Opinión

Dos estilos mandan en la Argentina desde hace décadas. La ilusión de disipar el conflicto se hace aún más nítida si se toma en cuenta que la magnitud de los intereses económicos que habría que afectar para reencarrilar al país por una trayectoria de recuperación es descomunal.

Sólo un necio o alguien que estuviera aquejado por una ceguera aguda podría no percibir, en toda su dimensión, cuál es la estrategia del kirchnerismo para lo que resta del año en curso y para el siguiente.

No es en los tribunales del cielo o en los tribunales de la historia donde la vicepresidenta debe responder, sino en los tribunales de nuestro Poder Judicial; estos jueces, y no otros, serán quienes la condenen o la absuelvan

La sentencia dictada el último martes por el Tribunal Oral Federal 2 en el caso conocido como "Vialidad" cerró un capítulo crucial de este extenso y comentado juicio, pero seguramente no le puso punto final a la novela.

En 2013, Woody Allen filmó Blue Jasmine. Es la historia de una mujer casada con un especulador financiero que estafa a sus clientes, y que decide mirar para el costado, mientras el matrimonio asciende social y económicamente. Jasmine disfruta de un glamoroso nivel de vida en Nueva York sin hacerse demasiadas preguntas sobre el origen de esos lujos; haciendo “como que” no ve nada hasta que, en esa supuesta escena perfecta, aparece otra mujer. Una tercera en discordia.

Eugene Ionesco decía que “el hombre universal y moderno es el hombre precipitado, un hombre que no tiene tiempo, que es prisionero de la necesidad, que no puede entender que una cosa podría quizá no tener utilidad, ni comprende que, en el fondo, lo útil es lo que quizá sea una carga inútil y abrumadora”.

El Juicio a las Juntas, en 1985, no ocurrió por una sola causa. Fue una sucesión de acontecimientos que ocurrieron a partir de la decisión de que no quedaran impunes delitos y crímenes de Estado.

Es increíble, pero el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner logra superarse a sí mismo en materia de barbaridades institucionales, incluso cuando uno cree haber visto todo.

Una vieja historia cuenta que el Rey Federico II de Prusia pasó por las tierras de un campesino en las que había un molino que éste utilizaba para trabajar. Al advertir que ese molino afectaba la belleza del paisaje, quiso comprarle las tierras a su dueño para demolerlo y satisfacer su absurdo capricho. Ante la negativa del campesino el Rey ordenó confiscar sus tierras. El campesino acudió a la Justicia, la que impidió que se perpetre el atropello, advirtiendo al Rey que todavía había jueces en Berlín.

La vicepresidenta se encamina a seguir los pasos del expresidente riojano, que nunca llegó a tener condena firme y terminó refugiado en el Senado

Top