Miércoles, 04 Marzo 2026 18:48

En medio de la guerra, viento de cola – Por Vicente Massot

Abrir el informe de esta semana con base en cuanto sucede en estas playas tendría todo el sentido del mundo si no se hubiese desatado en el Oriente Medio —para utilizar ese calificativo geográfico, echado a correr hace dos siglos por el Foreign Office británico— un nuevo capítulo del conflicto que sin solución de continuidad protagonizan los Estados Unidos, Israel y la teocracia iraní.

No importa qué tanto peso hayan tenido las victorias cosechadas por los libertarios en el Congreso de la Nación y que tan acorralados hayan quedado los grandes empresarios prebendistas contra los cuales arremetió Javier Milei, lanza en ristre; lo cierto es que empalidecen ante la medida tomada en conjunto por el presidente norteamericano y su par judío de avanzar a expensas del régimen persa.

 

No hay tiempo ni espacio para realizar un análisis pormenorizado de la guerra que tiene en vilo al mundo, pero sí es del caso hacer referencia a tres aspectos significativos en razón de la incidencia que tienen sobre la marcha de los asuntos públicos nacionales. Por un lado, cada día que pasa cobra mayor trascendencia la decisión del líder libertario de cerrar filas con el candidato republicano cuando aún no había ganado las elecciones y llegado a la Casa Blanca.

Nada lo obligaba a hacerlo y algunos asesores de esa etapa trataron de hacerle ver cuán arriesgada era la jugada, en atención a que el presidente yankee en ejercicio era entonces el demócrata Joe Biden.

Sin embargo, el primer magistrado criollo no dudó y la recompensa que por ello ha obtenido ha sido descomunal. A medida que la figura de Trump se agiganta y su poder en términos planetarios crece —nos guste o no— la apuesta del dueño temporario de la Casa Rosada gana lustre

La segunda reflexión pertinente se corresponde con la deriva de los precios del petróleo y del gas licuado. Un tercio de la producción del oro negro generado en el Golfo Pérsico y un quinto de la de gas licuado pasa por el estrecho de Ormuz. Cerrado por la contienda ese accidente geográfico, el barril Brent ha aumentado en torno a U$ 10.

Lo cual traerá aparejado, como consecuencia no buscada, mayores ingresos en el rubro energético para nuestro pais. Vaca Muerta y la nueva política establecida por Milei juegan hoy claramente a favor.

El tercer comentario ineludible tiene que ver con la idea, hoy extendida a todos los rincones de la Tierra, acerca del peligro de una tercera guerra mundial que bien podría generar —como es lógico— peligros impredecibles para la totalidad de la naciones, incluida la Argentina.

Sucede que la idea es tan disparatada, tan fuera de lugar, que si no fuese porque de manera machacona se la repite en los medios de comunicación y en las redes sociales hasta el cansancio, merecería ser por completo ignorada. Pero —como pasa de boca en boca— corresponde decir dos palabras a su respecto.

Irán es un tigre de papel o, si se prefiere, un gigante con pies de barro que lanza amenazas tremendistas a sus oponentes a condición de entender de que no es capaz de cumplirlas.

Para desatar un conflicto planetario o algo de semejante envergadura se requiere un arsenal, una logística, una inteligencia, una tecnología y unos medios económicos de los cuales los ayatollahs carecen por completo.

La respuesta que le han dado a los ataques de los últimos meses, llevados a cabo en su contra por la primera potencia mundial y su aliado regional excluyente, prueban hasta el hartazgo su proverbial incapacidad militar.

Apenas si ha lanzado algunos cohetes y drones que han impactado en Tel Aviv y algunos lugares de Dubai, Qatar y los Emiratos sin ningún efecto estratégico.

Imaginar, pues, una crisis de alcance general por efecto de cuanto podría hacer el desfalleciente gobierno con sede en Teherán es no entender la asimetría de fuerzas que rigen el conflicto. Con un dato adicional no menor: el grado de confusión y las disputas internas que han estallado entre las distintas facciones y factores de poder que coexisten en esa nación.

La probabilidad de que debamos sufrir los cimbronazos de un descalabro bélico o financiero mundial, tiende a ser igual a cero. Así de simple.

Repasemos ahora los avatares domésticos. Por de pronto, el discurso del domingo a la noche pronunciado en ocasión de abrirse las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.

Contra lo que se imaginaba no contuvo anuncios de las políticas públicas específicas que la administración libertaria piensa desarrollar en el curso del año. El monólogo mileista resultó más una arenga tribunera, plagada de dicterios enderezados contra sus opugnadores, que una síntesis y compendio de lo hecho y lo por hacer. El domingo reingresó en el escenario político el presidente que se mueve en modo beligerante.

El aire triunfalista que se respira en las tiendas del oficialismo se explica a poco de repasar la serie de triunfos legislativos que cosechó en las últimas semanas, tanto en la cámara de senadores como en la de diputados. La reforma laboral es un hecho y también la baja de la edad de imputabilidad de 16 a 14 años.

El proyecto de ley de glaciares obtuvo la media sanción y el acuerdo Mercosur-UE ya es una norma vigente. Si a lo expresado se le suma la continuación de la sorda disputa de Cristina Fernández y Axel Kicillof, en torno del poder bonaerense; el nuevo quiebre del bloque kirchnerista que dirige José Mayans, que deja a los libertarios orillando los 37 votos —o sea, a punto de tener quórum propio— y el inconcebible sincericidio del titular de la empresa Neumen, que confirmó —seguramente sin quererlo— los argumentos adelantados por Javier Milei respecto del capitalismo de amigos, cabría cantar ¡Cartón lleno!

No es de extrañar, pues, que el gobierno tenga en claro contra quienes enderezar sus cañones y a quienes elegir como los enemigos con los cuales confrontar hasta las elecciones del año que viene: el kirchnerismo y sus aliados, desde Sergio Massa a Miguel Ángel Pichetto, los empresarios prebendarios y la mafia enquistada en la AFA.

Tener enfrente a la ex–presidente, al gobernador de Buenos Aires, al Chiqui Tapia, a Pablo Toviggino, a Paolo Rocca y a Madanes, entre otros, le otorga a Javier a Milei una ventaja, de momento inestimable, por poco ortodoxos que sean sus modales y su lenguaje.

Hasta la próxima semana.

Top