Por ahora en el vértice estamos los humanos. A veces parece no advertimos ser un simple eslabón más dependiente de convivir para subsistir. Salgo al jardín por unos minutos y el ordenamiento varía de forma interesante. Insectos y pájaros se apartan ante la aparición de este animal que soy yo fumigando. Solo los pichones en su inocencia siguen picoteando alrededor mío. No temen, porque no les hago daño. Sus mayores aun no les han enseñado con el ejemplo de la huida ante la presencia de este ejemplar perteneciente a una especie potencialmente peligrosa. Estamos en un modo de convivencia forjado por infinidad de experiencias de prueba y error, base de los aprendizajes.
De regreso a la calidez de mi observatorio, nido, cucha, ancestralmente cueva, recuerdo a mis padres señalándome los sí y los no. Años después los incorporé como aprobación y rechazo según valores, articulando lo pensado con lo vital e impulsivo; aparecen entonces los valores preventivos. Equipados con ellos, podremos etiquetar aquello que nos es indispensable, nos interesa, que es bueno y deseable o lo opuesto, o lo accesorio.
Maravillosa articulación entre instinto y razón. Venimos dotados de lo primero pero dependemos nos alimenten con lo segundo. Un sorbo y un suspiro. Como en una película o en una novela, salto en el tiempo y entonces conozco en la academia interesantes ideas sobre la consciencia y lo inconsciente, y a su vez, cómo el freno inicial a lo más animal e instintivo es la desconfianza, valor preventivo por excelencia.
Para que haya desconfianza debemos saber de nuestra ignorancia que señalará lo desconocido. Debemos aceptarlo sea enigma o misterio. Así veo como mi gata, a pesar de ver su plato con la comida habitual, antes del primer bocado inspecciona, huele, prueba, luego se acomoda y come. Lo mismo que un niño cuando comienza su dieta ya lejos de la teta. Niño y gato en el comienzo dependieron de sus mayores responsables que los pusieron a mamar y luego le señalaron:- come esto- y en un juego provocador de imitaciones mostraron que ellos comían lo mismo que le ofrecían.
Generaron habilidosamente confianza sin cercenar la curiosidad y la capacidad exploratoria, esenciales para poder avanzar, descubrir, crear, sobrevivir.
Cuando todo este entramado se da en buena forma, decimos que hay aprendizajes, pensamiento, ideas y conductas inteligentes por ser apropiadas según las circunstancias. Las fallas varían en su génesis. Desde aquellas biológicas que estructuralmente disminuyen hasta impedir los procesos de aprendizaje, a las múltiples distorsiones posibles del mismo como mecanismo, no como maquinaria. Las manifestaciones varían desde la paranoia como desconfianza sostenida y aplicada indiscriminadamente hasta la idiocia.
La estupidez deambula por estos territorios, recalando según el punto de mira de cada observador. Conciliadoramente podemos admitir que en el fondo es la carencia o desvío de esos aprendizajes fundacionales que llevan a evitar cometer errores, no reiterarlos y a valorar la experiencia.
Tema complejo, de causas múltiples, que al igual que todo va y vuelve de la naturaleza a la cultura.
Salto unos años y desde la Cátedra aprendo y enseño cómo el ser humano toma decisiones, elige, en función de su cerebro, pero no solo o únicamente dependiendo él. Ahora hablamos de funciones ejecutivas, que por el desarrollo diferencial en el tiempo, tamaño, número y tipo de conexiones del lóbulo frontal, permiten cotejar lo nuevo con lo anterior, sea similar o no, considerando también a su vez el resultado o consecuencia de las acciones precedentes.
Así vamos eligiendo ante la incertidumbre en base a un criterio probabilístico.
Poder hacerlo es señal de capacidad y libertad, medida en grados/posibilidades. Nunca es absoluta por lo que el “libre albedrío” es solo un mito esperanzador. Nuevamente, como en mi rebaño de ideas, esto converge en una de ellas: “la inteligencia”.
