Su “original” (¿) propuesta para detener al líder israelí Netanyahu cuando éste asista a la reunión de la UN en dicha ciudad en los próximos días, acusándolo de “crímenes de lesa humanidad”, lo muestra arrogándose el derecho de interpretar leyes internacionales que rigen en ese sentido.
Y la misma parece salir de una mente afiebrada que olvida las recomendaciones que postulaba Nietzsche para casos semejantes: moderación y sabiduría. Apelación a dos valores de juicio que deben acompañar al hombre en cuanto corresponda a ciertas investiduras, sin traspasar los límites de la razón y despojándose de sus conveniencias personales.
En el caso de Mamdani, refleja su evidente apego al absolutismo musulmán que profesa y hoy jaquea en general al mundo libre occidental de diferentes maneras. Los conflictos del estrecho de Ormuz y la “causa” palestina son dos buenos ejemplos en este sentido.
Porque como sostenía David Hume: “existe entre los hombres una tendencia general a concebir a todos los seres según su propia imagen y a atribuir a todos los objetos aquellas cualidades que les son más familiares”.
De ahí, sigue diciendo el filósofo, que descubran “caras humanas en la luna y ejércitos en las nubes” (sic), lo que les lleva a concebir las cosas que los rodean como buenas o malas, oportunas o inoportunas, según las mismas les lastimen o no les agraden.
Muchos sostienen proyectos que son verdaderos atentados al sentido común, con el supuesto objetivo de obtener una paz perpetua, desatando una guerra antagónica entre ideas: las de quienes defienden la verdad y la razón aliados con la realidad, y aquellos que se empeñan en convencernos que el camino hacia dicha paz debe privilegiar dudosas premisas revolucionarias.
La puja que hoy atraviesa distintos continentes en cuestiones semejantes, se ha constituido así en una suerte de contienda donde abundan los que parecen sentirse imbuidos de esa “misión divina” a la que hacemos mención. No hace falta escarbar mucho para reconocerlos rápidamente.
Por todo ello, deseamos recordar nuevamente a Nietzsche al respecto, cuando dice que “la observancia superficial e inexacta lleva a percibir contrastes en la naturaleza como una mera oposición entre CALIENTE y FRÍO. Una naturaleza donde en realidad no hay contrastes, SINO SOLO DIFERENCIAS DE GRADO” (sic).
A buen entendedor pocas palabras.

Zohran Mamdani, alcalde de New York City, ha confirmado -una vez más-, que existe en el mundo de la política una suerte de “misioneros divinos”, que se arrogan la presunción de ser dueños de la palabra de un dios junto al cual se sienten protegidos de caer en cualquier error conceptual. 