Sábado, 08 Agosto 2020 21:00

Fuego “amigo” contra Horacio Rodríguez Larreta - Por Sergio Berensztein

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La duración de la cuarentena empezó a erosionar la imagen de Alberto Fernández, pero no así la del jefe de Gobierno porteño.

 

Una de las sorpresas en el marco de esta pandemia fue la conformación de una tríada singular: Alberto Fernández – Axel Kicillof – Horacio Rodríguez Larreta. En efecto, los titulares de los poderes ejecutivos de la Nación, la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia han sido los encargados de anunciarnos, en las ya tradicionales conferencias de prensa, las distintas versiones (y sus cambiantes justificaciones) del aislamiento obligatorio que comenzó en marzo.

Los gestos de cooperación y trabajo en equipo, y el reconocimiento por haber adoptado las medidas de prevención a tiempo, permitieron que tanto la imagen del Presidente la Nación como la del Jefe de Gobierno porteño mejorasen considerablemente (no ocurrió lo mismo con el Gobernador bonaerense, probablemente por su perfil más confrontativo y algunos errores comunicacionales de su gobierno, sobre todo por parte de los funcionarios de salud).

Sin embargo, a medida que las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia se hicieron más palpables, la imagen de Alberto Fernández se fue erosionando paulatinamente, luego de experimentar un salto significativo entre marzo y mayo. Tal es así, que en julio volvió a niveles que registraba antes de la pandemia.

Vale la pena resaltar que el presidente había logrado por un par de meses desacoplarse del desgaste que en la opinión pública experimentaba su gobierno. Pero esta brecha efímera terminó cerrándose y el presidente se vio afectado por varias iniciativas de corte radicalizado que, en la práctica, constituyeron groseros errores no forzados. En particular, pero no sólo, los casos Vicentin y Edesur.

En contraste, con Horacio Rodríguez Larreta ocurrió lo contrario. El Jefe de Gobierno logró sostener entre abril y julio una mejora en su imagen que, cómo puede verificarse en el gráfico siguiente, en relación a febrero de este año había aumentado más del 30%. En efecto, gracias a este aparente blindaje se convirtió en el dirigente con mejor imagen del país, superando incluso al propio Alberto Fernández, que ocupaba hasta el mes pasado ese lugar de indudable privilegio.


Esto permite comprender los duros ataques del oficialismo a Horacio Rodríguez Larreta. En rigor de verdad, no son del todo nuevos. Ya en diciembre pasado, Cristina Fernández de Kirchner había apuntado contra la gestión porteña al criticar la cantidad de fondos que recibe por coparticipación: "¿Quién no quisiera vivir en la Capital Federal, donde hasta los helechos tienen luz y agua? Mientras tanto en el conurbano chapotean en el barro".

Esa dura crítica escondía un hecho incómodo para el peronismo: de un distrito en el que nunca logra hacer pie han surgido varios líderes con capacidad de derrotarlo electoralmente, cómo Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. Más aún, otros dirigentes nacionales de gran influencia, cómo Elisa Carrió, consolidó su liderazgo en esta ciudad (originalmente fue electa primero convencional constituyente y luego diputada por Chaco).

En el horizonte, el ahora senador Martín Lousteau se prepara para dar un salto a las grandes ligas, como en su momento hicieron otras dos figuras incómodas para el peronismo como Chacho Álvarez y Graciela Fernández Meijide. Y si bien es cierto que otros dos dirigentes peronistas citadinos, Daniel Scioli y el presidente Fernández, resultaron sumamente competitivos en términos electorales, ese comentario crítico de CFK le permitía empatizar con los gobernadores de su partido que, desde que los Kirchner llegaron al poder en el 2003, han perdido influencia relativa en la política nacional.

Más aún, el propio presidente había ratificado durante los primeros meses de gestión su intención de recortar el porcentaje de recursos de la coparticipación que recibe la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una obvia estrategia para limitar el potencial político y electoral no sólo de Larreta sino de Juntos por el Cambio. La pandemia y la necesidad de cooperación entre oficialismo y oposición postergaron esos planes, pero de ningún modo modificaron esa controversial intención.