El bonus es que gracias a ella lo nuevo a veces al no encontrar algo cotejable en el bagaje de lo conocido anteriormente, de lo experimentado, crea, inventa, tantea. Surge entonces la maravilla de conocer, descubrir, aprender con lo sabido aplicándolo al desafío de lo ignorado por nuevo o nunca visto antes; y que funcione sea útil y
evolutiva y socialmente adaptativo.. Solemos llamarlo creatividad, inventiva, hallazgo, solución inteligente. ¿Astucia? Con ella entramos en un desvío por tierras pantanosas donde medra la picardía, el engaño, y en el barrio se decía ser “piola” .Ahondando un poco, sabemos que “lo inteligente” se da trabajosamente en el plano consciente, con esfuerzo, atención sostenida, ricas memorias y tiempo. No obstante, sin que sepamos muy bien cómo, en ese fondo oscuro de lo inconsciente puede suceder lo mismo ahorrándonos el trabajo y el esfuerzo, pero a costa de un automatismo a veces peligroso, otras equivocado. Lo mismo que en repostería: buenos ingredientes, proporciones correctas, bien amasado y tiempo de cocción justo, brindan los mejores resultados.
Discurrir a rienda suelta me llevó a metaforizar con la gastronomía (tarea emparentada con el laboratorio y la química), pero por otro lado me hizo aterrizar en la realidad de mis circunstancias. Fue de ese modo como se desboca el rebaño cuando leo que hay candidaturas testimoniales, el presidente utiliza un lenguaje agresivo y soez, reduce selectivamente su escucha y oscila su pensamiento y prédica recurrentemente entre variantes del pensamiento mágico, religioso, sobrevalorando en forma monotemática la economía como ciencia precisa, rectora de las sociedades.
Por otra parte se ha hecho costumbre mostrar obscenamente lo íntimo, algunas conductas irresponsables y/o reñidas con la moral, fortunas de origen non santo con las que sustentan poder. Biblia y calefón. Son exhibidas ante los ojos de los
carenciados a los que dicen cuidar, pero de los que en realidad se nutren al parecer sin que estos lo adviertan. La reiteración deslizada bajo la cobertura de relatos engañosos, propaganda, publicidad, termina por generar el hábito de tomar lo anormal, excepcional, como lo esperado, habitual, deseable y correcto. Surge la indiferencia o la resignación: “es lo que hay” suele decirse.
En realidad lo dicen aquellos que tienen “lo que no hay” para la mayoría lejana al poder. Decidir y accionar apropiadamente requiere, además de los recursos cognitivos y materiales, un cartabón moral que valore, guíe, de dirección, sentido, significación, a la existencia individual y en sociedad. Fallas en este punto de partida generan catástrofes y sufrimiento.
La maldad se nutre de ignorancia y estupidez. Son aprovechadas para ejercerla sobre aquellos con mayor abundancia de ignorancia y estupidez a las que son inducidos, llevados: estupidizados, embrutecidos. Vayan como “muestras” los “botones” que como decían las viejas costureras con uno bastaba para darse cuenta y guiarse.
En función de madres era una advertencia para detectar en lo individual el conjunto.
Un botón: se convoca a concurso para cargos de médicos residentes en hospitales estatales nacionales, provinciales y algunos privados. Ante un resultado inesperado, denuncias y rumores que básicamente apuntan a los puntajes más altos y la proporción de extranjeros en ese rango, se decide en medio de un escándalo reexaminar a más de 200 profesionales con las mejores notas. Ese nuevo examen será oral, con lo que puede sospecharse una evaluación condicionada por la actitud de los examinadores ante el escándalo que compromete a las propias instituciones de las que ellos mismos forman parte importante. Debate en los medios que en algún caso es farsesco y ronda la estupidez. Fueron detonantes la discrepancia con los resultados de los concursos anteriores, con las notas de las mismas personas en concursos de entidades privadas, la verificación de errores en las respuestas control de los protocolos, las fallas en el modo de administrar la prueba incluyendo la prohibición de dispositivos electrónicos, la separación apropiada y la vigilancia de los desplazamientos de los concursantes.
Trascendidos sobre venta tipo paquete turístico y otros mensajes rayan lo burdo y agravan el escándalo. Tanto el error como el intento de solución pecan de lo que podría calificarse como cadena de estupideces. Existe vasta experiencia nacional e internacional en el diseño, administración y evaluación de este tipo de pruebas.
Siempre son simultáneas, en grupos fácilmente controlables y con preguntas y respuestas que permiten inclusive discernir si una respuesta apropiada fue por azar. A su vez obligar a rendir examen nuevamente a los mejores puntajes es como mínimo injusto e innecesario ya que el análisis de los antecedentes y las respuestas permiten al menos seleccionar aquellos claramente sospechosos.
