Domingo, 19 Abril 2020 21:00

La economía vuelve a llamar a la puerta de Alberto Fernández - Por Sergio Crivelli

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El dólar y la cesación de pagos reaparecieron en escena, a pesar de que el coronavirus siguió monopolizando la agenda mediática. Inflación en alza; actividad y salarios a la baja.

 

La cotización del dólar ha sido históricamente el gran despertador que devuelve a los argentinos a la realidad los saca de sus paraísos artificiales y deteriora a los gobiernos. La semana pasada, mientras el presidente continuaba patrullando los medios y dedicándose “full time” al coronavirus, cruzó la barrera de los 100 pesos a pesar del supercepo.

El salto fue en el dólar bursátil, lo que llevó al Banco Central a meter mano. Según trascendió, se fortalecieron los controles sobre los operadores lo que produjo un efecto inmediato: por un lado, caída en las cotizaciones, por otro, la subida del “blue” por traspaso de las operaciones.

Ocurrió lo de siempre cuando el poder político interviene policialmente para bajar precios: la pérdida de transparencia de los mercados. Los dólares bursátiles son legales, el “blue”, no. “Blue” es un eufemismo por negro. La corrección política alcanzó al billete verde para cambiarle el nombre, pero no las costumbres. Con la economía se puede hacer casi cualquier cosa, menos evitar las consecuencias de lo que se hace.

Otra señal del mal ambiente fueron los rumores de nuevos corralones y corralitos. Eran tan fuertes que hasta los medios los reflejaron. Para parar la bola que se estaba armando el Central anticipó que a partir de mañana los bancos empezarán a devolver por ventanilla todos los pesos y dólares que sus clientes tengan depositados y reclamen. Resultado: los rumores pararon, pero la incertidumbre, no. En especial respecto del difícil futuro de las cuentas en dólares.

Ese futuro se volvió más difícil aún después de que el ministro Guzmán confirmara el default virtual de la deuda en dólares bajo legislación extranjera. Dijo que el país no puede pagar nada por los próximos años y recortó intereses y capital a los bonos de reemplazo.

En lo sustancial el problema de la deuda no es político, ni ideológico, sino de dólares. Por lo tanto, la solución depende de los dólares que el gobierno esté dispuesto a pagar. Se abre por lo tanto una negociación de poco más de un mes para llegar a un acuerdo con los bonistas, aunque Guzmán prometió no moverse de su postura.

El ministro hizo el anuncio en una puesta en escena en Olivos que reunió al gobierno y la oposición. Todo un cambio de estilo. En 2001 el default había sido declarado en medio de una ovación al efímero Adolfo Rodríguez Saá y con el peronismo en su estado natural. Veinte años más tarde, el kirchnerismo volvió a repudiar la deuda con menor algarabía, pero similar despreocupación por las consecuencias.

En la Quinta el presidente intentó una demostración de poder político, aunque sus dificultades son financieras. Lo que tenía que exhibir no era un grupo de dirigentes que hoy carecen de un jefe político y andan a la deriva, sino un programa de sostenibilidad fiscal, algo que no ha armado. Primero con la excusa de arreglar la deuda y ahora con la del coronavirus.

Los números que se conocen hacen de todas maneras innecesaria cualquier simulación sobre la capacidad de pago del país. La inflación de marzo fue del 3,3% a pesar de que el director del Indec admitió que la mitad de los relevamientos de precios se hicieron por teléfono. El impacto sobre los alimentos fue mayor, lo que continuará presionando sobre los niveles de pobreza.

En Argentina no son sólo pobres los que no tienen trabajo, sino también los que lo tienen, pero de baja calificación. Pronto se sumarán los protegidos por sindicatos fuertes. La UOM aceptó una reducción del 30% de los salarios: otras actividades aceptan podas del 50%. No hacerlo significa mandar a la quiebra a las empresas.

El ministro de Trabajo Claudio Moroni sostuvo que en marzo no hubo una escalada del desempleo, pero eso es atribuible a la prohibición por decreto de los despidos. No durará mucho porque las empresas pequeñas y medianas están en coma inducido. El presidente de la Federación Económica de la provincia de Buenos Aires, Camilo Kahale reveló que “solo el 10% de las pymes están completamente operativas y apenas el 16% podrá afrontar los costos de salarios y gastos de abril sin la ayuda del Gobierno, mientras el 6% está considerando cerrar sus puertas”. Explicó que el costo de la inactividad del segmento se calcula en115 millones de dólares diarios y la pérdida de empleo a causa de potenciales cierres de empresas en 190.000 puestos de trabajo.

Las cifras son dantescas. Se anotaron en la AFIP para que el estado les ayude a pagar los salarios 390 mil empresas, 8 de cada 10 existentes. El gobierno no parece tener idea de lo que enfrenta, como ocurrió con el subsidio de 10 mil pesos a monotributistas. Esperaba que se anotaran 3,6 millones, se anotaron 11 y cobrarán 7. Con un estado en default y el sector privado fundido, el dólar representa sólo la punta del iceberg.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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