Jueves, 30 Abril 2026 14:08

Una lógica difícil de discernir – Por Vicente Massot

La sangre finalmente no llegó al río. Había fundadas razones para pensar que la presencia del jefe de gabinete en el Congreso suscitará un escándalo de proporciones. Más, en atención al hecho de que los hermanos Milei, como muestra de su apoyo sin fisuras a Manuel Adorni, se harían presentes en uno de los palcos para no perder detalle de la performance de su protegido.

Pero no hubo show, más allá de un cruce de acusaciones e insultos entre las minúsculas bancadas de la izquierda criolla y el presidente de la Nación, que no pasaron a mayores.

 

El planteo del funcionario libertario fue técnico y, respecto de sus gastos en viajes y compra de departamentos, dijo lo que viene repitiendo desde hace rato: que no cometió ningún delito y que, en su debido momento, la Justicia lo dejará en claro. A esta altura, si bien no puede darse por cerrado el caso, lo cierto es que la estrategia gubernamental apunta a que corran los tiempos judiciales —en general, lentos— y así pueda el oficialismo digerir el trago amargo de la mejor forma posible.

El costo que ha tenido la tozudez del primer magistrado y su hermana —que no han querido soltarle la mano a un subordinado que carece hasta el momento de explicaciones sólidas a la hora de despejar cualquier duda en punto a su patrimonio— lo dejaron en claro las encuestas.

La imagen de Adorni está por el suelo y las críticas a la corrupción crecen. De todas maneras, los dueños temporarios de la Casa Rosada no se han inmutado. Para ellos, todo es fruto de una campaña conspirativa de sus enemigos.

Por fuera de cuanto ocurrió en las salas parlamentarias hubo una serie de episodios que pusieron al descubierto —otra vez— las dificultades de calibrar la racionalidad de las decisiones que toma la administración libertaria en cuestiones que hacen a la ética pública. El flamante ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, envió al Senado más de cien pliegos para ocupar vacantes de jueces y fiscales a nivel nacional. Era —por supuesto— cuanto correspondía hacer en virtud de que el tema llevaba años metido en un cajón, a la espera de que algún gobierno decidiera activarlo.

Pero, a poco de pasar revista a los nombres propuestos, es fácil distinguir al menos seis candidatos —Hernán Figueroa, Ana Galán, Ángeles Ramos, Santiago Vismara, María Esther Pinos y Juan Manuel Mejuto— pertenecientes a la flor y nata de Justicia Legítima y provenientes de distintas organizaciones izquierdistas vinculadas a los derechos humanos, algunos —incluso— ahijados dilectos de Alejandra Gils Carbó.

No deja de ser curioso o lisa y llanamente incomprensible, que el mismo poder que clama en contra del kirchnerismo militante y recusa la politización de la Justicia, sea —por medio del titular de esa cartera— el que impulsa nombres semejantes. No debería sorprender —en virtud de sus vínculos inocultables con Tapia y Toviggino— que Mahiques tratara de beneficiar a sus antiguos valedores. En cambio, no se le conocían simpatías o coyundas con el elenco estable K de la judicatura.

Suponer que el listado de la discordia lo confeccionó a gusto y gana representaría una ingenuidad. Los miembros del gabinete no hacen nada sin antes pedir la venia de Balcarce 50, Mahiques no es la excepción a la regla.

También se conocieron durante el pasado fin de semana otros dos hechos luctuosos.

En Mar del Plata un ex–empleado jerárquico de ARCA —con más de 35 años de servicio— presentó una denuncia aduciendo que fue desplazado de su cargo por cuestionar los intentos de frenar la investigación en curso respecto de maniobra dolosas en el hotel del gremio de camioneros, en a Ciudad Feliz. Manuel Rodríguez, tal su nombre, no fue el único que de buenas a primeras fue reemplazado del lugar que ocupaba en el organigrama correspondiente. Hubo otros.

Por supuesto, las autoridades de la citada dependencia estatal salieron a dar explicaciones que pecan de insuficientes o faltan a la verdad.

Quizás sea ello debido a la preocupación que en este momento embarga al jefe máximo de esa agencia de recaudación, Andrés Vázquez. Se conocía de antiguo que el citado director —puesto allí por Santiago Caputo— era un evasor contumaz. Había ocultado como si tal cosa a la Oficina Anticorrupción, departamentos de su propiedad en Miami por valor de más de U$ 2 MM.

Ahora la Procuraduría de Investigaciones Administrativas le solicitó al juez Martínez de Giorgi  que le tome una declaración indagatoria. Los que apostaban a que el magistrado nombrado —de ordinario solícito a los pedidos del poder de turno— iba a hacerse el distraído, pecaron de mal pensados.

En menos de lo que canta un gallo hizo lugar al pedido de pruebas. Los todopoderosos jueces de Comodoro Py que hasta ayer arrastraban las causas sine die, han comenzado a despabilarse. “Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”, cantaba el panameño Rubén Blades en su hit ya famoso, Pedro Navaja.

Cuesta entender la lógica de los hermanos. A nadie podía sorprender que una asociación ilícita como la conformada por las primeras espadas del kirchnerismo robase a mansalva, sin ningún escrúpulo. Está en su naturaleza hacerlo. Inversamente, Javier Milei en el curso de la campaña que terminó depositándolo en la presidencia se cansó de vocear a los cuatro vientos que venía a adecentar la política y a correr a la casta de los lugares de privilegios inmerecidos que ocupaba. Hizo de la moral pública una bandera y esa fue una de las razones por las cuales le ganó la pulseada a Sergio Massa.

Eso lo obligaba a ser en extremo cuidadoso con los funcionarios que elegiría para acompañarlo e inflexible si acaso cualquier de ellos cometía un ilícito. Actuó a tiempo cuando estalló el escándalo que arrastró a José Luis Espert al ostracismo. Pero esa fue la excepción.

En los demás entuertos no ha abierto la boca o bien ha hecho una cerrada defensa de los infractores. Si la economía marchase de maravillas, quizá podría darse ese lujo. Frente a las dificultades que aún aquejan a una parte importante de la sociedad, no solo supone un mal ejemplo sino también jugar con fuego.

Hasta la próxima semana.

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