Martes, 15 Septiembre 2020 12:07

Larreta vs. Macri: la batalla de Cambiemos por la herencia - Por Fernando González

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El jefe de gobierno porteño y el ex presidente iniciaron una pulseada por el liderazgo opositor.

Nadie entrega el tesoro de su propiedad. Y menos cuando se trata del poder. En 1987, los periodistas Alfredo Leuco y José Antonio Díaz escribieron un ensayo muy atractivo titulado “Los herederos de Alfonsín”. Cuando ya habían pasado cuatro años de su mandato, los autores evaluaban a los dirigentes Federico Storani, Enrique “Coti” Nosiglia, Luis “Changui” Cáceres y Leopoldo Moreau como sus posibles herederos políticos. La historia demostró que Raúl Alfonsín no le allanó el camino a ninguno de ellos para convertirlo en su sucesor y que, por la falta de renovación generacional, la UCR debió esperar hasta el final del siglo para tener otro presidente. El fracaso de Fernando De la Rúa alejó a los radicales de la Casa Rosada hasta hoy.

Claro que la saga de los líderes que no dejan crecer el pasto en sus espacios políticos no fue exclusiva del radicalismo. Perón dio la primera señal cuando advirtió que su único heredero era el pueblo, pero ningún otro dirigente. Carlos Menem hizo todo lo posible para evitar que Eduardo Duhalde fuera presidente, y lo logró. El dirigente de Lomas de Zamora sólo pudo hacerlo por acuerdo parlamentario después de la crisis de 2001.

Algo parecido le sucedió a Daniel Scioli con Cristina Kirchner. Fue el candidato del kirchnerismo, pero jamás fue el favorito de quien hoy es la Vicepresidenta. Alberto Fernández es el último experimento del laboratorio K y, a juzgar por las evidencias de los primeros nueve meses, ninguna señal indica que pueda parecerse siquiera de lejos a un heredero de Cristina.

La clásica discusión entre líder fundacional y heredero a la vista aparece ahora en Juntos por el Cambio. Cuarenta y ocho horas después de que Horacio Rodríguez Larreta pronunciara su primer discurso de estatura nacional, anunciando que iba a la Corte Suprema contra el Gobierno por la quita de fondos para frenar la crisis con la Policía Bonaerense, Mauricio Macri dio a conocer una carta para reivindicar su lugar en la primera línea del escenario opositor. Los politólogos lo denominan superposición de expectativas por el liderazgo del espacio. En el barrio simplemente se lo llama pelea. Una disputa de cartel que preanuncia una batalla extensa y agotadora.

Horacio y Mauricio tienen abogados. Y cada uno defiende sus derechos a encabezar un ejército que trata de recomponer las líneas después de la derrota inapelable que los desalojó de la Casa Rosada hace sólo diez meses. El alegato de Rodríguez Larreta se sostiene en las estadísticas. Recuerdan que ganó con amplitud, reteniendo el gobierno de la Ciudad sin tener que ir al ballotage. Y que Macri perdió la elección nacional. Así justifican que le corresponde pasar a ser el heredero.

Además, muestran el argumento del armado político sólido de Larreta. El acompañamiento de Diego Santilli y la aparición estelar a partir de la pandemia de Fernán Quirós en la Ciudad. Su nexo histórico con María Eugenia Vidal en la Provincia. El respaldo de Cristián Ritondo y Álvaro González en el Congreso. Y las alianzas firmes que estableció con el senador radical Martín Lousteau y con la Coalición Cívica. En la TV o en las redes, Elisa Carrió lo respaldó públicamente cada vez que lo criticaron por sus apariciones junto a Alberto Fernández.

Después de un final de gestión decepcionante, que incluyó dos años de recesión, tres devaluaciones y el auxilio de ese prestamista en desgracia que es el FMI, Macri intenta revalidar sus credenciales. Sus abogados destacan que fue el fundador del PRO, su administración de ocho años en la Ciudad y el 40% que obtuvo finalmente en la elección presidencial en esas condiciones adversas. Lo acompaña también una legión de tuiteros, que ensalzan cada una de sus apariciones y que critican a Larreta con una ferocidad que supera incluso a la del kirchnerismo duro.

Los dirigentes más cercanos a Macri hoy son Miguel Ángel Pichetto, quien fue su compañero de fórmula en la derrota y que intenta armar un espacio peronista dentro de Juntos por el Cambio. Y la ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, bien ubicada en las encuestas y quien aprovechó mejor que el resto su presencia en la marcha del 17 de agosto. En el círculo íntimo del ex presidente, los ex funcionarios Hernán Lombardi y Fernando De Andreis son a quienes más consulta y quienes participaron de la carta con críticas al Gobierno que publicó en el diario La Nación. Un regreso que activó las alarmas del circuito sensible de la oposición y que celebró todo el Gobierno.

Si alguno creía que Macri iba a sembrar de rosas el camino de Rodríguez Larreta o de cualquier otro candidato a sucederlo se equivoca. El ex presidente no se conforma con la tenue celebridad de su cargo en la FIFA y se reúne con dirigentes e intelectuales para dejar en claro que quiere seguir participando del juego del poder. En el fin de semana, por ejemplo, recibió en su quinta “Los Abrojos” a un grupo de bonaerenses donde sobresalía el intendente de Pinamar, Martín Yeza. No fue el primer encuentro político ni será el último.

Más allá de las tensiones y cortocircuitos que se van a suceder en los tiempos que vienen, Larreta y Macri saben que Juntos por el Cambio no tendrá chance alguna de recuperar el poder si ellos no encuentran algún punto de coincidencia. Quizás por eso, el ex presidente elogió al jefe de gobierno porteño en el zoom semanal de quienes conducen la coalición opositora. “Horacio nos dejó bien parados a todos”, concedió Mauricio a través de su laptop. Algunos se permitieron respirar.

La pulseada por la herencia opositora será el gran desafío de quienes malgastaron durante cuatro años la oportunidad perdida. Las apariciones de Macri no han mostrado hasta ahora el destello de la autocrítica. Y en las especulaciones se menciona seguido la posibilidad de una candidatura a legislador en el 2021, que le otorgue fueros parlamentarios y lo ponga a salvo de las causas judiciales que el kirchnerismo empuja con fervor.

Larreta por ahora tiene trabajo suficiente con la intensidad de la gestión porteña, con la construcción de una épica que hoy todavía no aparece y con la ofensiva del Gobierno sobre las finanzas seductoras de la ciudad opulenta.

Fernando González

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