Martes, 15 Septiembre 2020 12:02

Larreta y Macri, el vínculo que obsesiona al Gobierno - Por Silvio Santamarina

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El anuncio presidencial contra la Ciudad recalienta la relación entre el alcalde porteño y el expresidente, y acelera el ritmo electoral.

Ya se ha dicho suficiente sobre la ruptura del deteriorado vínculo entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta. Pero la relación que en verdad importa a esta altura del año político es la que une y desune a Mauricio Macri con el Jefe de Gobierno porteño. De ese vínculo depende el futuro de la oposición, y esa importancia explica el volumen creciente de los agravios lanzados desde la Quinta de Olivos por encima de la General Paz.

Desde el principio de la cuarentena, la puesta en escena de los anuncios presidenciales que mostraba a Alberto Fernández pegado a Larreta buscaba forzar el quiebre de la alianza entre el alcalde de la Ciudad y el resto de Juntos por el Cambio. Hay que recordar las escenas incómodas en las que Axel Kicillof y el Presidente criticaban al macrismo duro y blando delante de un amordazado Larreta, que ponía cara de póker ante las cámaras de la cadena nacional sanitaria.

Esa estrategia de tomar rehenes opositores en los anuncios televisados desde Olivos se repitió la semana pasada, cuando Alberto Fernández decretó la quita de fondos a la Ciudad, con varios intendentes de Juntos por el Cambio en la platea, tomados de sorpresa por la picardía K. Forzado por las circunstancias, Larreta se vio empujado a responder a la jugada kirchnerista con su propia puesta en escena, que muchos evaluaron como un gesto presidencialista de cara al 2023. De eso podría deducirse -como se dijo- que al Gobierno le salió el tiro por la culata. Pero también cabe otra lectura de esta carambola de Alberto y Cristina Fernández contra el posmacrismo.

La primera pregunta es si realmente a Larreta le conviene quedar expuesto desde tan temprano como candidato presidencial de una oposición que todavía no está para nada aglutinada. La historia electoral argentina enseña que puede ser contraproducente el desgaste que sufre una candidatura precoz, mucho más ante la erosión sin precedentes que plantea en todo el planeta la anormalidad de la pandemia.

De hecho, esta especie de precandidatura larretista ya se topó con el principal escollo que deberá sortear para llegar a destino: el rol de Mauricio Macri, un tapón tan molesto para la reconstrucción del espacio opositor actual como lo fue Cristina Kirchner para el peronismo en el llano. Justo en el fin de semana en que la prensa debía dedicarle toda su atención al naciente perfil combativo de Larreta, apareció de modo nada inocente el primer mensaje con tufillo electoralista firmado por Macri desde que perdió el sillón de Rivadavia. Aunque ya había aparecido en otras oportunidades, a esta aparición le dio un tono de intervención inaugural de una nueva temporada política.

Para que no quedaran dudas, Macri presentó su manifiesto con un tuit dominguero que comienza con una idea clara: “Rompo el silencio”, dice. Y de esas tres palabritas, no hay que quedarse con el “silencio”, sino con el otro concepto: “rompo”. Macri rompe oficialmente con el Gobierno, como le pide una parte de su electorado todavía fiel, y del electorado que amenaza con abandonar definitivamente el espacio PRO, atraído por ofertas más hacia la derecha, que vociferan mejor la furia contenida en un año de derrota electoral a manos de Cristina, agravado por el encierro encarnado en el discurso cuarentenista oficial.

Pero Macri también rompe con el incipiente consenso hacia adentro de Juntos por el Cambio que favorecería la postura dialoguista de las palomas opositoras, que se juntan a conversar con Alberto Fernández, con la esperanza candorosa de que pueden pactar gobernabilidad con el Presidente a espaldas de la Jefa del Frente de Todos. Los pasos que viene dando Alberto Fernández parecen darle la razón a Macri más que a la oposición amigable. Y en el centro de ese escenario dilemático, Larreta intenta crecer políticamente, alentado por encuestas que le siguen dando buenas noticias. Pero el 2023 queda muy lejos, y en el camino habrá que sobrevivir al espejismo de los amigos que parecen enemigos y viceversa. Ese juego de tramposas apariencias acaba de empezar.

Silvio Santamarina
Columnista de Noticias y Radio Perfil

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