Más tarde, ya con el Covid dominando la agenda pública, el más que controversial Ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán (que evidentemente nunca profesó mayor interés por la práctica de un deporte tan popular en el país desde mediados de la década de 1970 como lo es el tenis, gracias sobre todo a la enorme influencia que tuvo Guillermo Vilas), publicó un insólito tweet señalando que la provincia era víctima de los contagios provenientes de la ciudad. Otros intendentes del conurbano se hicieron eco de semejante desatino, sobre todo para oponerse a la flexibilización de la cuarentena y al inevitable aumento de la circulación del virus, aunque la endeblez del argumento y el impresionante aumento de la inseguridad en sus distritos los obligó modificar su discurso.

A pesar de esos antecedentes, llama la atención el grado de sincronización y empeño de las críticas que recibió el Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires durante la última semana: pone de manifiesto que el fortalecimiento de Horacio Rodríguez Larreta incomoda y mucho al Frente de Todos.

En la conferencia de prensa del 31 de julio, el gobernador Kicillof remarcó que en los hospitales de la provincia están atendiendo a adultos mayores que no tienen lugar en la Ciudad, lo cual es por lo menos sesgado o incluso auto crítico ya que el PAMI (la obra social de jubilados y pensionados que depende del gobierno nacional) es la responsable de la atención de este segmento de la población.

En este contexto, el pasado miércoles el mismo Presidente se sumó a esta polémica durante un acto que encabezó (de manera virtual) en el Hospital Bicentenario de Ituzaingó. "Los adultos mayores hoy se enferman de Covid en la Ciudad y vienen a atenderse a la Provincia porque en la Ciudad no tienen lugar ", dijo Alberto Fernández. Recordemos que días atrás el Presidente había señalado que Rodríguez Larreta era su “amigo” y en efecto fuentes cercana a ambos líderes afirman que han desarrollado un vínculo de confianza mutua y que se comunican casi constantemente para coordinar acciones en el marco de la pandemia o incluso por consultas en relación el acuerdo con los bonistas privados.

Como era de esperar, también la Vicepresidenta se sumó a esta nueva ola crítica contra el Jefe de Gobierno. En su caso le apuntó por el accionar de la Policía durante una marcha por Santiago Maldonado y Facundo Astudillo Castro (aunque la desaparición del joven de Bahía Blanca es un tema bastante incómodo para el oficialismo).

Por el momento, Horacio Rodríguez Larreta ha decidido evitar la confrontación directa, dejando que interlocutores calificados (como el Ministro de Salud Fernán Quirós, una figura ascendiente en su gobierno) responda esos a agravios con informaciones, argumentos pausados y sin entrar en polémicas. No hay duda de que esto puede afectar en alguna medida a su imagen, sobre todo en el electorado moderado del FDT en el que Larreta tiene una buena imagen.

Sin embargo, paradójicamente, esos ataques también pueden implicar una “buena noticia”, pues tienden a aplacar los cuestionamientos que existen desde el interior de Juntos por el Cambio, fundamentalmente en los segmentos más ideologizados, sobre todo por su la cooperación con el gobierno nacional, en particular por las supuestas limitaciones a las libertades individuales por las medidas preventivas incluidas en la cuarentena.

Así, los “halcones” de la coalición (y desde fuera de ella los grupos libertarios) criticaban a Rodríguez Larreta por su perfil moderado y dialoguista. Eso explica el retorno de Lilita Carrió a la arena política, defendiendo con contundencia a Larreta y criticando al gobierno por implementar una suerte de Estado de sitio: sabe que es fundamental evitar cualquier pérdida de apoyo del electorado de centro derecha, que puede ser atraído por figuras ideológicamente más consistentes como López Murphy, Espert o Gómez Centurión. Aunque parezca mentira, las elecciones del año próximo ya están influenciando las tácticas y comportamientos de la clase dirigente.

De este modo, este fuego cruzado le permite al Jefe de Gobierno, sin siquiera prestarse a la confrontación, posicionarse como el principal líder de oposición. Falta demasiado tiempo para las elecciones del 2023 y es imposible aventurar quiénes serán sus protagonistas, pero con Mauricio Macri de vacaciones en Saint Tropez y con un radicalismo que todavía tiene dificultades para instalar figuras nacionales que disputen una candidatura presidencial, de a poco la figura de Rodríguez Larreta se va consolidando como una opción de indudable potencial. Tal vez por eso, Cristina prefirió terminar la semana poniendo su mira en Macri y acusándolo de ser beneficiado por la impunidad judicial. Si eso fuera cierto, tal vez podría haber en ella una pizca de envidia.


Sergio Berensztein

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