El obrero metalúrgico que trabajó desde su adolescencia le ganó al niño bien pretencioso y engrupido que además de burlarse del obrero mutilado, pretendía ser presidente ignorando, por ejemplo, lo que gana un obrero. Ganó Lula. Ganó a lo guapo.
Ganó porque es más inteligente, porque tiene más calle y más noche, porque se aguanta las buenas y las malas y porque ya es un pedazo de historia de Brasil. El nene bien protegido por el papá, protesta por el resultado de las urnas con el mismo tono que protestaba su papá, un estilo de marca registrada por la familia Bolsonaro.
Ya habrá tiempo para evaluar los desafíos que se le presentan al presidente reelecto. Por lo pronto, yo no puedo disimular mi satisfacción de que la ultraderecha haya sido derrotada, que el candidato abogado de asesinos de niñas haya mordido el polvo de la derrota, que el hombre que no pudo refutar la imputación de miliciano paramilitar haya quedado haciendo señas como el penado 14.
La victoria del viejo luchador contradijo encuestas, análisis especialistas y leyendas baratas al estilo de que los oficialismos siempre pierden o que nunca el derrotado en la primera vuelta pudo ganar en el segunda o que por un extraño designio de los dioses la ultraderecha siempre gana o que los mercados están nerviosos.
Lula agradeció al pueblo brasileño por el voto, también se preocupó en informar que será presidente de todos los brasileños. Un reproche corresponde hacerle: no agradeció a Milei, cuya vertiginosa aparición en Brasil y las cataratas de insultos al candidato del PT hizo lo posible o lo imposible para que los votantes dudosos decidieran continuar con Lula Ni lerdo ni perezoso, Pedro Sánchez en España coincidió por primera vez con Felipe González: Milei trabaja para Sánchez.
Una visita más de nuestro presidente a España , unos insultos como al pasar contra periodistas y políticos, y Sánchez gana con mayoria absoluta. Otro error conceptual quiero advertir: Lula no es Cristina. No lo es por historia, por calidad de gestión y porque si bien está muy lejos de ser un santito, al lado de Cristina, al lado de la cleptocracia de la abogada exitosa, es apenas un "descuidista".
Cristina no tiene nada que ver con el obrero metalúrgico que encarnó sueños y esperanzas. Cristina fue dos veces presidente y Lula lo será ahora por cuarta vez. La capacidad de gestión de Lula es muy superior a la señora presidente que reside en San José 1111. La victoria de Lula es una desmentida a la peregrina teoría de América latina como patio trasero de los yanquis. Habrá gobiernos que prefieren ser la letrina del imperio, pero hay gobiernos que no se resignan a ese lugar.
Lula conversa con Trump, se relaciona con los poderes económicos más fuertes, pero preserva un espacio político de autonomía. No es un loquito. No es Cristina. Tampoco es una versión carioca de Myriam Bregmann o Nicolás Maduro. Es el político más importante de la historia de Brasil, un estadista experimentado que sabe exigir y sabe conceder.
En Brasil no habrá motosierra y tampoco habrá jolgorio populista. Por lo pronto, su índice inflacionario es muchísimo mas bajo que el nuestro; lo mismo el riesgo país. Vamos a seguir hablando de Brasil. Pero ahora a festejar acompañado del ritmo de Caetano, Chico Buarque, Gilberto Gil, Geraldo Azevedo.


Ganó Lula. Le sacó un dedo de ventaja a Bolsonaro.