Martes, 16 Junio 2020 21:00

Leña al fuego - Por Sergio Crivelli

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La decisión del kirchnerismo de ampliar la agenda que trata el Senado por videoconferencia aumentó innecesariamente la incertidumbre política e institucional. La sesión de la semana última, de la cual se retiró la oposición en masa, dejó una advertencia sobre ese riesgo.

 

El Senado funciona en forma virtual por un protocolo transitorio que excluyó las iniciativas no ligadas a la emergencia sanitaria. Se recurrió a este mecanismo para no modificar el reglamento. Hacerlo exige una mayoría de dos tercios con la que el kirchnerismo no cuenta. En la emergencia sirvió para lograr un acuerdo unánime y para evitar la parálisis de la Cámara.

Pero antes de que venciera la vigencia del protocolo el kirchnerismo resolvió violarlo incluyendo en la sesión del jueves pasado cuestiones ajenas al virus. Esa decisión aumentó la conflictividad y terminó de sepultar la ficción de un gobierno "moderado" de Alberto Fernández.

También expuso la precariedad del sistema de las sesiones virtuales. Las críticas opositoras despertaron la furia del oficialismo lo que dio lugar a cruces que transformaron en un pandemónium la reunión. La presidenta provisional pedía calma y explicaba que si todos hablaban a la vez no se entendía nada. Los taquígrafos resumieron los tumultos con la frase "contenido no inteligible", pero un senador opositor por Córdoba fue más descriptivo. Lo llamó griterío de tribuna de fútbol. Cabe apuntar que el griterío peronista se produce sólo cuando conduce la sesión la presidenta provisional Abdala de Zamora. Cuando lo hace Cristina Kirchner solo se oye un respetuoso silencio.

Lo preocupante, de todas maneras, no fue el griterío sino una denuncia de la radical mendocina Pamela Verasay. La sesión anterior no había podido conectarse y tuvo que votar por teléfono. Cristina Kirchner le imputó haberse olvidado la clave. Verasay sostuvo lo contrario. La última palabra la tuvieron los empleados de informática de la Cámara. Verasay no podía votar por falta de conexión, pero figuraba dando quórum. Un episodio de gravedad institucional en el que hay que creer a empleados.

Antes de retirarse la oposición sacó de quicio al oficialismo. Recordó entre otros episodios brumosos del oficialismo la tortura, desaparición y muerte de un peón rural en Tucumán y el nombramiento en la inspección de justicia de un apoderado de los Kirchner, famoso por alterar los libros de Hotesur con Liquid Paper.

Hubo peronistas que no se pudieron contener. La tucumana Mirkin se preguntó "cómo los dejamos hablar" y confesó que le hubiese dado un "bollo" a una senadora de la oposición de haber sido la sesión presencial.

Así, con un sistema de escasa transparencia, ánimo beligerante y método militar el oficialismo está pensando en tratar la reforma judicial, crear comisiones investigadoras y debatir asuntos que no son urgentes y pueden esperar a que se restablezca la normalidad. Previsiblemente el conflicto se va a extender y también previsiblemente el Senado sufrirá un nuevo menoscabo, no en su poder, sino en su credibilidad. Un problema más en medio de una crisis en la que lo que menos se necesita es un aumento de la incertidumbre institucional. Es echar leña al fuego en el peor momento, irresponsablemente.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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