Existiendo además una entrevista personal es relativamente fácil detectar el fraude. Lo importante, que debería estudiarse seriamente, es la formación ética de un médico como pilar básico de su ejercicio profesional.
La corrupción debería descalificar totalmente a un concursante, no solo para el cargo sino para el ejercicio de la medicina. Del mismo modo aquellos que incitan a cometer la falta, deben ser castigados penalmente y con severidad; en especial si son miembros de las instituciones que forman, administran y controlan ese recurso humano tan especial y valioso.
Finalmente, también sería inteligente observar los antecedentes de los médicos concursantes, su procedencia, año de graduación y curriculum; no solo la nota de este único examen. ¿Por qué no darle una buena oportunidad a alguien con una baja nota, pero talentoso y con firmes deseos de mejorar su formación? Hay estudiantes de bajos recursos que por trabajar, no acceder a todas las experiencias presenciales ni a material bibliográfico de calidad, tienen resultados por debajo de su potencial.
Rescatarlos se logra no con el ingreso irrestricto o el facilismo, sino con becas que posibiliten su dedicación plena. En realidad son préstamos que deben pagar cuando estén dedicados de lleno a su práctica. Sus pagos alimentarán nuevos préstamos de forma auto sustentable. No descubro la pólvora, muchos países tiene sistemas parecidos. El parche es la solución pobre y a veces estúpida de una falla.
¿Este escándalo es novedoso? No. El examen de ingreso a Medicina en la UBA, al reinstalarse en 1956, debió ser dado en dos veces. La segunda bajo custodia policial. Todo porque grupos políticos de “obreros y estudiantes unidos como antes” el día del examen irrumpieron en la facultad, donde adecuadamente distribuidos en aulas y laboratorios se iban completando las cuatro pruebas. Ante el asombro y sorpresa de los docentes que controlaban, se apropiaron y rompieron muchos de los exámenes completados que se iban entregando y agrupando por tema en el extremo de las mesas. Por carta certificada se les pidió a los padres de esos jóvenes aspirantes que confirmaran si estaban de acuerda con que se repitiera el examen para aquellos que no habían podido completarlo. Ante la aceptación se informó individualmente el nuevo lugar bajo control policial.
Así lo rindieron en diferentes hospitales. El argumento era que el gobierno militar de turno impediría el acceso a la educación de los pobres. No fue así. Por el contrario se redujo el número de estudiantes “crónicos” o que se inscribían y no cursaban. Mejoró sustancialmente la relación docentes/alumnos cuantitativa y cualitativamente al igual que el acceso a los recursos materiales.
Siguió siendo gratuita, de calidad y cada Cátedra tenía un docente de prestigio internacional, una biblioteca y en muchos casos laboratorios de investigación. Houssay, De Robertis se reincorporaban junto a otros más. Se la llamó después la época de oro de la UBA. Duró poco. Esta decisión no fue por una acción de un gobierno que no era necesariamente virtuoso, sino por las autoridades y docentes de La UBA Medicina, que consideraban un deber moral y ético la formación responsable de los médicos. No todas las facultades ni universidades hicieron lo mismo. ¿Grados de estupidez o estupidización?
Otro botón un sorbo y un salto en el tiempo. Como docente, pude constatar con dolor, que los alumnos llevaban las preguntas y las respuestas de los exámenes parciales y finales recién rendidos a un negocio frente a la facultad de psicología, donde se imprimían y vendían apuntes. Un docente descubre que otros alumnos concurrían y pedían esas preguntas y sus respuestas que el dueño del local vendía. En realidad era la suma de todos los exámenes hasta el último ya dado. Eso nos obligó a hacer un reservorio de preguntas que por supuesto tenía un límite y modificar varias veces la modalidad del examen.
Descubrimos que en muchos casos simplemente redactando la misma pregunta de distinta forma se detectaba a los que no habían estudiado confiando en la pregunta y respuesta comprada. Adulterar el registro de asistencia a teóricos para aprovechar la posibilidad de promoción, produjo otro escándalo que llevó a una sanción mínima de esos estudiantes, pero ridículamente notificada años después, cuando ya se habían graduado.
