Martes, 26 Mayo 2020 21:00

Incertidumbre - Por Sergio Crivelli

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Antes de cumplir seis meses el "albertismo" entró en cuarto menguante; el resultado es una incertidumbre política que aumenta. No hay vacío de poder porque hay estado de excepción.

 

En los hechos el presidente decide a voluntad sobre la libertad ambulatoria y el patrimonio de los ciudadanos. La Justicia está de vacaciones y el Congreso hace lo que el oficialismo quiere. Pero lo que está empezando a asomar no es un problema de legalidad sino de legitimidad política: ¿quién es el real dueño del poder y debe ejercerlo? ¿El que puso la cara en la boleta electoral o la real dueña de los votos que lo ubicó en ese sitio a dedo?

El primero en adivinar la inconsistencia del albertismo fue el mercado. El día posterior a las PASO el dólar y el riesgo país salieron proyectados a la estratosfera y nunca más volvieron. Los agentes económicos anticiparon lo obvio: el poder no sería del presidente, sino de su vice y el futuro repetiría el pasado. Tan obvio es hoy esa situación que hasta a Beatriz Sarlo acaba de darse cuenta.

El que mayor claridad echó sobre lo que ocurre es el ex vicegobernador Gabriel Mariotto al confesar que Alberto Fernández no hubiera ganado sino hubiese representado una imagen de moderación, pero que la etapa de los moderados se terminó; que llegó la hora de estatizar los servicios públicos y el comercio exterior.

El volumen político de Mariotto tal vez sea poco, pero no se trata de un caso aislado. La diputada Vallejos llamó a emitir sin límite y a apropiarse de las empresas privadas que reciben subsidios del Estado. El problema no son Mariotto, ni Vallejos, ni siquiera Peñafort que llama a escribir la historia con sangre, ni el resucitado Firmenich que da consejos al presidente. El problema es la falta de liderazgo que da lugar a ese vocerío que eleva la incertidumbre a las estrellas. El problema es que ni siquiera con el supuesto apoyo del 80% de la población el presidente puede poner orden en un oficialismo que no lo reconoce como conductor, sino como simple vicario del poder real.

Sin un presidente que compita con ella, Cristina Kirchner comenzó a avanzar después de seis meses de bajo perfil. No tiene nada delante. El "establishment" se escondió hasta que aclare. La UIA ve cómo la industria se desploma sin chistar. Los sindicatos mandan a decir que están muy enojados con Fernández, pero aparecen en todas las fotos con él. Gobernadores e intendentes abandonaron hace rato la idea de un retorno al peronismo y la Iglesia le hace coro a Fernández a pesar de que le prometió el aborto. En el Tedeum monseñor Poli pidió unanimidad detrás del confinamiento forzoso con argumentos copiados del oficialismo. Para la jerarquía local el monoteísmo político no se discute y es peronista. La UCA no habló más de pobreza para que los periodistas "K" hicieran pucheros al aire. En suma, la "transición" albertista parece estar tocando su límite y el gobierno entrando en territorio "K". La incertidumbre es sobre cuánta radicalización acarreará ese proceso.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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