Miércoles, 10 Diciembre 2025 18:30

Noticias falsas e informaciones inútiles - Por Carlos Berro Madero

Nunca antes, a través de la historia, nuestro país había tenido acceso al torrente de informaciones y supuestos conocimientos de la realidad como ahora. Este fenómeno mundial irrumpió también en un país como el nuestro que está afectado como nunca por el descreimiento y la apatía social.

El ocaso del kirchnerismo peronista, el radicalismo y algunos otros partidos políticos tradicionales, derrama sus efectos sobre una sociedad que se aferra a cualquier dato que aporte algo de luz a una confusión generalizada respecto de la economía y la política, cuyo manejo ha pasado a manos de actores ideologizados que avanzan o retroceden (a veces sin ton ni son), al compás de este escenario confuso y desafiante.

En relación con este estado de cosas, la mentira ha pasado a ser la más resonante de todas las fuerzas imperantes.

Porque la difusión de conocimientos e informaciones de supuesta “primera mano” (a menudo dudosa e incomprobable), es cada vez más amplia, merced a los nuevos sistemas tecnológicos de comunicación que inventan y recogen alternativamente noticias falsas, verdaderas y/o puros inventos de sus creadores. Seres muchas veces anónimos, con nombres y rostros trucados por el perfeccionamiento acelerado de la inteligencia artificial.

La democracia ha pasado a ser así un valor teórico de referencia para dirigentes políticos y sociales, mientras los ciudadanos tratamos de cobijarnos de la influencia de algunas tiranías encubiertas, obligándonos a vivir en medio de la impotencia para unificar un discurso que permita desarrollar armónicamente a una sociedad abierta, como la propiciada por Henri Bergson y Karl Popper, que debería ser a la vez causa y efecto de la libertad de informar e informarse.

Sin embargo, los que recogen dicha información parecen tener como preocupación dominante el falsificarla, y los que la reciben la de eludirla. Y como agrega al respecto Jean Revel, la democracia no puede sobrevivir si la verdad queda debajo de un nivel mínimo de existencia.

Porque el estado de oscuridad que ello desencadena en muchos actos de disposición, termina afectando hasta la administración de justicia, perdiendo finalmente la posibilidad de quedar debidamente protegidos por su eficiencia.

En eso estamos. Y aunque suene apocalíptico, es algo que debería ser corregido con urgencia, para que la violencia de las tiranías de opinión pública “tecnológica” mencionadas no nos condene a la inanición, convirtiéndonos en material manipulable por parte de ciertos delincuentes nacidos al amparo de la oscuridad.

A buen entendedor, pocas palabras. Y que se ponga el sayo el que le quepa.

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