Sábado, 04 Julio 2020 21:00

Cambia la dirección del viento para un gobierno sin reacción - Por Sergio Crivelli

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La cuarentena sin horizonte y el colapso económico desgastan la imagen del presidente y hunden las expectativas sobre la salida de la crisis. Política y delito: un arrepentido muerto

 

Las encuestas más recientes registran un giro en la situación de Alberto Fernández. Básicamente una merma en la aprobación de su gestión y un aumento de la inquietud por el desbarajuste económico.

Después de alcanzar un inédito pico de popularidad al inicio de la cuarentena asiste a un cambio de tendencia que, de mantenerse, impactará sobre la gobernabilidad. La primera señal de esto es la preocupación en el oficialismo por los efectos electorales de un colapso de la actividad sin antecedentes.

En abril el PBI tuvo una caída superior a los 26 puntos, 10 más que en marzo de 2002 en plena megacrisis posconvertibilidad. Hay sectores como la construcción y el turismo que cayeron casi el 90%. Una catástrofe que había comenzado en el primer trimestre en el que hubo sólo 10 días de encierro colectivo, pero con una caída de más de 5 puntos del PBI.

Las elecciones de 2021 no están lo suficientemente lejos, ni el nivel de deterioro es tan bajo como para que el proceso se pueda revertir con facilidad antes de la próxima campaña. Por eso las versiones de una eliminación de las PASO.

Lo único positivo para Fernández que muestran los sondeos es que las críticas y la desesperanza crecen fuerte entre votantes opositores, pero menos entre peronistas. De todas maneras, el proceso recién comienza y el gobierno no parece tener respuesta. Por el actual camino sólo resistirán los kirchneristas irreductibles que todavía lo aplauden todas las noches. Si bien representan un porcentaje apreciable del padrón, no alcanzan para ganar las elecciones de medio término.

La inquietud no afecta sólo a la dirigencia oficialista. También las corporaciones no partidarias comenzaron a movilizarse. Los empresarios que habían apoyado masivamente al dúo Fernández-Fernández con la Unión Industrial a la cabeza hablan ahora de la necesidad de un plan económico. Tomaron ya contacto con la cúpula del oficialismo, en particular con voceros de la ex presidenta, porque temen que una nueva polarización reanime a Mauricio Macri. El ex presidente les trae malos recuerdos y tienen una larga historia de intereses comunes con el PJ.

Esta semana los industriales planean presentar un programa al presidente que es el de siempre: crédito barato y con garantía estatal, baja de impuestos y retenciones, ventajas fiscales. Pretenden que el auxilio del Estado los contemple también a ellos, no sólo a los sectores bajos a los que es dirigido el asistencialismo electoral.

Revivieron también la idea del pacto social y desempolvaron a figuras como Duhalde, de Mendiguren y Lavagna. Ese ejercicio arqueológico incluye a Sergio Massa. El problema que enfrenta el “establishment” es doble, político y económico. El político es el avance del cristinismo que quieren amortiguar, porque es pésimo para el clima de negocios. El económico es que el auxilio para volver a producir depende de un estado quebrado y sin acceso al crédito externo. Poner de la propia nunca fue una opción.

A este panorama poco alentador hay que sumar el deterioro de la autoridad del presidente por obra del propio oficialismo y cuya manifestación más obvia son los desplantes de Sergio Berni. Desplantes dramáticos, espectaculares puestas en escena, que no hay manera de disfrazar.

Berni maltrata a la ministra de Seguridad de Alberto Fernández y dice públicamente que su jefa política es Cristina Kirchner. El maltratado es inequívocamente Fernández. A lo que hay que sumar la ofensiva lanzada por CFK contra la oposición que pulveriza la imagen acuerdista y moderada del presidente.

Esa ofensiva tuvo hasta ahora dos características. La primera es la improvisación. Se propuso exponer la “fuga” de dólares de los “amigos” de Macri y terminó exponiendo a conspicuos kirchneristas. Con las denuncias de espionaje terminó organizando un escándalo mediático que incluyó la recusación por parcialidad del juez y la sospecha de una recaída en la persecución de periodistas no adictos.

La segunda característica de la ofensiva es que polariza el escenario político y aísla al presidente que queda fuera de juego. Fernández hace exhibición de chavismo y antimacrismo cada vez que puede, pero nunca le alcanzará porque para ultra está la Cámpora y, además, dice una cosa y después la contraria. No es confiable ni para quienes lo llevaron al poder.

A este paisaje con nubosidad en aumento se sumó ayer otra mala noticia: el asesinato de un ex secretario de Cristina Kirchner que había testificado como arrepentido sobre bolsos y mochilas entregados por José López y Ricardo Jaime a Néstor Kirchner. El juez santacruceño que entiende en la causa no descartó un crimen “pasional”, pero eso no significa un alivio como la hipótesis del “suicidio” de Nisman no lo significó para CFK. En resumen, un futuro desalentador y un pasado lúgubre empiezan a complicar el presente del gobierno.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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