El centro de estudiantes tuvo más poder que el consejo académico, el profesor titular denunciante y la oficina de asuntos legales de la Universidad.
Siguen los botones. Ingreso irrestricto y luego protestas con clases en la calle por falta de aulas, y comisiones de 50 alumnos con docente sin estímulos por la tarea, dada la baja remuneración. El requisito de dedicación parcial o completa hace que en algunas carreras abunden investigadores y extensionistas a veces sin vocación, tiempo ni capacidad para ello, .solo a los efectos de mejorar su ingreso. Cierto grado de corrupción hace que en algunos casos ni los requisitos ni la calidad de la tarea se cumplan
Uno más y van…. ¡Huelga en el Garraham ! ¿Novedoso? Tampoco. Allá por 1963 el Hospital de Niños de la Ciudad de Buenos Aires (Htal. Gutierrez) era el equivalente al Garraham en excelencia y derivación nacional e internacional, Tenía servicios solventados por fundaciones: FLENI era el servicio de
Neurocirugía (Sala XVIII) con su fundador Raúl Carrea. FEI (Fundación Endocrinología Infantil) con su fundador Martín Cullen. Ambos servicios tenía médicos de planta, residentes e investigadores. Las residencias estaban en sus comienzos. Este hospital había “desplazado” a la “vieja” Casa Cuna (Htal.Elizalde). El Niños, como lo llamábamos, pasó en esos tiempos de manos del Municipio a Nación o viceversa. Nadie quería hacerse cargo de mantenerlo.
Los residentes tuvimos que hacer nuevamente trámites y además un sueldo era menor que el otro. Breve huelga, criticados por nuestros jefes y maestros, pues la ética de un médico para ellos no admitía planteos de ese tipo (sueldo y huelga).Doy fe que predicaban con el ejemplo. Al aparecer el Garrahan, el Niños sufrió el mismo destino que antes la Casa Cuna. Se fue despoblando de las figuras de más prestigio que además aportaban a su sostenimiento.
Pasaron al Garrahan. Este ahora está en crisis atribuida a dificultades económicas y de tipo gerencial. Me atrevo a decir ¿Otra estupidez?
Más de 50 años más tarde subsisten las mismas causales y modus operandi que cual muerte programada afectó a sus dos antecesores. Financiación híbrida con pagadores en conflicto y en crisis por la escasez de recursos económicos. Efecto dominó: faltan insumos, bajan los salarios, se empieza a considerar prescindible todo aquello que sobresale de lo básic, y se va despoblando. Ahora por la ideología política de moda, en vez de mantenerlo adecuadamente, se supone surgirán prestadores privados de igual jerarquía.
En realidad ya existen, pero no serán accesibles a toda la población sin distingos que requiera de sus servicios avanzados. Suma de estupideces. Es sabido que la planificación para una obra de envergadura como un hospital debe tener en cuenta que proporcionalmente construir cuesta 1, equipar 2 y mantener 3 con el agravante que 1 y 2 tienen presupuesto calculables y posibles de financiar una sola vez y en corto plazo, mantener en funcionamiento además de ser cuantitativamente más, es variable, ascendente, menos previsible y constante. Este es el quid de la cuestión.
Por eso nuestros dirigentes se ufanan por cortar las cintas. Son buenos inauguradores, pero se desentienden o hacen mal el mantenimiento. Los residentes y el resto del personal en huelga son víctimas a veces rehenes de este manejo perverso de la salud como mercancía, además confundiendo y reduciendo salud a medicina. Siempre la estupidez prospera amparada por el ocultamiento.
Discutir si lo que cuesta un residente es su salario y lo que gasta aprendiendo, para luego con mentalidad mercantilista discutir si se lo debe considerar trabajador o estudiante, becario o empleado en relación de dependencia, revela además de cortedad de miras e ignorancia, no solo estupidez sino una falla ética. Todo proceso formal de educación es una inversión cuyo valor no se puede medir en términos monetarios ya que el tiempo que lleva es tiempo de vida del educando que en el caso particular de los médicos es dedicación completa y los beneficios como la buena medicina al alcance de todos son intangibles. En nuestro país son alrededor de 15 años con un solo objetivo.
Recién después, el graduado podrá decidir y hasta cierto punto decidir qué hacer con su tiempo dedicado a la profesión y recibir el pago apropiado por ello. Los programas probados de entrenamiento exigen dedicación absoluta y el pago debe garantizar la subsistencia digna y segura.
