Martes, 16 Septiembre 2025 11:30

El kirchnerismo es una suerte de fentanilo contaminado - Por Carlos Berro Madero

La unión de la política y los negocios, propiciando el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegen al individuo dentro de una sociedad y la renuncia a cualquier planificación virtuosa a largo plazo, fueron las bases sobre las que asentó el kirchnerismo su poder.

En efecto, comprando lealtades a través de dádivas provenientes del saqueo del erario público, Néstor y Cristina fragmentaron a una gran mayoría de la sociedad, imponiendo la burda caricatura de dudosos adeptos que fueron copando los medios de comunicación, los ministerios, las intendencias urbanas y los cargos legislativos.

Fue una tarea bien planificada, que contó con el desconcierto de quienes, en la vereda opuesta, discurrían morosamente sobre cuánto sería la duración de un movimiento que aprovechó todas las ventajas que le concedieron sus opositores llevándolos a sufrir la suerte del “juego de las sillas”

Ese en el que quien abandona la suya, permite que la misma sea ocupada por un rival merced a su distracción, y termina sufriendo una exclusión inapelable.

Vivimos a partir de allí una era que nos depositó en un territorio que bloqueó todos los caminos que pudieran darle significado a una sociedad auténticamente democrática, y esto terminó destrozando el país.

Porque cientos de miles de individuos fanatizados, corruptos y mentirosos, nos convirtieron en una suerte de “desperdicios humanos”, ejerciendo una forma de tiranía encubierta que nos colocó finalmente en un callejón sin salida.

Reconstruir este escenario resulta, sin duda alguna, una tarea ímproba, porque la mayoría de quienes ocuparon los distintos estamentos oficiales y extraoficiales durante la era pasada, no se resignarán fácilmente a ceder prebendas de todo tipo, color y forma, favorecidos por sanciones legislativas y reglamentaciones “ad hoc” que será muy difícil deshacer de un día para otro, como ya estamos viendo.

Lo cierto es que durante casi 20 años, hemos ignorado una advertencia de Balmes que podría aplicarse muy bien a los “K”: “los oradores dotados de grandes cualidades para interesar y seducir, son una verdadera calamidad cuando las emplean en defensa del error. ¿Qué importa pues el brillo, si solo sirve para deslumbrar?”

Por lo expuesto, sería bueno recordar esta historia el 26 de octubre próximo, como algo que nos depositó en la irrelevancia y la desesperanza colectiva, dejando de castigar tan impiadosamente a quien, como Milei, logró sacarnos del abismo al que parecíamos condenados y todavía tiene por delante dos años para corregir algunos errores cometidos.

Por otra parte, las formas de comunicación algo ásperas del actual Presidente, no deberían “tapar” la gran cantidad de hechos positivos acaecidos desde que asumió un cargo donde está llevando a cabo lo que prometió hacer durante la campaña electoral previa, sin engañar a nadie.

El breve discurso en cadena nacional del lunes parece indicar que ha comprendido que algunas cuestiones deben ser “retocadas” sin desviarse del rumbo emprendido.

Del otro lado, tenemos a Axel Kicillof y su impresentable Armada Brancaleone posmoderna, que acaba de decir, muy suelto de cuerpo, que la expropiación de YPF –que le ha costado miles de millones de dólares a la Argentina por sus formas atropelladas y arbitrarias-, fue “una decisión muy valiente” (sic).

A buen entendedor, pocas palabras.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

Top