Martes, 28 Octubre 2025 16:53

Corregir la vehemencia y rescatar la cordura – Por Carlos Berro Madero

El buen ejercicio de la política, tan zarandeada en estos días, exige convivir con personas de ideas opuestas y aprender a respetarlas. El poder obtenido por quienes ganan elecciones, obliga a ello mucho más.

Dice el periodista y escritor británico David Miller, que para eso hay que tomar la determinación de no prohibir, obstaculizar o interferir una conducta que se desaprueba cuando se tiene el poder y/o el conocimiento necesario para hacerlo, renunciando a utilizarlos como fundamentos de persecución.

La intolerancia ha ido aumentando con el tiempo en el escenario nacional, hasta convertirse en la contrapartida del pluralismo, sostenida por una efervescencia que nos ha llevado a vivir en estado de vigilia permanente; porque cuando se traspasan los límites razonables que impone el intercambio de ideas opuestas, la fuerza bruta reemplaza a la razón.

Ha podido comprobarse a través de la historia que no existe una pureza doctrinal excluyente, la que debería ser reemplazada por la aceptación de una naturaleza “convencional” sobre ciertos asuntos que requieren innovación o, si se quiere, renacimiento.

La tarea consiste pues en delimitar con precisión el perfil de lo indeseable y defenderse de él con tolerante firmeza, sin transgredir los límites que exige una convivencia armoniosa, como sostenía Voltaire en su tiempo.

El resultado de las elecciones de este domingo, pondrá a prueba nuestra disposición colectiva para encarar este camino no exento de riesgos y lograr una Argentina diferente.

Javier Milei parece haberlo entendido, mostrándose dispuesto a poner en pausa su naturaleza de escorpión. Veremos si ocurre lo mismos con sus adversarios, principalmente en el seno del atávico kirchnerismo peronista.

Al respecto de estas cuestiones, el sociólogo estadounidense William Ogburn (Columbia University), señalaba en los 50 que muchas sociedades con síntomas habituales de “retardación cultural” (sic) como la nuestra, se muestran inmersas repentinamente en una aceleración impresionante respecto de cambios imposibles de predecir.

Algo de eso parecería comenzar a ocurrir hoy entre diferentes facciones de distinto signo, que parecen haber entendido que la violencia verbal y las imposiciones arbitrarias no llevan a ningún buen final.

A buen entendedor, pocas palabras.

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