Martes, 21 Abril 2020 21:00

Se comió la curva - Por Sergio Crivelli

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"Sine ira et studio" (Tacito, Annales 1,1,4)

 

Horacio Rodríguez Larreta quiso encerrar a los mayores de 70 años, lo que le generó una lluvia de críticas y una declaración de inconstitucionalidad. Su decisión fue un atropello a garantías básicas de los ciudadanos que administra.

Pero la discusión filosófica es anexa. Cometió ese torpe error porque teme que, si hay un pico descontrolado de contagios, la capacidad sanitaria de la ciudad se vea desbordada por los enfermos del conurbano. Un apreciable porcentaje de sus votantes no va a los hospitales; paga su propia protección sanitaria en el sector privado. Pero la idea es que ocupe la menor cantidad de camas, aunque haya que clausurarlo en su domicilio. No hacen falta argumentos filosóficos para repudiar un procedimiento de semejante catadura. Tanto Rodríguez Larreta como el presidente Fernández le temen más un alzamiento de pobres suburbanos que a perjudicar una vez más a los adultos mayores que por razones obvias no protestan en las calles.

Además, la justificación de Rodríguez Larreta en un acaramelado tono paternalista resulta inaceptable para quien aún disponga de un uso moderado de sus facultades mentales. Ninguna excusa puede ocultar que se trató de una decisión política. Fue tomada calculando costos y beneficios y los primeros pueden ser mayores que los segundos, aunque los pobres sean más que los "over 70". Esto se comprobará en la próxima elección, fatal encrucijada que la dirigencia enfrenta cada dos años.

El problema principal del jefe de gobierno tampoco es, la elección, sino el haberse quedado sin la cobertura de Mauricio Macri en la presidencia. Trata de bailar con la música que toca Alberto Fernández y pone la cara hasta en el anuncio del "default", pero es un cuerpo extraño para el oficialismo. Le quieren sacar recursos que Macri le facilitaba. Ya no puede hacer obras y las cuentas no le cierran. Pero tampoco eso es lo peor; enfrenta la hostilidad de Cristina Kirchner que lo ve prepararse como el futuro candidato opositor.

Rodríguez Larreta llegó donde está por decisión de Macri. Demostró ser un administrador atento de un distrito con recursos e históricamente antiperonista. Hoy quiere reemplazar a su mentor, pero para eso se necesita algo más que capacidad de gestión. Necesita decisiones adecuadas y "timing" y para eso no alcanzan las encuestas de Jaime Durán Barba o el seguidismo a Alberto Fernández. Se necesita ser un político. En ese sentido Macri fue (no se sabe si piensa seguir ejerciendo) un político exitoso, aunque el peronismo pretendió descalificarlo por su origen empresario. Torpemente se creyó su propio discurso y fue derrotado por él varias veces, lo tuvo que aguantar cuatro años y ver como se iba de la Casa Rosada con el mandato cumplido y por sus propios medios. Los radicales, que viven del erario público desde el tiempo de Yrigoyen, también se creen más políticos que él, pero estuvieron cuatro años haciéndole furgón de cola y cumpliendo órdenes de Marcos Peña. Como puede comprobarse para ser un político no alcanza con vivir del estado, hay que saber decidir y en esa tarea Rodríguez Larreta parece haberse comido la primera curva que encontró en su camino hacia la autonomía.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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