El pago sustancial en realidad es el entrenamiento que garantiza su pleno empleo ulterior con un ingreso y nivel socioeconómico acorde a esos años y esfuerzo invertidos. En nuestro medio nada de esto es tenido en cuenta. Lo peor es que quienes tienen el poder de decisión no reconocen que el otro tiene razón. En cualquier país desarrollado un médico tiene valor y prestigio no solo por su conocimiento sin principalmente por su integridad moral y por el sacrificio en tiempo de vida que impone esa vocación. Torpemente se llega a situaciones de conflicto en que se pretende con mano dura o motosierra, o carajeando resolver sin analizar seriamente las causas.
En realidad considero a los módicos solo porque son la base del sistema. Todo el personal relacionado sean profesionales o “administrativos” merecen la misma consideración. Nada puede hacer el mejor médico si a su paciente no le llega la comida adecuada y sabrosa, no yace en una cama limpia y confortable y no lo escuchan los que lo atienden la mayor parte del tiempo y hacen que su egreso sea posible y recuperando.
Está todo a la vista incluso las reinauguraciones de instituciones no terminadas y que no funcionan. Los privados no son mucho mejores, la diferencia es que al convertir la salud en una mercancía más, sufren los avatares del mercado que la pandemia puso al desnudo. Son entidades con fines de lucro en muchos casos y por ende si tienen ganancias está todo bien, si pierden se convierten en prebendarios de cualquier gobierno de turno. Se va acabando el café y presiento que abundar en más ejemplos, me dejara en abstinencia y apenado.
Dejo la mercería y los botones. Entonces en un giro recursivo me pregunto por qué suceden estas cosas y de esta forma. Por qué, y cómo es qué, al decidir lo hacemos de forma poco inteligente. Bill el pícaro, colega del Tricky Dicky y de Donald Real State, son ejemplos foráneos con múltiples colegas extranjeros y locales. Todos pertenecen a una peculiar estirpe de sujetos con inmenso poder. Sorprendentemente algunos filósofos, historiadores y miembros del club Psi no los distinguen por su inteligencia sino más bien por grados variables de estupidez que no consideran equivalente a la carencia de inteligencia sino al mal uso o uso precario de ella, especialmente por la incapacidad de reconocer errores, corregir, aprender y reconocer al o los otros como semejantes.
El problema es que precisamente es la estupidez la que difunden y contagia aumentando su virulencia con cada paso.. Aparece la estupidez que devora. ¿A todos? Lamentable y principalmente a los menos educados y por lo tanto a los más vulnerables por las condiciones impuestas por los supuestamente inteligentes. Lento y progresivo proceso de estupidización que termina por ser autosustentable en uno de esos tantos bucles. Situación tramposa ya que retornando al comienzo con los ejemplos de convivencia, supervivencia y adquisición de los valores preventivos, parece claro que disminuir la ignorancia creando certezas fundadas en la veracidad demostrable, no es tarea que podamos dejar en manos de aquellos que fundan su poder en la mentira, la hipocresía, el uso sesgado de la enseñanza con lo irracional, emocional, inconsciente en primer lugar. Por eso no es bueno aceptar la advertencia simplificadora a lo Clinton “es la economía, estúpido” que podría tentadoramente reemplazarse por “es la estupidez, estúpido”.
Preguntarse inteligentemente o algo menos estúpidamente: qué es la estupidez, sus amenazas y el riesgo de propagarse. Creo es la tarea que debemos emprender sin caer en la falsa ilusión ser inmunes o carentes al menos de una porción de ella. Además con una mirada universalista advertir que el poder absoluto genera y se basa en la violencia, la corrupción y….la estupidez. Responder con las mismas armas puede ponernos frente a un espejo que refleja precisamente la estupidez peor de todas, la copiada y no advertida.
Médico, Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema , La era del neuro Todo y La era del neuroTodo II.
Editorial Miño& Dávila


Nueva mañana en mi observatorio jardín. Café que empaña mis anteojos pero cuyo sabor y aroma aceitan el fluir de mis ideas. A veces, las veo/pienso como una manada revoltosa que cada tanto converge en alguna pradera fértil, se multiplica y ordena, convive y sobrevive; cambia, pero mantiene su estirpe. 