Según aquellos sondeos, Lula ganaría en la primera vuelta por una diferencia de entre cuatro y cinco puntos, poco más o menos, mientras en el balotaje los dos contendientes llegarían empatados, con una leve ventaja para el candidato socialdemócrata.
Nadie fue capaz de poner en tela de juicio los anuncios en clave canónica de esos relevamientos preelectorales; o nadie se animó. Lo cierto es que —una vez más— las muestras respecto de la intención de voto fracasaron miserablemente.
No sólo el hombre de la derecha dura ganó a simple pluralidad de sufragios, sino que quedó en inmejorable posición para repetir su performance el próximo día 25. Por lo pronto, y cualquiera que sea el resultado de la segunda vuelta, dominará el Senado y habrá acrecentado su poder en la Cámara de Diputados. Además de ganar en la mayoría de las gobernaciones que estaban en disputa, San Pablo y Río de Janeiro incluidas.
¿Por qué pensar que la probabilidad de Bolsonaro de imponerse en veinte días más y desplazar a Lula del Palacio de Planalto, está al alcance de su mano? —
Básicamente, por tres distintos motivos, a saber.
1) Es muy difícil que los seguidores de Ronaldo Caiado, Augusto Cury,
Renan Santos y Romeu Zema —candidatos menores, ninguno de los cuales obtuvo más de 3 % de los votos— decidan en el cuarto oscuro respaldar al representante de la izquierda. Son, en términos generales, gentes de centro o centroderecha.
2) La batería de medidas populistas y distribucionistas que puso en marcha el actual presidente en las últimas semanas está agotada y no le sirvió de mucho.
3) Los mismos estrategas del PT eran conscientes de que debían superar a Bolsonaro por unos cuatro o cinco puntos en la instancia inicial del calendario electoral para tener chances a finales de octubre.
Como quiera que sea, el ciclo de las elecciones presidenciales en esta parte del planeta ha llegado a su fin, y si fuera menester hacer un resumen y compendio de lo acontecido en el subcontinente sudamericano cabría decir —sin temor a errar— que la derecha identitaria ha aventajado a sus rivales allí donde se dirimieron supremacías: en Chile, en Colombia, en Perú, y ahora también en Brasil.
Sin embargo, conviene no llamarse a engaño y pensar que, con la sola excepción de Uruguay, el conjunto de naciones formarán un bloque o uniformarán sus respectivas políticas exteriores. Nunca este tipo de procesos son lineales y conviene no olvidar que las semejanzas ideológicas de los gobiernos no necesariamente se corresponden bien con los intereses permanentes de los países.
A todo esto Javier Milei, al margen de levantar su copa y felicitarse por su acierto, mirará por arriba del hombro a todos aquellos que lo descalificaron cuando irrumpió sin pedir permiso en la campaña electoral brasileña, quebró una lanza en favor de Bolsonaro y, al mismo tiempo, descalificó de manera brutal a su par de aquel país.
El jefe libertario repitió cuanto había hecho en oportunidad de substanciarse los comicios presidenciales en los Estados Unidos, que catapultaron a la presidencia de la nación más poderosa del mundo a quien él había elogiado sin límites.
En ese momento no fueron pocos los que sostuvieron que era demasiado arriesgado apoyar en forma desfogada a Trump antes que los norteamericanos marchasen a las urnas. No hizo caso, como tampoco dudó un instante antes de estrecharse en un abrazo con Bolsonaro, en el mismo momento en que la mayoría de los entendidos no daba un centavo por su suerte.
Pero las buenas noticias no sólo llegaron del país vecino. El viaje a la capital francesa cumplió con las expectativas que se habían hecho en el gobierno.
Por un lado, Milei trajo algo más que promesas de inversión en infraestructura. Por el otro, resultó indisimulable la presencia en la comitiva de trece gobernadores que acompañaron al presidente en su visita a la capital gala.
No es casualidad que participasen del periplo cuando están en marcha negociaciones de la cúpula política libertaria con los mandatarios provinciales para tratar de suspender o eliminar las PASO.
Si bien el que hayan sido de la partida no significa que se acoplen a los planes oficialistas en punto a las primarias abiertas, simultaneas y obligatorias, permite sí pensar que están más cerca de darle el visto bueno al gobierno que de cerrarle la puerta en las narices.
Como si fuera poco, en Washington, el secretario del Tesoro de la administración republicana, Scott Bessent, fue entrevistado por The Axios Show y entre otros temas tocó el capítulo argentino, expresando: ‘Pude utilizar el balance de los Estados Unidos de América y ganar dinero para el pueblo estadounidense con un swap de monedas plenamente garantizado’, al recordar el apoyo que en un momento crítico le había prestado a Milei el año pasado, antes de las elecciones legislativas.
‘¿Podríamos volver a hacerlo?’ se preguntó, para responder, sin pensarlo dos veces:
“—Claro”.
El respaldo del funcionario de Trump no pudo llegar en mejor oportunidad. No es que Balcarce 50 esté bajo fuego y corra un riesgo financiero semejante al que debió sobrellevar en septiembre de 2025, luego de la derrota sufrida en la provincia de Buenos Aires a manos del kirchnerismo.
Pero arrecian las críticas desde todos los costados y abundan los analistas que alertan acerca del peligro de la dolarización preelectoral, al par que insisten en que las reservas serían insuficientes para honrar los compromisos del Tesoro en 2027.
De creérsele a estos opugnadores del plan económico —Álvarez Agis, Cachanosky, Melconian, Lacunza y tantos otros— la gestión del dúo Milei-Caputo arribaría boqueando a octubre del año que viene. De momento, son tan sólo pronósticos alarmistas.
Hasta la próxima semana.


La victoria de Flavio Bolsonaro fue sorpresiva en grado superlativo por una razón excluyente: la totalidad de la encuestas pusieron en circulación unos números a los cuales el resultado de las urnas los hizo trizas.