  las reglas de juego acordadas.

Una  exitosa mujer en un mundo lleno de de apariencias regala reiteradamente un consejo hecho muletilla “como vas te ven, como te ven te tratan” Agrego, entonces  por eso cuidar las apariencias es tan valioso en el mundo Mirtha, quizás porque aunque a veces no sea real, es auténtico al reflejarla con fidelidad. Borges lleva la idea al punto nodal cuando piensa que el hombre quizás sea un sueño soñado por otro.

Mar del Plata, 10 de diciembre 2024

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Médico, Licenciado en Psicología

Autor de El niño problema, La era del neuroTodo y La era del neuroTodo II

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