A partir de allí, detallan una serie de “inconvenientes” desarrollando ideas atrabiliarias y pretendiendo ser incluidos en una zona de supuesta catástrofe, motorizada por poderes internacionales superiores que conspiran para su desaparición.
Esta emergencia, dicen, los excusa para emprender cualquier aventura política, sometiendo al ciudadano del común a vivir dentro de un cepo cultural inadmisible.
Según Bernard-Hubert Levy el esquema es siempre el mismo:
apelación a un tiempo lejano en el que la nación era gloriosa y le otorga títulos suficientes para justificar una actitud cerrada al intercambio comercial y cultural de una sociedad libre, conminando al resto del mundo a convalidar su acreencia a una supuesta deuda de aquellos que solo buscan marginarla, y en última instancia, someterla.
La legitimidad de estos pensamientos pretende reivindicar un fundamentalismo que sufre, supuestamente, los embates de ricos poderosos y soberbios.
Basta una simple reflexión sobre estos postulados, para comprender de inmediato que se trata de un medio para enfervorizar a quienes carecen de una cultura elemental que les permita discernir el valor de las falacias difundidas. Y a ellos va dirigido principalmente el mensaje, como una forma de someterlos al arbitrio de gobiernos nacionalistas –y en alguna medida xenófobos-, que buscan perpetuarse en el tiempo a toda costa.
En ese sentido, la declamada “autodeterminación de los pueblos”, no es para ellos sino una mascarada sin sustento racional, que luce más bien como una estrategia política de su flagrante autoritarismo.
El Presidente Milei, por el contrario, parece hacerse eco de las palabras de Savater que sigue diciendo metafóricamente que quienes son aquellos que son capaces de señalar una fecha inapelable que no admita recurso de amparo ante un Alto Tribunal.
Porque resulta bastante absurdo recurrir a libros de historia amañados para esparcir mentiras que permitan defender ideas totalitarias.
A buen entendedor, pocas palabras.
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Como dice Fernando Savater, hay nacionalismos que reclaman “reparaciones” (¿) y se declaran perjudicados por la historia, exigiendo la misma ayuda que esperan las víctimas de una inundación. 